30/4/11

No jodas, abril, te llevaste a Sábato

“Yo escribo porque si no me hubiera muerto, para buscar el sentimiento de la existencia”.
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“Extraviado en un mundo de túneles y pasillos, el hombre tiembla ante la imposibilidad de toda meta y el fracaso de todo encuentro”.
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Ernesto Sábato (Buenos Aires, 1911-2011)

19/4/11

En el último lugar del mundo

Me sobra el sol del campo
me sobra la luna desnuda
me sobra el deseo
me sobra el manantial
y mi libro de Neruda
si no tengo tus labios
para sentirlos
me sobra todo…
Me sobran motivos tristes
me sobran canciones de melancolía
me sobra un día de cada semana
y sobro yo…
si hago que una lagrima sobre
y salga de tus ojos

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En el último lugar del mundo
luego de la cordillera
escondería las palabras
mis poemas si te fueras
En el último lugar del mundo
en cada pedazo de tierra
esparciría yo mi llanto
para que hallaras mi huella

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Me sobra el paisaje
me sobran los viajes de ida y volver
me sobra el aire
me sobran los ojos
y el poco sentido que le doy a la vida
si tu no la vives solo conmigo…

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(Ricardo Montaner)

14/4/11

"El reino de este mundo" (Alejo Carpentier)

"...agobiado de penas y de tareas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre sólo puede hallar su grandeza, su máxima medida en el Reino de este Mundo."

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Publicada en 1949 por el escritor cubano Alejo Carpentier, el primer contacto con la obra es un prólogo del autor en el que describe su descubrimiento de lo real maravilloso en América a partir del viaje que realizara a Haití en el año 1943. El reino de este mundo no es más, precisamente, que la historia de Haití – entre 1750 y 1830- narrada a través de la vida del esclavo negro Ti Noel y basada en hechos que tendrán como figura central un personaje llamado Mackandal y su sucesor, Bouckman.

En una lectura ágil, de lenguaje actualizado y al mismo tiempo de época, Carpentier nos narra cómo la vida en la ciudad de Cabo Francés, al norte de la colonia francesa de Saint Domingue, es alterada por los planes de alzamiento del manco Mackandal, quien, según la historia, logra escapar de su ejecución en el fuego convirtiéndose en animal y, de paso, en fuente de inspiración de los negros esclavos.

Ti Noel participaba de las rebeliones –envenenamiento de animales y luego de personas- a escondidas porque siempre estuvo fascinado con Mackandal y por ello apoya al jamaiquino Bouckman, que continúa la incitación de Mackandal basado en las historias que llegaban de Francia sobre el fin de la esclavitud.

Pero con la revolución también llegó otra vida, la impuesta por Henri Christophe, primer rey negro del naciente país, que para Ti Noel no fue menos cruel ni humillante que la misma esclavitud impuesta por los blancos y cuya grandeza, reflejada en la fortaleza de La Citadelle y del palacio de Sans Soucí –en cuyas obras fue obligado a trabajar Ti Noel pese a ser muy anciano-, confirman el deseo del rey de restablecer una corte napoleónica en un reino que distaba mucho del estilo europeo que intentaba homologar.

La frase que da vida al título de la obra la encontramos en los párrafos finales, cuando Ti Noel comprende que “en el reino de los cielos no hay grandeza que conquistar, puesto que allá todo es jerarquía establecida, incógnita despejada, existir sin término, imposibilidad de sacrificio, reposo y deleite. Por ello, agobiado de penas y de tareas, hermoso dentro de su miseria, capaz de amar en medio de las plagas, el hombre sólo puede hallar su grandeza, su máxima medida en el Reino de este Mundo”.

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Yalo
Literatura del Caribe Hispánico
Maestría en Lengua y Literatura (UASD)
Práctica para el profesor Eulogio Javier
2008

13/4/11

¡Soy una novela! Aaaaggghhh...

¡Nooooo! Qué horror. Hace unos segundos entré a ver las novedades de Alfaguara
y me topé con que soy una novela de Elias Khoury. Ya me cae mal este escritor. Lo estoy investigando en estos momentos. Ah, bueno, esto dice Wiki sobre él: Elias Khoury (transcripción más habitual del árabe الياس خوري Ilyās Jūrī) es un escritor, dramaturgo y crítico literario libanés, nacido en Beirut en 1948. Es uno de los escritores árabes más conocidos, tanto dentro del mundo árabe como fuera de él.
El libro, publicado originalmente en 2009 (en 2011 por Alfaguara), ha sido traducido del árabe por Jaume Ferrer Carmona. Mierda, hasta la tipografía es la misma que uso para escribir mi nombre en algunas fotos. Comencé a leer los primeros párrafos, llenos de Yalo (el protagonista), y pensé que me desnudaban, que me violaban, qué sé yo. ¿No pudo escoger otro nombre, el tipo, más lindo, más bucólico? Nooo, tuvo que ser Yalo.
Sólo espero que la historia tenga un lindo final...

6/4/11

Yo te conozco, sé lo que piensas (2)

Emperatriz se puso boba al verte. “Tienes el don de fascinar y de volver idiota a la gente”, te dijo al acercarse y pedirte un autógrafo. Tú sonreíste. Siempre sonríes. En la noche, a punto de quedar rendido, pensaste que no debiste reír. Acostumbrado a complacer a todo el mundo, no reparaste en que no fue un piropo lo que dijo la chica. Que no es ningún don “volver idiota” a la gente. Que prefieres ser amado y admirado con razón y alevosía y no con ese romanticismo enfermizo que embelesa y enturbia la mente. Los que así aman se arriesgan a ser víctimas del único verbo que no debe formar parte de ninguna relación: sufrir. Acomodaste el cuerpo entre el colchón y las sábanas, cerraste los ojos y te dijiste: “No sé quién era, sería un alivio saber que nunca la volveré a ver”.

5/4/11

Los personajes y yo (Leer y pensar 2)

I think about you so much, that I don’t have time for anything else!
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Tengo esa frase grabada por ahí, en alguna tarjeta adolescente. La conservo porque de chica me gustaba imaginarme cómo sería pensar tanto en alguien que no tuviera chance de pensar en otra cosa. ¿Sería eso posible? Jugué con ella, con la frase. Mis amados eran los personajes de los libros y paquitos que leía.
Mis favoritos, según avanzaba en mis lecturas, fueron el sacerdote Desmonde, el protagonista de El joven trovador de A. J. Conin, y John Barry, el inglés rubio del paquito Samurai. Del primerito que me enamoré, sin embargo, fue de Pedro, el pastor amigo de Heidi. Me lo imaginaba mirándome, saltando ambos entre florecillas silvestres con el fondo verde de los Alpes suizos, dejándonos acariciar por el viento, prefiriéndome a mí y no a ella. Luego me asfixié de Henri Christophe, el personaje de Fuego, no del verdadero primer presidente de Haití. También llegó a gustarme Kalimán, que me salvaba de bárbaros y tipos malos y me alzaba con sus musculosos brazos dibujados. En una de las historias, Kalimán se desprendía de su cuerpo, y su alma (su cuerpo transparente, según los dibujos de Editora Cinco) vagaba por todas partes mientras investigaba a los malos. Entonces me imaginaba que en una de sus rondas me visitaba a mí, entraba por las ventanas abiertas de mi cuarto y dormía unos minutos a mi lado, antes de seguir vagando.
Lo de Desmonde era más profundo. Me atraía el chico de voz angelical que sacrificó el sacerdocio por la pasión que le inspiraba una mujer. (Suspiros).
Con los personajes me casaba, tenía hijos, me divorciaba, peleaba, me reconciliaba, viajaba. Las despedidas eran tristísimas; los besos apasionados o muy tiernos; los encuentros, dramáticos en extremo…
A Desmonde lo sustituyó un chico del colegio cuyo rostro se me resistía a ser pensado y luego hubo un tiempo en que ni personajes ni tipos reales ocupaban mi mente, no al punto de llegar al grado de la frase. Hace unos años creí vivirla cabal y literalmente. Con alguien de carne y hueso. Pensaba en él todo el tiempo, a todas horas, incluso durmiendo. Sufría los encuentros, pero disfrutaba pensar los encuentros. De hecho, me pasaba el día deseando que llegara la hora de dormir, el momento exacto en el que la cabeza, depositaba sobre la cama (no uso almohadas), tenía licencia para pensar, tocar, desear, revivir. Qué obsesión. Qué desastre. ¡Realmente no tenía tiempo para pensar en nada más! Cuando el idilio terminó me prometí no volver a revivir la frase. Pero no lo juré, sólo lo prometí. Debí jurarlo. Porque ahora sé que la frase escondía un grado supremo. El rostro que ahora la ocupa es personaje y es persona. Es la suma perfecta de todos los personajes leídos, de todas las personalidades deseadas. Lamentablemente es más persona que personaje. Un engendro tan perfecto que, pensar tanto en él, en lugar de provocar suspiros, duele… Un niño malcriado que parece regodearse en otra frase macabra e insolente: “Pensarme puedes, pero tocarme no…”
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P.D. Me duele tanto pensar en ti, que no quiero que llegue la noche…

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Leer y pensar (1)