Por Jhonatan Liriano
Columna Paquito, Listín Diario
Las buenas noticias abundan. Lo que sucede es que nos la pasamos distraídos, desconectados del canal que las transmite. Las primeras aparecen montadas sobre un sol amable. Son pedazos de nube incrustados en la mansedumbre del azul claro del cielo.
Vienen redactadas en un aire todavía limpio y fresco, que se vuelve friíto cuando llega diciembre. A pesar de salir publicadas cada mañana, son tan actuales y necesarias como el saludo de los
buenos días. Nadie se atreve a llamarlas fiambre, ni siquiera los que alardean de pesimistas.
El precio del petróleo, los legendarios apagones, la necedad de los parasitarios partidos políticos y hasta la menstruación, intentan someterlas a censura, pero no lo consiguen. Las buenas noticias son tantas que sería imposible elaborar un discurso presidencial de fin de año, un decreto o una medida de Interior y Policía que las coarte.
De repente te invaden la tarde del sábado, sagrada hasta para los no judíos -por eso de la esclavitud laboral- y se visten de puesta de sol, de recorrido por el barrio o de comedera de gallina. En ciertas ocasiones te llevan de regreso a la casa de los viejos, para supervisar la sazón de sus calderos. Aunque debo confesarte que a veces me distraigo y no consigo leerlas.
Fijo la vista en cosas muertas, decoradas de vanidades. Dejo que los tapones y el humo de las agresivas calles de la capital se apoderen de toda mi atención. Los choferes arrancan de mí las peores maldiciones, el hundimiento de la isla.
En esos días, cuando llego al trabajo, me detengo a padecer y a memorizar las peores malas noticias, como un masoquista cualquiera. Hace poco estuve en esa situación, sufriendo las mañanas, desperdiciando las tardes, mal durmiendo las
noches... hasta que llegaste tú: mi buena noticia. La mejor de los últimos meses, la excusa perfecta para tomar café.
He aprendido tanto de ti que las cosas que conversamos ya ni las pienso, las sueño. Me haces bien hasta tal punto que quisiera romper las estúpidas formalidades para abrazarte como un loco, y teñirme con tu espíritu bondadoso.
El otro día, mientras comíamos, sentí que conocerte no había sido una coincidencia, sino un reencuentro. Contigo aprendo a ver el mundo como lo ven tus ojos.
Tú nunca pusiste condiciones a mis pies pequeños. Caminamos juntos.
Hoy me detengo a celebrar tu existencia, la misma que me ayuda a recordar que en este mundo quedan innumerables maravillas por conocer y muchos amigos por abrazar. Te quiero.
15/12/08
14/9/08
Que Dios te dé un buen hombre
Tras un favor pequeñito, pequeñito pero grande para él, sonrió sinceramente y dijo: “Gracias, mi hija, que Dios te dé un buen hombre”. Y Yalo repitió y pensó: un buen hombre. No un carro, ni una mansión en La Romana, ni una cena con Johnny Depp, ni una semana en el pico Duarte, ni una tarde de nada en la Zona Colonial, ni una biblioteca CON cien mil ejemplares, ni un hijo responsable, ni un invernadero, ni una finca de framboyanes... Sólo un buen hombre. Un buen hombre. ¿Será que es muy difícil de conseguir?
8/7/08
Tonta (Maribel de los Santos)
A Gabriela Read
Se cree desierta la división de tus ojos.
Presume que es el estrago de una colmena mal hecha tu cabello.
Tus manos se piensan insuficientes y áridas.
Voy al ritmo de torpes pasos, piensas, pasos torpes.
Tonta, no te creas tan escéptica que no lo eres.
Te sientas en una nube grisásea, apilando errores.
Te piensas desesperanza y esclavitud.
Cómo pretendes empezar a contar la arena?
De verdad crees que no te mereces?
Tonta, no te creas tan cínica que no lo eres.
La inocencia de tus favores te delata.
Siendo cuidadosa al hablar para no parecer tan superior.
Y nos acoges en tu universo privado y altísimo...
Bebes del veneno ajeno y no importa.
Tonta, no te creas tan mierda que no lo eres.
Se cree desierta la división de tus ojos.
Presume que es el estrago de una colmena mal hecha tu cabello.
Tus manos se piensan insuficientes y áridas.
Voy al ritmo de torpes pasos, piensas, pasos torpes.
Tonta, no te creas tan escéptica que no lo eres.
Te sientas en una nube grisásea, apilando errores.
Te piensas desesperanza y esclavitud.
Cómo pretendes empezar a contar la arena?
De verdad crees que no te mereces?
Tonta, no te creas tan cínica que no lo eres.
La inocencia de tus favores te delata.
Siendo cuidadosa al hablar para no parecer tan superior.
Y nos acoges en tu universo privado y altísimo...
Bebes del veneno ajeno y no importa.
Tonta, no te creas tan mierda que no lo eres.
7/7/08
“Me alimento bien, disfruto la vida y no leo tanto”
Últimamente me duele mucho la cabeza. Como sé lo que todos me dirán si me quejo (que vaya al médico), sólo pido una pastilla cuando el dolor es insoportable. Hace unos segundos se la pedí a Yolan, y su respuesta me hizo pensar, por primera vez, que a lo mejor mi hermana no es tan… tan… tan… tan boba como creía.
Me dijo que a ella sólo le duele la cabeza cuando le llegará la menstruación. Nunca más. ¿El motivo? “Me alimento bien, disfruto la vida y no leo tanto”, dijo. Corrí a escribirlo para que no se me olvidara. Ahora me levantaré y le preguntaré qué me habrá querido decir…
Me dijo que a ella sólo le duele la cabeza cuando le llegará la menstruación. Nunca más. ¿El motivo? “Me alimento bien, disfruto la vida y no leo tanto”, dijo. Corrí a escribirlo para que no se me olvidara. Ahora me levantaré y le preguntaré qué me habrá querido decir…
10/5/08
Gabo del alma
Publicado por
Yalo
Etiquetas:
Feria del Libro Santo Domingo 2008,
Gabo del alma,
Gabriel García Márquez
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