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"El único ejército que mata a sus heridos se llama la Iglesia. En una guerra, cuando hieren a un soldado lo cuidan, lo protegen. Pero ¿qué hacemos nosotros? Lo echamos fuera, lo criticamos, lo expulsamos, lo maldecimos".
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Entrevista publicada en La Vida, Listín Diario
26/3/10
12/3/10
Parece que sólo las mujeres se interesan por los temas de género
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A propósito de Perdió el tiempo en la ONU (almuerzo de Elpaís.es con Waris Dirie)
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Yaniris López
Marzo, 2010. Participar en la 54 sesión de la Comisión para el Estatus de la Mujer de las Naciones Unidas (CSW) tenía un gran significado para mí, poca seguidora de los temas de género. Me imaginaba grandes debates alrededor de los derechos de la mujer por todo New York, anuncios en la TV, caminatas, grupos que se manifestaban con pancartas…
Lamentablemente, la invitación de Plan Internacional me sirvió para confirmar una teoría personal que sostengo desde hace años sobre el poco interés que suscitan estos temas en la agenda mundial. Confirmé que los derechos de la mujer sólo les interesan a las mujeres. Que los debates son los mismos cada año. Que los avances ocurren a cuentagotas y no como las mujeres esperan, pese a todos los esfuerzos que hacen para lograrlos. Y todo porque las estadísticas, los mismos avances, los retos y las peticiones del mundo femenino sólo son escuchadas, seguidas y trabajadas por las mujeres.
En la actividad principal de Plan, la presentación del informe Porque soy una Niña 2009, sólo participaron seis hombres, en una sala repleta de mujeres adultas y pocas adolescentes, que resultaron ser voluntarias de varias ONG. En las demás actividades de la CSW, todos los participantes, hombres y mujeres, parecían estar vinculados a instituciones que trabajan con y para mujeres. No había un público espontáneo, interesado en los temas porque sí.
Debe ser que el objetivo no está bien enfocado. La CSW debe servir para llamar la atención mundial sobre el estatus de la mujer, no simplemente para que los representantes de género de los países agoten cinco miserables minutos frente a una audiencia que los entiende, que comparte sus criterios, pero que no tiene en sus manos la solución a estos problemas. Llamamos la atención frente a las mismas personas y organismos cada año a través de congresos y conferencias, presentamos informes, analizamos las estadísticas, alertamos sobre la situación de la mujer en el mundo, pero ¿quién nos escucha?, ¿quién responde?, ¿a quiénes, realmente, les estamos enviando el mensaje?
De la experiencia valoré, sin embargo, el entusiasmo de las mujeres del mundo, sus esperanzas en una lucha que les toma todo el tiempo. Tras ocho horas de dura espera, de pie, en los pasillos de las Naciones Unidas, en busca de la acreditación necesaria para participar en los paneles y sesiones, compartí con mujeres de más de 10 países. Mientras África celebra el avance en derechos considerados básicos, elementales, Europa se queja del limbo en el que permanecen las reformas que finalmente sentarían las bases para la deseada igualdad. Un detalle compartieron todas: la desorganización que reinó en la ONU durante la CWS, las pocas atenciones brindadas en la sede del organismo que representa el poder político del mundo, el que sí puede hacer que los avances fluyan. “Nos lo hacen porque somos mujeres”, decían, “porque somos pacíficas, porque no nos quejamos”. Qué sensación tan desalentadora vivimos todas. Se supone que así deben promoverse los cambios: de manera pacífica. ¿O no?
A propósito de Perdió el tiempo en la ONU (almuerzo de Elpaís.es con Waris Dirie)
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Yaniris López
Marzo, 2010. Participar en la 54 sesión de la Comisión para el Estatus de la Mujer de las Naciones Unidas (CSW) tenía un gran significado para mí, poca seguidora de los temas de género. Me imaginaba grandes debates alrededor de los derechos de la mujer por todo New York, anuncios en la TV, caminatas, grupos que se manifestaban con pancartas…
Lamentablemente, la invitación de Plan Internacional me sirvió para confirmar una teoría personal que sostengo desde hace años sobre el poco interés que suscitan estos temas en la agenda mundial. Confirmé que los derechos de la mujer sólo les interesan a las mujeres. Que los debates son los mismos cada año. Que los avances ocurren a cuentagotas y no como las mujeres esperan, pese a todos los esfuerzos que hacen para lograrlos. Y todo porque las estadísticas, los mismos avances, los retos y las peticiones del mundo femenino sólo son escuchadas, seguidas y trabajadas por las mujeres.
En la actividad principal de Plan, la presentación del informe Porque soy una Niña 2009, sólo participaron seis hombres, en una sala repleta de mujeres adultas y pocas adolescentes, que resultaron ser voluntarias de varias ONG. En las demás actividades de la CSW, todos los participantes, hombres y mujeres, parecían estar vinculados a instituciones que trabajan con y para mujeres. No había un público espontáneo, interesado en los temas porque sí.
Debe ser que el objetivo no está bien enfocado. La CSW debe servir para llamar la atención mundial sobre el estatus de la mujer, no simplemente para que los representantes de género de los países agoten cinco miserables minutos frente a una audiencia que los entiende, que comparte sus criterios, pero que no tiene en sus manos la solución a estos problemas. Llamamos la atención frente a las mismas personas y organismos cada año a través de congresos y conferencias, presentamos informes, analizamos las estadísticas, alertamos sobre la situación de la mujer en el mundo, pero ¿quién nos escucha?, ¿quién responde?, ¿a quiénes, realmente, les estamos enviando el mensaje?
De la experiencia valoré, sin embargo, el entusiasmo de las mujeres del mundo, sus esperanzas en una lucha que les toma todo el tiempo. Tras ocho horas de dura espera, de pie, en los pasillos de las Naciones Unidas, en busca de la acreditación necesaria para participar en los paneles y sesiones, compartí con mujeres de más de 10 países. Mientras África celebra el avance en derechos considerados básicos, elementales, Europa se queja del limbo en el que permanecen las reformas que finalmente sentarían las bases para la deseada igualdad. Un detalle compartieron todas: la desorganización que reinó en la ONU durante la CWS, las pocas atenciones brindadas en la sede del organismo que representa el poder político del mundo, el que sí puede hacer que los avances fluyan. “Nos lo hacen porque somos mujeres”, decían, “porque somos pacíficas, porque no nos quejamos”. Qué sensación tan desalentadora vivimos todas. Se supone que así deben promoverse los cambios: de manera pacífica. ¿O no?
12/2/10
Adiós (Carilda Oliver, cubana)
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Adiós, locura de mis treinta años,
besado en julio bajo la luna llena
al tiempo de la herida y la azucena.
Adiós, mi venda de taparme daños.
Adiós, mi excusa, mi desorden bello,
mi alarma tierna, mi ignorante fruta:
estrella transitoria que se enluta,
esperanza de todo por mi cuello.
Adiós, muchacho de la cita corta;
adiós, pequeña ayuda de mi aorta,
tristísimo juguete violentado.
Adiós, verde placer, falso delito;
adiós, sin una queja, sin un grito.
Adiós, mi sueño nunca abandonado.
Adiós, locura de mis treinta años,
besado en julio bajo la luna llena
al tiempo de la herida y la azucena.
Adiós, mi venda de taparme daños.
Adiós, mi excusa, mi desorden bello,
mi alarma tierna, mi ignorante fruta:
estrella transitoria que se enluta,
esperanza de todo por mi cuello.
Adiós, muchacho de la cita corta;
adiós, pequeña ayuda de mi aorta,
tristísimo juguete violentado.
Adiós, verde placer, falso delito;
adiós, sin una queja, sin un grito.
Adiós, mi sueño nunca abandonado.
4/2/10
Otra de Oscar (¡ja, ja, ja!)
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Mi vecinito Oscar (ya tiene ocho años) tenía una tarea atrasada: dibujar la bandera dominicana. Y allí estábamos, cartulinas y lápices de colores en manos, tirados en el piso de mi habitación mientras Joshua (mi sobrinito, 4 años) miraba muñequitos. En un extremo de la cartulina le aconsejamos a Oscar colocar su nombre y curso bien claritos, para que la profe viera que esa bandera hermosa la había hecho él y no otro, pero Oscar no recordaba sus apellidos. Ninguno: ni el primero ni el segundo. Denís (mi hermana) para animarlo le dice que Joshua es más chiquito y se los sabe de memoria, y para muestra le pide a Joshua que se los diga y venga, que Joshua recitó sus dos nombres y dos apellidos perfectamente perfecto y Denís le dice a Oscar que así debía hacerlo él y con más fe, porque era mayor. Y ¿saben lo que Oscar respondió?
--Yo no me acuerdo de mis apellidos porque tengo mucho que no los digo.
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Eso e' to' lo' día...
Mi vecinito Oscar (ya tiene ocho años) tenía una tarea atrasada: dibujar la bandera dominicana. Y allí estábamos, cartulinas y lápices de colores en manos, tirados en el piso de mi habitación mientras Joshua (mi sobrinito, 4 años) miraba muñequitos. En un extremo de la cartulina le aconsejamos a Oscar colocar su nombre y curso bien claritos, para que la profe viera que esa bandera hermosa la había hecho él y no otro, pero Oscar no recordaba sus apellidos. Ninguno: ni el primero ni el segundo. Denís (mi hermana) para animarlo le dice que Joshua es más chiquito y se los sabe de memoria, y para muestra le pide a Joshua que se los diga y venga, que Joshua recitó sus dos nombres y dos apellidos perfectamente perfecto y Denís le dice a Oscar que así debía hacerlo él y con más fe, porque era mayor. Y ¿saben lo que Oscar respondió?
--Yo no me acuerdo de mis apellidos porque tengo mucho que no los digo.
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3/2/10
A ti (criolla de Arturo Pellerano Castro)
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Yo quisiera, mi vida, ser burro,
ser burro de carga,
y llevarte, en mi lomo, a la fuente,
en busca del agua,
con que riega tu madre el conuco,
con que tú, mi trigueña, te bañas.
Yo quisiera, mi vida, ser burro,
ser burro de carga,
y llevar, al mercado, tus frutos,
y traer, para ti, dentro el árgana,
el vestido que ciña tu cuerpo,
el pañuelo que cubra tu espalda,
el rosario de cuentas de vidrio
con Cristo de plata,
que cual rojo collar de cerezas
rodee tu garganta...
Yo quisiera, mi vida, ser burro,
ser burro de carga...
Desde el día que en el cierre del monte
cogida la falda,
el arroyo al cruzar, me dijiste
sonriendo: ¿me pasas...?
y tus brazos ciñeron mi cuello,
y al pasarte sentí muchas ganas,
de que fuera muy ancho el arroyo,
de que fueran muy hondas sus aguas...
desde el día que te cuento, trigueña,
¡yo quisiera ser burro de carga!
Y llevarte, en mi lomo, a la fuente,
y contigo cruzar la cañada,
y sentirme arrear por ti misma,
cuando, a vuelta del pueblo, te traiga,
el vestido que ciña tu cuerpo,
el pañuelo que cubra tu espalda,
el rosario de cuentas de vidrio,
con Cristo de plata,
que cual rojo collar de cerezas
rodee tu garganta...
Yo quisiera, mi vida, ser burro,
¡ser burro de carga!
Yo quisiera, mi vida, ser burro,
ser burro de carga,
y llevarte, en mi lomo, a la fuente,
en busca del agua,
con que riega tu madre el conuco,
con que tú, mi trigueña, te bañas.
Yo quisiera, mi vida, ser burro,
ser burro de carga,
y llevar, al mercado, tus frutos,
y traer, para ti, dentro el árgana,
el vestido que ciña tu cuerpo,
el pañuelo que cubra tu espalda,
el rosario de cuentas de vidrio
con Cristo de plata,
que cual rojo collar de cerezas
rodee tu garganta...
Yo quisiera, mi vida, ser burro,
ser burro de carga...
Desde el día que en el cierre del monte
cogida la falda,
el arroyo al cruzar, me dijiste
sonriendo: ¿me pasas...?
y tus brazos ciñeron mi cuello,
y al pasarte sentí muchas ganas,
de que fuera muy ancho el arroyo,
de que fueran muy hondas sus aguas...
desde el día que te cuento, trigueña,
¡yo quisiera ser burro de carga!
Y llevarte, en mi lomo, a la fuente,
y contigo cruzar la cañada,
y sentirme arrear por ti misma,
cuando, a vuelta del pueblo, te traiga,
el vestido que ciña tu cuerpo,
el pañuelo que cubra tu espalda,
el rosario de cuentas de vidrio,
con Cristo de plata,
que cual rojo collar de cerezas
rodee tu garganta...
Yo quisiera, mi vida, ser burro,
¡ser burro de carga!
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Yalo
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