29/11/13

“El mundo”, un microrrelato de Juan José Arreola

Dios todavía no ha creado el mundo; sólo está imaginándolo, como entre sueños. Por eso el mundo es perfecto, pero confuso.


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“Minificción Mexicana”
de Lauro Zavala

23/11/13

Una relación de amor y odio

Así describe el artista visual Edward Tellería su vínculo con el arte. Y no solo el suyo. En esta entrevista nos cuenta por qué se ha convertido en un crítico de la plástica dominicana.
                  
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Yaniris López
yaniris.lopez@listindiario.com 
Santo Domingo
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La relación de amor y odio que mantiene Edward Tellería con el arte abarca muchos ángulos, algunos bastante controvertidos.
Radicado en Boston desde 2007, el artista visual dominicano visitó Santo Domingo para participar con sus obras en la feria “Viva el Arte/Fundacción, 2013”, que se celebrará el próximo martes 26, y aprovechó para conversar con LISTÍN DIARIO sobre su obra y sobre la ¿decadencia? del arte dominicano.
Tellería es egresado de la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde realizó estudios entre 1989 y 1996.
En “Viva el Arte”, el público podrá adquirir y observar parte de su obra pictórica trabajada a partir de 2011, un conjunto visual que le ha merecido el elogio del público: sus caballos desbocados, sus músicos coloridos, sus rosas amontonadas y sus inconfundibles miradas monocromáticas sin fondo, sin iris...
Claro que sus rosas ya no tienen los colores cálidos, tropicales que inspiraron sus primeras pinceladas. Ahora son más grises, más plata, explica Tellería. ¿Por qué el cambio? Porque el ambiente que lo rodea en Boston tiene menos colores y porque Tellería cree mucho “en  lo calmado, en lo tranquilo”.
“Uno lleva una vida muy ajetreada. Necesitas paz, calma y disfrutar lo que haces. Entonces yo pinto para mí, y al pintar para mí los demás van a entender lo que estoy haciendo.  A veces me olvido del público. Antes pintaba pensando en el público y ahí hay un error, porque cuando entras a la academia pintas para los profesores y para agradar a los demás estudiantes. Es una especie de competencia”.
Es la época, dice Tellería, cuando el artista pinta lo que le ordenan (especialmente paisajes y bodegones), cuando trata de copiar a los impresionistas, buscar un estilo propio, encajar en un estilo y llegar como artista a un nivel.
¿A cuál nivel? No sabe, porque para Tellería, la decadencia que según él vive el arte dominicano se debe en parte a ese afán de encasillar al artista en determinadas tendencias.

“Que si es moderno, que si no es moderno, que si es comercial, que si no lo es. Todo eso pasa en el arte dominicano y por eso es que internacionalmente no estamos en ningún sitio, porque se quiere entrar al arte internacional haciendo lo que hacen los pintores internacionales. Y resulta que los pintores internaciones tienen éxito porque hacen lo que quieren hacer, no porque copian lo que hacen los otros pintores”.
Es algo que se repite en la música, en la literatura, en las manifestaciones artísticas en general, opina.
“Quieren hacer un arte universal y eso no existe”.

Pocas referencias
Tellería no cree en la teoría de que si la obra no tiene un perfil internacional no va a tener éxito.
“Hay público para todo. Hace un tiempo, en una charla que impartí sobre ‘Arte y comercio internacional en RD’, explicaba que aquí hay artistas considerados maestros de la media isla que se llaman maestros porque así los etiquetaron los críticos y los galeristas, solo por eso”.
Sin embargo, dice que muchos artistas jóvenes no encuentran apoyo fuera del país porque no hay referencias de peso que les sirvan para abrir las puertas. Y al decirlo no teme a las críticas, asegura, por el siguiente motivo: “El que compra tu obra es el que aprecia tu trabajo. El galerista nunca te compra una obra, el galerista pone a vender la obra; el crítico no te compra una obra, te pide obras para criticar, o te pide dinero, y si no pagas, ¿qué te va a criticar?”
¿De qué forma perjudica esto al arte?, le preguntó LISTÍN DIARIO.
“Mira dónde estamos -responde- somos un país de primacías, tenemos lo primero de todo (en América) y no tenemos un artista reconocido internacionalmente. Me dirán Jaime Colson y otros, pero no es así. Ahora mismo no hay, que me digan uno”.
Esta afirmación, por supuesto, también le toca a él, a Tellería. ¿No es una forma de escupir hacia arriba, de clavarse también el cuchillo?
“Sí, pero es que no tengo de dónde aferrarme. ¿Quién nos abre las puertas fuera de este país? ¿Quién nos ayuda? No nos ayudan porque no hay un arte que se promueva fuera del país. Esto es un negocio”.
Poco le importa que lo condenen por esta declaración porque, dice: quienes critican esto “no compran obras, no me patrocinan, no me venden una obra, no les interesa comprar ni vender”.

Más tonos grises
El cambio en los colores de su paleta se debe también, apunta Tellería, a que ha comenzado a entender y a disfrutar el minimalismo.
“Con el ajetreo del día a día, cuando llegas a un espacio lo que quieres es relajarte. La tecnología, la fotografía están haciendo parte del trabajo del artista. Lo que te queda es disfrutar lo que haces, una obra personal a la que poco a poco vas quitando pinceladas”.  ¿Qué no quitaría nunca de su trabajo? “Los ojos. Nunca quitaría las miradas”, afirma. Es algo que le ha seducido desde joven.
Esa prisa de la que habla Tellería explica la presencia de los caballos en su obra.  Estos aparecieron cuando el artista llegó a EE. UU. en 2007. Tenía planeado hacer una exposición en Provincetown y en ella no figuraban estos animales.
“Me quedé allí trabajando por varias semanas, viendo el corre-corre de la gente. Pensé en caballos con ojos azules, verdes y me dije ‘son caballos norteamericanos’. Sus caballos, sigue, simbolizan a las personas que siempre van hacia una meta, que corren aunque ya tengan todo lo que han ambicionado en la vida; que cumplieron sus metas y siguen corriendo. ¿Para dónde van?  “A algunos caballos les pongo esas flores que parecen ‘flores de muertos”, porque parece que su meta final es la muerte”.

“El arte sí es comercial”
Tellería, el chico que caminaba a pie desde su casa, en Los Mina, hasta la Escuela Nacional de Bellas Artes en la Zona Colonial; el que robaba la pintura de sus compañeros para poder pintar, confiesa que vive al ritmo mágico de la vida forjando  una carrera de tiempo, de trabajo y de inversión.
No está de acuerdo con las quejas que insinúan que en el país no hay mercado para el arte o que en el país el público no consume arte.
“Hay demasiado arte en República Dominicana. Hay tres ferias importantes de arte para un país pobre. Si la gente adquiere arte o no depende de su bolsillo y de si le gusta el arte. El arte no es una necesidad. No se puede obligar a la población a comprar arte”, opina.
De todos modos, explica, hace falta romper el mito de que el arte no es comercial.
“Yo soy un artista comercial, porque pinto y se vende. No tengo un almacén para mis cuadros. El que pinta, ¿qué hace con las obras?, ¿se las come? Yo pinto por placer, para mí, y la gente lo compra”.
Tellería se ensaña con el arte plástico pese a que las críticas también le tocan a él.
“Es una cosa de amor y odio. Hay quienes me dicen que la ventaja mía es que salí de Santo Domingo, porque en el país llegas a un punto y topas, de ahí no coges ni para arriba ni para abajo, te mueves horizontalmente”.
Y agrega: “Algunos pintores somos artistas de paredes, pintamos para que nos coloquen, no para que nos guarden en un almacén. Mi obra no está hecha para ser guardada en un almacén, como una chequera. Es para que la pongas en las paredes y la puedas disfrutar. Mucha gente compra obras y las almacena porque dice ‘este es mi mercado, mi ahorro. No es para eso el arte”.

La feria
En la feria “Viva el Arte/Fundacción, 2013”, que tendrá lugar el 26 de noviembre en el Club Libanés-Sirio-Palestino de Santo Domingo, el público podrá adquirir las obras de 25 artistas dominicanos (dos residentes en el extranjero), y obras del fallecido pintor puertorriqueño Andy Bueso.
El evento, organizado por la Fundación Acción por el Futuro, reconocerá a Guillo Pérez porque “él y su obra constituyen un punto luminoso en la historia del arte nacional del siglo XX”.
Ignacio Nova, presidente de la fundación, dice que la actividad brinda al público la oportunidad de adquirir obras de arte “directamente de los artistas y de acreditadas galerías de arte, minimizando el riesgo de plagio y fraude, de encarecimiento o intermediaciones escasamente profesionales, partiendo de las preferencias y gustos propios y comparando las propuestas”.

16/11/13

Adiós a la XXVII Bienal Nacional de Artes Visuales

Manaña domingo concluye la XXVII Bienal Nacional de Artes Visuales. A partir del lunes los artistas plásticos empezarán a desmantelar el Museo de Arte Moderno (MAM). Nos quedan las controversias, los berrinches de algunos artistas y, por supuesto, las fotos. Acá un montón de ellas. Tienen licencia para despotricarlas. Pero recuerden, antes de "descricajar", que el arte es subjetivo.
La primera, de Wander Matos, es mi favorita.

"Indigentes en la orilla del Ozama". Wander Matos
"Mi patrimonio cultural". Moisés Pellerano
"Bajo las sombras", una linda instalación de Percio Checo.
"Origen". Álvaro Cabral
"Deforestación de la jungla a la botánica" (dibujo, acrílico y lápiz sobre tela). Ángel Urrely
"La casa de piedras". Ariadna Canaán
"Cápsula del tiempo" (mixta, tela). Carlos Estrada
"Ama-re" (vestido hecho con retazos). Citlally Miranda
"Los honorables", instalación presentada por el colectivo La banda de los frenos.
Obras de Domingo Liz, artista visual a quien estuvo dedicada la XXVII Bienal Nacional de Artes Visuales
"Personas de carnaval". Los personajes posaron voluntaria y espontáneamente para el lente de Erika Santelices.
"Aproximación de ultramar" (fotos y plexiglás). Instalación de Fausto Ortiz
"Perturbación". Fermín Ceballos
"El último golpe". Guadalupe Casasnovas y Victoria Thomén
"Sans sapiens" (instalación, yeso). Ilka Marra e Ian Ramírez
"Velorio sistémico". Johnny Bonelly. Sí, son cajas de monitores.
Con su performance "Satisfecha" y el vídeo "Metonimia", Joiri Minaya ganó el Gran Premio
.
"Pájaro". Escultura/modelado de Jonnathan Sánchez. Miren bien la segunda imagen.
"Afro-fight", de Jorge Pineda, uno de los artistas invitados de la Bienal.
"Trazado para una frontera líquida II" (acrílica/tela). José Pelletier
"Serie Bien-estando 1". Julianny Ariza
"Serie Bien-estando 2". Julianny Ariza
"Segundos antes de morir" (mixta, tela). Julio Hernández
"Moderno tropical" (instalación) de Laura Castillo y Engel Leonardo.
"Arte de nadar/ADN" (instalación). Lidia León Cabral
"Al verlas voy sin miedo", de Limber Vilorio. Obra hecha con casquillos de balas.
La favorita del público: "Cibercity 3001", de Luis Arias. En las fotos de arriba: cómo se ve la instalación apagada y encendida.
"Palomios 1, 2, 3". Miguel Cruz
"Insidioso/Devious" (instalación, metal y cuchillos). Obra de Mónica Pagés inspirada en la muerte de su mejor amigo: José Rafael Llenas Aybar.
"Atlántica" (ensamblaje/cámaras de neumáticos). Miguel Ramírez
"Memoria de un colapso" (sobre el terremoto de Haití). Orlando Barría
"Bandera compartida". Francisco (Pancho) Rodríguez.
"Palabras invisibles". Pascal Meccariello. Una obra especial dedicada a personas no videntes.
"Vibraciones bajas" (instalación). Patricia Castillo