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12/8/12

Gastrocuento, primer libro de relatos de Daniela Cruz

Un personaje resume su contenido: "Escribir cuentos con comida de por medio, o sea, en el texto, no durante la escritura".

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Yaniris López
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Santo Domingo.-  La comida es solo el enganche, el señuelo con el que Daniela Cruz Gil arrastra al lector hasta el interior de personajes en los que no se puede confiar y de historias que no son lo que parecen.
Sirva como ejemplo la primera, un relato que aparenta ser una introducción para justificar la complicidad entre literatura y gastronomía y que termina en la consumación ¿o simple insinuación? de un bucólico asesinato. Sí, hay mucho de muerte y tragedia en Gastrocuento. Y también de literatura, de cine, de comida basura, de humor negro, de insinuaciones sexuales, de acertijos culturales y geográficos y de obsesiones humanas.
Es el primer libro de cuentos de la periodista y escritora santiaguera y su primera publicación en solitario desde que comenzara a tomarse en serio la escritura a partir de 2003, mientras estudiaba en la UASD, universidad que le dio el título de comunicadora social aunque de adolescente su mayor aspiración había sido convertirse en abogada “y cambiar el mundo”.
Una cosa era segura, confiesa Daniela: sin importar la carrera que estudiara ni el oficio al que se dedicara, siempre supo que iba a dedicarse a escribir.
Con una sugerente imagen del ilustrador ruso Vania Zouravliov en la portada, esta colección de cuentos es su primera gran apuesta por la narrativa: diez historias que dejan el buen sabor de la literatura poco complaciente, de la literatura que insinúa, en la que los detalles y las referencias son un reto para el lector inteligente.
¿Por qué cuentos en los que el elemento principal es la comida? Porque además de que le gusta comer –lo admite sin remordimientos–, a Daniela le ha tocado vivir y ser testigo de escenas relacionadas con la gastronomía que merecen contarse.
Son increíbles las historias que se pueden hilvanar en un sitio donde la gente come, y de los personajes que comen a tu lado, dice Daniela, periodista de Listín Diario.
Más que los platos en sí, son esas historias tejidas alrededor de una cerveza, de unos crepes, de una hamburguesa, de un club sándwich, de una langosta o de unos plátanos fritos las que seducen al lector. Y como los títulos revelan poco de su verdadero contenido, le tocará al lector escudriñar entre las letras el motivo que le da sentido al texto, el descifrar si “la niña de la espina” es esa del cuadro aquel, si es cierto que se puede planificar un asesinato y vivirlo como si ya hubiese ocurrido ¿o sí ocurrió?, si afecta tanto que alguien muera un 31 de diciembre.
Y después de cada lectura, también le toca al lector la estocada final con la que terminan los buenos relatos: la deliciosa responsabilidad de tener que completar la historia.

Entre la poesía y la narrativa
Daniela Cruz ha escrito dos libros de poesía: “Ángel Terreno”, premiado por la Alianza Cibaeña en 2007 (en espera de publicación) y “Sueño errante”, merecedor de una mención en los Premios Funglode de 2008 (publicado en un volumen).
Gastrocuento (2012) es el resultado de una beca que le otorgó en 2010 el Sistema Nacional de Creación Literaria (Sinacrea).
Aunque la poesía es su fuerte, Daniela dice que se siente cómoda trabajando ambos géneros. “Como la beca te obliga a concentrarte, me di cuenta que sí puedo manejar ambos géneros, porque se complementan. Incluso hay dos autores dominicanos que me gustan mucho, René Rodríguez Soriano y Fernando Valerio Holguín, que se debaten en esa frontera y a veces la cruzan y la tumban”.

13/7/11

Un cuento para 'odiar' a su autor

Mira que hay cuentos hijosdelagranputa, pero este del grecoirlandés Lafcadio Hearn dice quítate. Se llama El secreto de la muerta. Lo resumo. La chica muere, queda en el limbo y se aparece en su cuarto con el deseo de llevarse “algo” que se le quedó. Por más que desmantelan la habitación, nadie da con la “cosa” que la mortifica y que le impide descansar en paz. Al igual que la familia de la muerta, el lector comienza a desesperarse a medida que avanza el cuento. Entonces llega el sumo sacerdote del pueblo, habla con ella, le dice que la ayudará y le pregunta si olvidó “algo” en la estancia. Ella asiente, él lo busca y lo encuentra: era una carta.
—Esta misma mañana será quemada en el templo —prometió el sacerdote—, y nadie la leerá salvo yo.
Y eso ocurrió exactamente. La muerta no volvió. Y el sacerdote, como buen sacerdote, guardó su secreto…

17/11/10

Te adoro, Hesse

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Leyendo los cuentos de Hermann Hesse me da, a veces, la terrible sensación de que estoy viendo una de esas comedias de los 80 y 90 que daban en El Show del Mediodía. Había algo en los finales de esas comedias que no cuajaba. Nos pasábamos 20 y 30 minutos disfrutando de la trama, riéndonos de las locuras de los comediantes, todos de primera, pero el final… el final nunca era tan bueno como el desarrollo de la comedia. Terminaban sin ton ni son, sin la picardía del comienzo. Al finalizar nos mirábamos todos como quien dice: ¿Y entonces?
«Comienzan bien pero terminan sin gracia», decía mami.
Hesse es, por mucho, uno de los más grandes cuentistas, un genial describidor de la nada cotidiana, de los miedos humanos, de las frustraciones más tontas. Una le toma pena o cariño a sus personajes, absorbe con gusto los olores de los paisajes, de las estaciones; y pasea llena de confianza los rincones de las casas, las calles y los negocios que pueblan sus cuentos. Pero los finales, no sé..., llegan de la misma forma que los finales de las comedias del Show del Mediodía. Así tan obvios…

24/1/10

La felicidad (Andrés Neuman)

Me llamo Marcos. Siempre he querido ser Cristóbal. No me refiero a llamarme Cristóbal. Cristóbal es mi amigo: iba a decir el mejor, pero diré que el único. Gabriela es mi mujer. Ella me quiere mucho y se acuesta con Cristóbal. Él es inteligente, seguro de sí mismo y un ágil bailarín. También monta a caballo y domina la gramática latina. Cocina para las mujeres. Luego se las almuerza. Yo diría que Gabriela es su plato predilecto. Algún desprevenido podrá pensar que mi mujer me traiciona: nada más lejos. Siempre he querido ser Cristóbal, pero no vivo cruzado de brazos. Ensayo no ser Marcos. Tomo clases de baile y repaso mis manuales de estudiante. Sé bien que mi mujer me adora. Y es tanta su adoración, que la pobre se acuesta con él, con el hombre que yo quisiera ser. Entre los gruesos brazos de Cristóbal, mi Gabriela me aguarda desde hace años con los brazos abiertos. A mí me colma de gozo tanta paciencia. Ojalá mi esmero esté a la altura de sus esperanzas, y algún día, muy pronto, nos llegue el momento. Ese momento de amor inquebrantable que ella tanto ha preparado, engañando a Cristóbal, acostumbrándose a su cuerpo, a su carácter y sus gustos, para estar lo más cómoda y feliz posi­ble cuando yo sea como él y lo dejemos solo.

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Alumbramiento, cuentos
Páginas de Espuma (2009)
Pág. 85