Anda, bonita. Prefiero que me pelees a que me ignores. Piénsalo: mira cómo anda el mundo, mira cuánta gente que quieres se está yendo, mira cómo la vida se te escapa de las manos y tú dizque guapa conmigo.
Te arrepentirás luego, bonita, de no haber disfrutado el amor carnal que te ofrecía. Bueno, no es que llegue a amor, pero eso que sentía, eso que ahora siento y que me hinca especialmente cuando veo un mar así de azul intenso como el tuyo; o cuando veo este puerto que te da la espalda y, sin embargo, pone tu cara frente a mí.
Deja el orgullo, bonita, y vuelve a pensarme.
Tienes razón, el mar es capaz de desnudar nuestros más oscuros álter egos. Pero ¿qué quieres que haga, bonita? ¿Prefieres que te mienta? ¿Prefieres que te diga que sí, que te quiero y te extraño, cuando en realidad sabes bien que esta melancolía se me pasará enseguida? Pero en este instante no tengo ganas de mentir, bonita. Este poeta, de vez en cuando, siente que te extraña...
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12/8/12
Gastrocuento, primer libro de relatos de Daniela Cruz
Un personaje resume su contenido: "Escribir cuentos con comida de por medio, o sea, en el texto, no durante la escritura".
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Yaniris López
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Santo Domingo.- La comida es solo el enganche, el señuelo con el que Daniela Cruz Gil arrastra al lector hasta el interior de personajes en los que no se puede confiar y de historias que no son lo que parecen.
Sirva como ejemplo la primera, un relato que aparenta ser una introducción para justificar la complicidad entre literatura y gastronomía y que termina en la consumación ¿o simple insinuación? de un bucólico asesinato. Sí, hay mucho de muerte y tragedia en Gastrocuento. Y también de literatura, de cine, de comida basura, de humor negro, de insinuaciones sexuales, de acertijos culturales y geográficos y de obsesiones humanas.
Es el primer libro de cuentos de la periodista y escritora santiaguera y su primera publicación en solitario desde que comenzara a tomarse en serio la escritura a partir de 2003, mientras estudiaba en la UASD, universidad que le dio el título de comunicadora social aunque de adolescente su mayor aspiración había sido convertirse en abogada “y cambiar el mundo”.
Una cosa era segura, confiesa Daniela: sin importar la carrera que estudiara ni el oficio al que se dedicara, siempre supo que iba a dedicarse a escribir.
Con una sugerente imagen del ilustrador ruso Vania Zouravliov en la portada, esta colección de cuentos es su primera gran apuesta por la narrativa: diez historias que dejan el buen sabor de la literatura poco complaciente, de la literatura que insinúa, en la que los detalles y las referencias son un reto para el lector inteligente.
¿Por qué cuentos en los que el elemento principal es la comida? Porque además de que le gusta comer –lo admite sin remordimientos–, a Daniela le ha tocado vivir y ser testigo de escenas relacionadas con la gastronomía que merecen contarse.
Son increíbles las historias que se pueden hilvanar en un sitio donde la gente come, y de los personajes que comen a tu lado, dice Daniela, periodista de Listín Diario.
Más que los platos en sí, son esas historias tejidas alrededor de una cerveza, de unos crepes, de una hamburguesa, de un club sándwich, de una langosta o de unos plátanos fritos las que seducen al lector. Y como los títulos revelan poco de su verdadero contenido, le tocará al lector escudriñar entre las letras el motivo que le da sentido al texto, el descifrar si “la niña de la espina” es esa del cuadro aquel, si es cierto que se puede planificar un asesinato y vivirlo como si ya hubiese ocurrido ¿o sí ocurrió?, si afecta tanto que alguien muera un 31 de diciembre.
Y después de cada lectura, también le toca al lector la estocada final con la que terminan los buenos relatos: la deliciosa responsabilidad de tener que completar la historia.
Entre la poesía y la narrativa
Daniela Cruz ha escrito dos libros de poesía: “Ángel Terreno”, premiado por la Alianza Cibaeña en 2007 (en espera de publicación) y “Sueño errante”, merecedor de una mención en los Premios Funglode de 2008 (publicado en un volumen).
Gastrocuento (2012) es el resultado de una beca que le otorgó en 2010 el Sistema Nacional de Creación Literaria (Sinacrea).
Aunque la poesía es su fuerte, Daniela dice que se siente cómoda trabajando ambos géneros. “Como la beca te obliga a concentrarte, me di cuenta que sí puedo manejar ambos géneros, porque se complementan. Incluso hay dos autores dominicanos que me gustan mucho, René Rodríguez Soriano y Fernando Valerio Holguín, que se debaten en esa frontera y a veces la cruzan y la tumban”.
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Yaniris López
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Santo Domingo.- La comida es solo el enganche, el señuelo con el que Daniela Cruz Gil arrastra al lector hasta el interior de personajes en los que no se puede confiar y de historias que no son lo que parecen.
Sirva como ejemplo la primera, un relato que aparenta ser una introducción para justificar la complicidad entre literatura y gastronomía y que termina en la consumación ¿o simple insinuación? de un bucólico asesinato. Sí, hay mucho de muerte y tragedia en Gastrocuento. Y también de literatura, de cine, de comida basura, de humor negro, de insinuaciones sexuales, de acertijos culturales y geográficos y de obsesiones humanas.
Es el primer libro de cuentos de la periodista y escritora santiaguera y su primera publicación en solitario desde que comenzara a tomarse en serio la escritura a partir de 2003, mientras estudiaba en la UASD, universidad que le dio el título de comunicadora social aunque de adolescente su mayor aspiración había sido convertirse en abogada “y cambiar el mundo”.
Una cosa era segura, confiesa Daniela: sin importar la carrera que estudiara ni el oficio al que se dedicara, siempre supo que iba a dedicarse a escribir.
Con una sugerente imagen del ilustrador ruso Vania Zouravliov en la portada, esta colección de cuentos es su primera gran apuesta por la narrativa: diez historias que dejan el buen sabor de la literatura poco complaciente, de la literatura que insinúa, en la que los detalles y las referencias son un reto para el lector inteligente.
¿Por qué cuentos en los que el elemento principal es la comida? Porque además de que le gusta comer –lo admite sin remordimientos–, a Daniela le ha tocado vivir y ser testigo de escenas relacionadas con la gastronomía que merecen contarse.
Son increíbles las historias que se pueden hilvanar en un sitio donde la gente come, y de los personajes que comen a tu lado, dice Daniela, periodista de Listín Diario.
Más que los platos en sí, son esas historias tejidas alrededor de una cerveza, de unos crepes, de una hamburguesa, de un club sándwich, de una langosta o de unos plátanos fritos las que seducen al lector. Y como los títulos revelan poco de su verdadero contenido, le tocará al lector escudriñar entre las letras el motivo que le da sentido al texto, el descifrar si “la niña de la espina” es esa del cuadro aquel, si es cierto que se puede planificar un asesinato y vivirlo como si ya hubiese ocurrido ¿o sí ocurrió?, si afecta tanto que alguien muera un 31 de diciembre.
Y después de cada lectura, también le toca al lector la estocada final con la que terminan los buenos relatos: la deliciosa responsabilidad de tener que completar la historia.
Entre la poesía y la narrativa
Daniela Cruz ha escrito dos libros de poesía: “Ángel Terreno”, premiado por la Alianza Cibaeña en 2007 (en espera de publicación) y “Sueño errante”, merecedor de una mención en los Premios Funglode de 2008 (publicado en un volumen).
Gastrocuento (2012) es el resultado de una beca que le otorgó en 2010 el Sistema Nacional de Creación Literaria (Sinacrea).
Aunque la poesía es su fuerte, Daniela dice que se siente cómoda trabajando ambos géneros. “Como la beca te obliga a concentrarte, me di cuenta que sí puedo manejar ambos géneros, porque se complementan. Incluso hay dos autores dominicanos que me gustan mucho, René Rodríguez Soriano y Fernando Valerio Holguín, que se debaten en esa frontera y a veces la cruzan y la tumban”.
13/7/11
Un cuento para 'odiar' a su autor
Mira que hay cuentos hijosdelagranputa, pero este del grecoirlandés Lafcadio Hearn dice quítate. Se llama El secreto de la muerta. Lo resumo. La chica muere, queda en el limbo y se aparece en su cuarto con el deseo de llevarse “algo” que se le quedó. Por más que desmantelan la habitación, nadie da con la “cosa” que la mortifica y que le impide descansar en paz. Al igual que la familia de la muerta, el lector comienza a desesperarse a medida que avanza el cuento. Entonces llega el sumo sacerdote del pueblo, habla con ella, le dice que la ayudará y le pregunta si olvidó “algo” en la estancia. Ella asiente, él lo busca y lo encuentra: era una carta.
—Esta misma mañana será quemada en el templo —prometió el sacerdote—, y nadie la leerá salvo yo.
Y eso ocurrió exactamente. La muerta no volvió. Y el sacerdote, como buen sacerdote, guardó su secreto…
—Esta misma mañana será quemada en el templo —prometió el sacerdote—, y nadie la leerá salvo yo.
Y eso ocurrió exactamente. La muerta no volvió. Y el sacerdote, como buen sacerdote, guardó su secreto…
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2/6/11
Yo te conozco, sé lo que piensas (3)
Nunca creíste que fuera experta en legeremancia. Y yo que no quiero serlo. Ahora no estaría leyendo la tablet de tu cerebro, ni interpretando las señales del patio trasero de tus ojos que mirándome me dicen: Anda, bonita, entiende. No es que no quiera, es que no se puede. Disfruta el momento, que de ahí no va a pasar. Es así la vida, bonita. Ni siquiera entiendes de (mis) gustos literarios, el primer requisito para permitirle a una chica pasar y ver. A mí me gusta Allan Poe, tú prefieres a Julio Verne. A mí me gusta la poesía, tú prefieres los relatos. A mí me gusta la historia, tú matas por una novela de ficción. Adoro las conversaciones inteligentes, tú pagas por parecer tonta. Tienes un poco baja la autoestima, yo detesto a la gente que no se quiere. No, bonita, en este caso tú eres la excepción. Me gustas, eso creo, pero no te vayas a enamorar de mí. No me idolatres, bonita. No quieras conocer mi álter ego, no me obligues a mostrártelo porque, de hacerlo, me odiarías con razón, así como odias a los personajes malos de tus paquitos favoritos…
Y no quiero que me odies, bonita. Tampoco así. Yo más que nadie sé que, “debajo de cualquier yagua vieja, puede salir tremendo alacrán…”
Y no quiero que me odies, bonita. Tampoco así. Yo más que nadie sé que, “debajo de cualquier yagua vieja, puede salir tremendo alacrán…”
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24/1/10
La felicidad (Andrés Neuman)
Me llamo Marcos. Siempre he querido ser Cristóbal. No me refiero a llamarme Cristóbal. Cristóbal es mi amigo: iba a decir el mejor, pero diré que el único. Gabriela es mi mujer. Ella me quiere mucho y se acuesta con Cristóbal. Él es inteligente, seguro de sí mismo y un ágil bailarín. También monta a caballo y domina la gramática latina. Cocina para las mujeres. Luego se las almuerza. Yo diría que Gabriela es su plato predilecto. Algún desprevenido podrá pensar que mi mujer me traiciona: nada más lejos. Siempre he querido ser Cristóbal, pero no vivo cruzado de brazos. Ensayo no ser Marcos. Tomo clases de baile y repaso mis manuales de estudiante. Sé bien que mi mujer me adora. Y es tanta su adoración, que la pobre se acuesta con él, con el hombre que yo quisiera ser. Entre los gruesos brazos de Cristóbal, mi Gabriela me aguarda desde hace años con los brazos abiertos. A mí me colma de gozo tanta paciencia. Ojalá mi esmero esté a la altura de sus esperanzas, y algún día, muy pronto, nos llegue el momento. Ese momento de amor inquebrantable que ella tanto ha preparado, engañando a Cristóbal, acostumbrándose a su cuerpo, a su carácter y sus gustos, para estar lo más cómoda y feliz posible cuando yo sea como él y lo dejemos solo.
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Alumbramiento, cuentos
Páginas de Espuma (2009)
Pág. 85
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Alumbramiento, cuentos
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