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13/5/24

El amor después del amor (Derek Walcott)

El tiempo vendrá
cuando, con gran alegría,
tú saludarás al tú mismo que llega
a tu puerta, en tu espejo,
y cada uno sonreirá a la bienvenida del otro,
y dirá, siéntate aquí. Come.
Seguirás amando al extraño que fue tú mismo.
Ofrece vino. Ofrece pan. Devuelve tu amor
a ti mismo, al extraño que te amó
toda tu vida, a quien no has conocido
para conocer a otro corazón,
que te conoce de memoria.
Recoge las cartas del escritorio,
las fotografías, las desesperadas líneas,
despega tu imagen del espejo.
Siéntate. Celebra tu vida.

27/10/14

“Uvieta” (Alberto Cañas)

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©Yalo
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Es una de las obras emblemáticas del teatro costarricense. Publicada en 1980, la trama se desarrolla frente a un bar en el pueblo de San Luis y todas las escenas tienen lugar un domingo cada quince días.
Uvieta, personaje tomado de una obra de la autora Carmen Lyra, es un hombre medio loco que siempre anda enterado de todo lo que pasa en el lugar, pero parece no saber nada sobre la muerte -de un balazo- del señor Sanabria, en un hecho en el que resultó gravemente herida la bella esposa del señor en cuestión, de quien Uvieta está muy enamorado.
Chico, el dueño del bar que recibe a los conversantes; una moza (Rosalinda) obligada a casarse con un anciano enfermo que espera que muera pronto para poder casarse con el profesor del pueblo; un policía enviado a San Luis para que aclare la muerte de Sanabria; un mozo de pasado oscuro acusado de haber cometido el crimen y dos ancianas del pueblo conforman el resto de los personajes inmediatos de la obra.
Resulta que el día en que ocurrieron los hechos Uvieta encontró a una vieja trepada en su mata de mango y desea, por robona, que no baje nunca. Y, efectivamente, la señora no pudo bajarse de la mata.
Para ver cómo era la cosa, Uvieta convida al policía que fue a investigarlo a que se suba a la mata y tome un mango. Y piensa: “Que tampoco se baje nunca”, y así fue.
Pero cosa rara, el policía no vio a la viejita que estaba con él. Cuando Uvieta le cuenta a Chico lo ocurrido deciden que quien debe bajar es el policía, por si acaso. Y de sólo pensarlo Uvieta, el policía bajó.
El caso es que a partir de que la viejita está encima de la mata en el pueblo no se muere nadie: ni la señora que está grave en el hospital ni el viejo esposo de Rosanlinda. Nadie. Chico deduce, dado los hechos, que a quien Uvieta tiene encima de la mata de mango es a la muerte, y que por eso no se muere nadie en el pueblo. Y Uvieta no quiere soltarla porque entonces se muere la señora que ama.
Ocurre que un ángel disfrazado de una viejita que se hace llamar Lorena, prima hermana de la muerte y a quien le encanta decir malas palabras cuando baja a la Tierra (ya que no puede hacerlo en el cielo), llega a San Luis para tratar de convencer a Uvieta de que debe dejarla bajar porque si no lo hace no se imagina lo que ocurrirá en el mundo si nadie muere.
Aunque no quiere al principio, Uvieta no tiene más remedio que ceder porque, además, el ángel sabe su secreto: fue él quien mató a Sanabria una noche en que el señor maltrataba a su esposa, y debía ser castigado.
El ángel decide resolver la situación de este modo: la esposa de Sanabria viviría, pero él no podría verla; el esposo de Rosalinda morirá unos días después de muerte natural y ésta podrá casarse con el profesor; y Uvieta debía confesar el crimen –le tocaban menos años en la cárcel por ello- para que el mozo encerrado pudiera salir libre.
Así se hace, y Uvieta le cuenta lo que pasó al policía: que, aunque resultara increíble, la señora de Sanabria y él era amantes, y que no pudo soportar que una noche que le servía de chofer al señor Sanabria y llegaban de una fiesta desde San José, éste le disparara a su esposa en medio de una discusión, por lo que Uvieta corrió a la habitación donde sabía que había una pistola y le disparó a Sanabria.
Pero el policía lo deja ir en paz a su casa, convencido de que Uvieta no había cometido el crimen, porque, pensó: “Hay algunos que sólo para que la gente crea que de veras se echaron una mujer al pico, son capaces de exponerse a quince años de cárcel”.

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Literatura del Caribe Hispánico
Maestría en Literatura
Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD)
Profesor: Eulogio Javier 
2008

20/3/13

Así de fácil se enamoraba David Copperfield

Me pareció una criatura sobrehumana, un hada, una sílfide, no sé qué, algo que nunca había visto y que todos deseamos siempre. Desaparecí en un abismo de amor, sin detenerme en el borde, sin mirar adelante ni atrás; me lancé de cabeza antes de haber podido decirle una palabra.
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Charles Dickens, 1849

29/1/13

Yo te conozco, sé lo que piensas (12)

Anda, bonita. Prefiero que me pelees a que me ignores. Piénsalo: mira cómo anda el mundo, mira cuánta gente que quieres se está yendo, mira cómo la vida se te escapa de las manos y tú dizque guapa conmigo.
Te arrepentirás luego, bonita, de no haber disfrutado el amor carnal que te ofrecía. Bueno, no es que llegue a amor, pero eso que sentía, eso que ahora siento y que me hinca especialmente cuando veo un mar así de azul intenso como el tuyo; o cuando veo este puerto que te da la espalda y, sin embargo, pone tu cara frente a mí.
Deja el orgullo, bonita, y vuelve a pensarme.
Tienes razón, el mar es capaz de desnudar nuestros más oscuros álter egos. Pero ¿qué quieres que haga, bonita? ¿Prefieres que te mienta? ¿Prefieres que te diga que sí, que te quiero y te extraño, cuando en realidad sabes bien que esta melancolía se me pasará enseguida? Pero en este instante no tengo ganas de mentir, bonita. Este poeta, de vez en cuando, siente que te extraña...

4/10/12

Yo te conozco, sé lo que piensas (10)

Para ti mi cuerpo es un hotel. Y yo qué vergüenza quiero que lo sea. Regresa. Atraviesa el océano. Prometo dejar en la entrada tanto miedo, tanto recato, tanta prudencia, tanto decoro. La puerta del cuarto estará abierta. Llega de noche, tus mejores horas. ¿Ves la luz filtrarse por la puerta? Es el resplandor de mi piel, que celebra por adelantado el encuentro.
(…)
(…)
(…)
No. Quédate. Mejor no regreses. Olvidé que en mis huesos, en mi mente y en mis entrañas, cuando se trata de ti, todavía es temporada baja.

17/5/12

Yo te conozco, sé lo que piensas (8)

Qué sabes tú de penas, poeta. Qué sabes de reciprocidades si eres tú quien da, quien ofrece, quien se entrega en nombre de esas cuatro letras que forman la palabra amor. Amas tanto, te entregas tanto, te empeñas tanto en bien amar que no dejas lugar a los reproches. ¿Cómo encontrar, así, el motivo perfecto que me obligue a odiarte? “¡Qué gran estorbo, los sentimientos!”. Pero ella, la Poniatowska, ni siquiera ella, que lo escribió, tiene idea de lo que significa esa exclamación. Tú si lo sabes. Lo sabes y los descartas, a los sentimientos, como a indeseables moscas que se afanan en robar esa miel que no tienes, esa miel que nadie sabe que no tienes.
Porque amas a morir, poeta. Te concentras tanto en amar que poco te importa cuánto se te ame. Porque tú, que tanto das, que tanto entregas, no te dejas querer. No dejas que nadie te ame en la misma medida que amas tú. La ventaja de amar así, de entregarse así, de no permitir que te amen igual, leo en tu brillante cabecita, es que poco te importan los despojos que, a tu antojo, vas dejando en tu existir”. 

21/11/11

Yo te conozco, sé lo que piensas (6)

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Hoy te permites unos segundos de sinceridad. Me sientes cerca. Un poco. Tu alma de poeta no puede evitar pensar en mí frente a ese cielo azul brillante. Sabes que detrás de esa montaña altanera estoy yo, boba, ilusa, atenta a ti. Tanto idealismo te conmueve, y por eso me dedicas algunos efímeros pensamientos:
      Claro que te pienso, bonita. Sé que no es justo lo que hago, lo admito. Soy hombre, qué se le va a hacer. Pero me agrada, de vez en cuando, pensar en ti. En tus traumas y miedos, en tu insoportable ingenuidad. Te imagino pensándome, idealizándome, soñando conmigo. Te imagino plena de dicha al pensar que tal vez, podría ser, por qué no, yo también pudiera estar pensando en ti. Y sonrío al imaginarte, bonita, a pesar de que nos separan miles de kilómetros de tantas cosas. Incluida el agua de ese mar…

15/3/11

Todavía creo en el amor (Nelson Ned)

A pesar de los golpes y heridas 
con los que me ha pagado la vida
parece mentira 
pero todavía creo en el amor
y por más que yo piense es mentira
que no volveré a amar mientras viva
también es mentira 
porque todavía creo en el amor

Todavía creo en el amor
la verdad es que siempre he creído
aunque sólo ha jugado conmigo
con mis sentimientos y mi corazón

A pesar de que paso los días
junto a la soledad que es mi amiga
parece mentira 
pero todavía creo en el amor
y por más que me engañe y yo finja
que no quiero buscar compañía
también es mentira 
porque todavía creo en el amor

Todavía creo en el amor
la verdad es que siempre he creído
aunque sólo ha jugado conmigo
con mis sentimientos y mi corazón

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21/2/11

¿Por qué te entregas? (Anthony Ríos)

¿Por qué jugar con sentimientos
si no sientes nada?
¿Por qué esa entrega de tu cuerpo
flor de madrugada?
¿Por qué la llave de tu cama
no aparece ahora?
¿Por qué te muestras fría y esquiva
después que enamoras? 

¿Por qué te entregas?
Si no sientes el amor
¿por qué te entregas?
Si para ti no hay ilusión
¿por qué te entregas?
Llenando de esperanzas
cualquier noche
en un derroche de caricias,
de pasión... 

¿Por qué te entregas?
Sin importarte hacer sufrir
¿por qué te entregas?
Para después volar, partir
¿por qué te entregas? 
Sin importarte nunca
los despojos que, a tu antojo,
vas dejando en tu existir... 

¿Por qué no habrás pensando
nunca que los otros sienten?
Será que las penas de otros
sólo te divierten. 
¿Por qué no habrás tomado en cuenta
que existe un mañana
que espera detrás de la puerta
y todo te reclama?

¿Por qué te entregas?
Si no sientes el amor
¿por qué te entregas?
Si para ti no hay ilusión
¿por qué te entregas?

Llenando de esperanzas
cualquier noche
en un derroche de caricias,
de pasión...
¿Por qué te entregas?
Sin importarte hacer sufrir
¿por qué te entregas?
Para después volar, partir
¿por qué te entregas?
Sin importarte nunca 
los despojos que, a tu antojo, 
vas dejando en tu existir... 

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12/8/09

Poema impaciente (Emilio Ballagas, Cuba)

¿Y si llegaras tarde,
cuando mi boca tenga
sabor seco a cenizas,
a tierras amargadas?

¿Y si llegaras cuando
la tierra removida y oscura (ciega, muerta)
llueva sobre mis ojos,
y desterrado de la luz del mundo
te busque en la luz mía,
en la luz interior que yo creyera
tener fluyendo en mí?
(Cuando tal vez descubra
que nunca tuve luz

y marche a tientas dentro de mí mismo,

como un ciego que tropieza a cada paso
con recuerdos que hieren como cardos.)

¿Y si llegaras cuando ya el hastío
ata y venda las manos;
cuando no pueda abrir los brazos
y cerrarlos después como las valvas
de una concha amorosa que defiende
su misterio, su carne, su secreto;

cuando no pueda oír abrirse
la rosa de tu beso ni tocarla

(tacto mío marchito entre la tierra yerta)
ni sentir que me nace otro perfume
que le responda al tuyo,
ni enseñar a tus rosas
el color de mis rosas?

¿Y si llegaras tarde,
y encontraras (tan solo)
las cenizas heladas de la espera?


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Sabor eterno (1939)

24/3/08

Hora cero (Pedro Vergés, dominicano) *

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Hay domingos, como te iba diciendo,
en que uno bebe hondos silencios, amargos
como vino de sangre, domingos inconclusos y tediosos
en que el mar palidece y una sombra se ciñe a nuestra sombra
y el aroma de un cactus penetra la indomable
parsimonia del tiempo, y tú no estás,
y nadie, ni siquiera yo mismo, se encuentra en los contornos.
Hay domingos en los que los objetos, estas cerillas retorcidas
por su propio fuego,
como mi corazón,
estos floreros, estas flores que mueren,
como mi corazón, claman, piden, asedian,
se interponen en todo, me hacen sentir
que todo lo he perdido.
Hay domingos así.
Hay domingos de largas avenidas.
Hay domingos sin tregua, sin un solo coral, sin una sola ola,
Sin esa diminuta piedrecita de ámbar
que uno quisiera a veces encontrar en la vida.
Hay domingos como éste, en los que tú no estás ni yo respiro,
domingos coleópteros, afiebrados,
como largos discursos,
domingos con sus telas, domingos con sus lienzos,
domingos con sus listas de todos los domingos,
con sus pequeños ruidos, su teléfono,
domingos que te allanan y te violan,
acotadas marismas donde un alud de nada
y de piedras sin nombre
imitan la espesura, tienden trampas amargas,
cabinas que cobijan la luz lunar y el tedio.
Hay domingos inciertos, domingos como hechos
para el hombre que soy en esta hora.
Hay un Santo Domingo y un maldito domingo,
un maldito domingo aquí en Santo Domingo,
un domingo que es todos los domingos,
un asqueroso y nauseabundo día domingo
que se prolonga indefinidamente.
Un domingo que contempla su lunes, su semana irrestricta,
como si se mirara en un espejo.

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* Como mi depre es eterna, este es uno de mis poemas favoritos. Lo encontré publicado no sé cuándo en la revista Umbral como parte de una selección de poemas inéditos del autor nacido en Santo Domingo en 1945.