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10/4/15

Vladimir Tatis Pérez: “Escribir es un oficio ingrato”


Vladimir Tatis en Listín Diario
La historia del escritor dominicano, autor de cinco novelas y merecedor del Premio Funglode 2014 en la modalidad cuento, ilustra a la perfección el aforismo “querer es poder”.

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Yaniris López
yaniris.lopez@listindiario.com
Santo Domingo
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Detrás del ganador del Premio Funglode 2014 en la modalidad cuento hay una historia que provoca risa y desconcierto al principio; y asombro, respeto e inspiración después.  
Vladimir Tatis Pérez (Santo Domingo, 1968) decidió un día que quería ser escritor. Así sin más. Porque sí.
Egresado de la escuela de Publicidad de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Tatis había destacado como teatrero y como escenógrafo para eventos en el país cuando decidió completar estudios en España en 1998.  Regresó y se fue otra vez en 1999 con la idea de volver en dos años.
Pensaba que todo iba a salir bien, dice Tatis, que cumpliría el sueño europeo y regresaría a Santo Domingo convertido en un gran escenógrafo a robarse el “mundo dominicano”.   
“La realidad me dio duro”, confiesa a LISTÍN DIARIO. Porque Tatis comprendió que ser emigrante y además pobre y artista “no es tan fácil como nos lo planteamos y lo idealizamos”.  
Se quedó en Madrid. Allí participó en grupos de teatro y se movió en el mundo de las artes pero para el año 2000 comprendió que la realidad no cubría su necesidad, que no podía seguir jugando a ser artista y que tenía que trabajar.
“Convertirme en un hombre, decía mi mamá”.  
España era entonces, y sigue siendo, muy competitiva, admite. Aunque todos se sorprendían de su currículo, mantener un trabajo estable en el área que quería era complicado: en Santo Domingo los artistas son pocos y todos se conocen, allí son un millón y la competencia y el “exceso” de talento es fuerte.
Trabajó en todo lo honrado y correcto que puede hacer un hombre y terminó lavando platos en un restaurante y más tarde como cocinero.  
Adiós al teatro, a la pintura, a las escenografías y a la vida bohemia.
“Tuve que decidir entre comer y jugar a ser artista. Y decidí ser escritor para salvar la soledad. Quería descargar esa frustración de no poder hacer teatro, no poder pintar ni hacer escenografías y estar muy lejos del mundo cultural que me funcionaba en Santo Domingo”.    
Al principio tuvo problemas con el estilo y la redacción.
“El conflicto de un escritor fluye entre la creatividad y el manejo del idioma, de las herramientas de la lengua. Hay gente que escribe muy bien, correctamente, pero sus historias no son buenas”.  
Él quería que las suyas lo fueran y estuvieran, además, bien escritas. Pero cuánto le costó, asegura.  
Así, mientras fregaba y le tomaba gusto a su nuevo pasatiempo, se interesó en los talleres de lectura y escritura.
Tatis no cumplía con los “requisitos” que se suponen asumidos en un aspirante a escritor. No leía mucho de pequeño, no conocía a los grandes escritores ni tenía talento para la escritura.  Su historia, dice, sirve para desmitificar un poco la idea de que para ser escritor hay que nacer escritor y tener un talento fuera de este mundo.
“Hay muchos que se pasan la vida leyendo y no son escritores. Soy el mejor ejemplo de que si trabajas con esfuerzo, con dedicación y perseverancia sí puedes conseguirlo. Se puede aprender y lo logras también con talento, por supuesto, y con vivir para eso: para observar el mundo como escritor”. 

Novelas
Tatis concluyó en 2002 una primera novela sobre la historia de su abuelo.  
“Malísima. Pero la conservo como una cura de humildad, para cuando se vayan a subir los humos a la cabeza recordarme cómo empecé”, sonríe.  
¿Por qué lo dice? Cuando Tatis le dio a leer la historia a unos amigos, se la devolvieron rayada y observada.  Qué decepción.
“Yo vivo de cura de humildad en cura de humildad. Cuando vi que me devuelven todo el libro marcado y señalado digo ‘uf, esto no puede ser’. Seguí escribiendo y me acerqué a la Escuela de Escritores de Madrid”.
Allí aprendió sobre las técnicas de escritura y a trabajar los personajes. Hacía los ejercicios en casa y seguía con sus novelas.  
A ese primer intento siguió una especie de documental sobre la historia de España de finales de los 50 y principios de los 60 que le sirvió para entender e integrarse a la sociedad española.   
Luego escribió “Mutilado”, la historia frustrada de un chico que soñaba ser Grandes Ligas mezclada con los desalojos de la época de Balaguer; “¿Quién mató al ángel blanco?”, ambientada en la República Dominicana con el trasfondo de la cultura de la lucha libre;  y “Mátalo”, la novela que Tatis considera su producto mejor logrado y que contó con la ‘curaduría’ del escritor cubano afincado en Madrid Ronaldo Menéndez.  Su última obra, “Panteón 479”, cuenta una historia relacionada con el robo de chatarras.

Cuentos
Como Tatis sospechaba que sus amigos dominicanos no leían las largas historias que les enviaba (para conocer su opinión) pensó escribir historias más cortas para que le leyeran.   
Entonces se dio cuenta de que para escribir relatos necesitaba mucho más entrenamiento y dedicación que para escribir las novelas.
“Por eso digo que escribir es un oficio ingrato, porque le dedicas mucho tiempo para lo que te devuelve. Es decir, tienes que tener muy claro que no quieres fama ni dinero, sino la satisfacción de crear una historia y que te lean a lo mejor dos o tres personas. La escritura, incluso el arte, no la veo para vivir de eso. Siempre lo he dicho, creo en el arte del aficionado”.   
¿Por qué, entonces, decidió participar en un premio literario?  
Esa es la parte incompresible de esta historia. Los libros de Tatis están en gavetas. Su escritura sólo se puede disfrutar en sus colaboraciones para el periódico El Día.  
“Empecé a escribir cuentos para me leyeran en mi país pero nunca llegué a publicarlos, los guardaba y cuando vi que tenía unos cuantos me metí en los talleres de escritura para trabajarlos con profesionalidad, sabiendo que un cuento no es contar lo que le ha pasado a alguien, sino que hay que seguir una serie de reglas y métodos para que sea realmente una buena obra”. 
El cuento premiado por Funglode, “Con la misma moneda”, fue escrito entre 2006 y 2007.  
“En ese tiempo estaba trabajando en la construcción. Quería llevar a mis hijos a vivir conmigo a Madrid, necesitaba ganar más dinero y la construcción daba ese  dinero. Imagínate, yo, blandito, con manos de artista, me puse a trabajar y bendito sea porque ahí encontré muchas historias con la gente y los  personajes que me gustan”.
Tatis se alegra de haberlo escrito en aquellos años porque la historia guarda una fatal similitud con la historia de Monkey Black, el rapero dominicano asesinado en abril del 2014 en Barcelona.
“Me sorprendió la coincidencia. Y me sorprendió también que hayan premiado el cuento”.  
El autor quiso participar en el certamen porque está interesado en publicar sus obras.
“No es fácil publicar. Ni en España, ni aquí. Necesitaba un espaldarazo y si ganaba era un buen comienzo. Yo quiero publicar mis libros pero no quiero autopublicarme. Porque no estoy pensando en los beneficios, sino en la buena edición del libro”.

Realismo sucio
Las historias de Tatis son oscuras.
“Me gusta escribir sobre personajes que no tienen letras, que no salen en los medios. Esa gente anónima te da ese juego de la doble lectura. Quiero escribir para todo el mundo, que el que se acerque a la historia mantenga una relación diferente con el texto”.
Desde que se tomara en serio la escritura ha producido cinco novelas y muchos cuentos. Y ha sido con mucho esfuerzo, apunta.
“He tenido que escribir y reescribir y escribir otra vez. Tengo maletas llenas de papeles de reescrituras. Los conservo porque hay que decirle a la gente que las cosas cuestan trabajo. Que no es justo que vengas de la noche a la mañana y digas ‘voy  a volar´ y creas que vas a salir volando. Para todo necesitas preparación, entrenamiento”.
Antes, expresa Tatis, la musicalidad del habla dominicano se le pasaba a la prosa y sus textos estaban plagados de cacofonía. Con los estudios, dice que ha logrado conseguir esa mezcla del lirismo dominicano, el realismo sucio del barroco y las tendencias literarias del Madrid actual.
“Como vengo del teatro, y el teatro es acción y diálogo, me encanta esa mezcla que logro dar a la escritura”.

22/12/13

Pedro Antonio Valdez y una batalla muy peculiar

El escritor dominicano recrea en “Dromedáriux: la batalla del armario” una historia fantástica que desafía la imaginación del lector infantil.  

Yaniris López
yaniris.lopez@listindiario.com
Santo Domingo

El mundo como lo conocemos está en peligro. Los objetos guardados en los armarios de la casa de Dromedario se sienten ofendidos por el destino final que le dio el hombre a su materia prima y han decidido vengarse. ¿Quién podrá defender el universo? Prepárense para ser parte de un encuentro galáctico, de una contienda jamás imaginada, de la gran batalla entre el Caballero de la Caja de Plata y el Ejército de los Armarios.
Con una larga lista de títulos exitosos que incluyen relatos, novelas y obras de teatro -casi todos premiados-, el escritor dominicano Pedro Antonio Valdez (La Vega, 1968) se inicia en la producción de literatura infantil y juvenil con “Dromedáriux: la batalla del armario”, el libro que le mereció el V Premio de Literatura Infantil El Barco de Vapor Dominicano 2013.
Dromedario, un chico que se considera inteligente pero que detesta hacer las tareas, es castigado durante las vacaciones de verano sin un día de playa junto a su madre y hermana. Debe quedarse en casa, vigilado por la tía Lola. Así que, a falta de auténtica acción, él la crea. ¿O fue provocado?
¿Por qué se rebelan y lo atacan el gato de su hermana, la bota que formó parte de la piel de un cocodrilo, la maleta hecha con el cuero de una mansa vaca, la correa que dice fue una orgullosa boa constrictor admirada y respetada en la selva?
Dromedáriux tiene que defenderse. Con la ayuda de la princesa Natalya y el poder de la Caja de Plata, debe crear su propio ejército de “transformers” y defender el mundo. ¿Quién ganará la batalla?
La bitácora a dos tiempos de Dromedario –el real y el ‘verdadero’- no es lo que el lector prejuiciado con la literatura infantil se imagina. Es la narración, a la velocidad de un rayo y con una destreza que atrapa, de una batalla que tiene mucho de cine, del mundo de los ‘muñequitos’, de escenas que una vez finalizadas ponen a cien la imaginación infantil y convierten cualquier espacio en un cuartel o en una nave nodriza y cualquier artefacto en una bola de fuego, en una montaña cuadrada, en un equipo transmisor…
En todo lo que la febril imaginación de Valdez ha demostrado que puede hacer con las palabras.


Ping-pong a Pedro

Hay mucho de TV en Dromedáriux... ¿te inspiraste en algún personaje o en alguna serie de ‘muñequitos’ para escribir la historia? ¿O te había hecho ilusión desde siempre crear este tipo de historias fantásticas?

El mundo de la TV, sobre todo el animé y los dibujos animados, debía estar presente en esta historia, porque esa estética está muy presente en la formación de los niños y niñas desde hace un tiempo. En general, la imaginería de los dibujos animados siempre ha estado presente en mi forma de contar las historias. Esa historia la tenía pendiente, en el tintero de la imaginación, desde hace mucho tiempo, hasta que al fin me decidí a escribirla.

¿Cuánto te costó convertir a un chico tan travieso en un héroe de la creatividad y la invención?
No mucho. Simplemente estar a su lado en su forma de ser.

Te inicias con esta obra en la publicación de literatura infantil y juvenil, ¿es la primera que escribes o tienes otras historias infantojuveniles guardadas por ahí?
Siempre he tenido presente escribir para niños. En la década de los noventa escribí una obra de teatro infantil; y en una época escribí poesía y cuentos infantiles.

¿Cómo ves la literatura infantil en RD? ¿Qué piensas del contraste entre historias de fantasía (como esta) que ponen a reflexionar al niño lector de forma divertida y aquellas historias de claro perfil moral que, pese a sus buenas intenciones, terminan aburriendo a los pequeños…?
Aquí tenemos buenos escritores de literatura infantil, sobre todo de poesía y cuento, en la capital y en las provincias. Creo que la literatura infantil debe ser parte del juego de la niñez. Sabemos que los niños y niñas juegan para aprender, y la literatura debe sumarse a este proceso. Lo primero, si tengo que plantear un orden, es que los lectores se diviertan; lo segundo, muy cerquita de lo primero, es que aprendan algo.

La historia sugiere un fin que no es fin, ¿viene una serie de Dromedáriux?
Sí, Dromedáriux es una serie. El chico se seguirá metiendo en problemas porque los niños, como sabemos, son inagotables.

(+) Otros libros del autor
Pedro Antonio Valdez ha publicado, entre otros títulos: “Papeles de Astarot” (1992), “Última flor del naufragio” (1995), “Paradise” (1998), “Bachata del ángel caído” (1999), “Naturaleza muerta” (2000), “La rosa y el sudario” (2001), “Narraciones apócrifas” (2005), “Carnaval de Sodoma” (2002, llevada al cine por el director mexicano Arturo Ripstein), “Palomos” (2010), “Mitología de bolsillo” (2011) y “La Salamandra” (2012).

21/12/10

¿Son tímidos los escritores dominicanos?

EL DIRECTOR EJECUTIVO DE LA FUNDACIÓN CORRIPIO DICE QUE HAY UN EXCESO DE PUDOR EN LOS ESCRITORES LOCALES QUE NO LES AYUDA A PROMOCIONAR SUS OBRAS

Y.López
Santo Domingo
Los escritores locales no ayudan mucho en la difusión de sus obras. Son tímidos, hay un exceso de pudor que les impide promover sus creaciones. A duras penas se consigue que participen en uno que otro programa televisivo o radial.
Lo dice el escritor, músico, historiador y ensayista Jacinto Gimbernard Pellerano, director ejecutivo de la Fundación Corripio, institución que ha editado parte de las más valoradas colecciones de libros escritos por dominicanos.
Gimbernard destaca que eso no ocurre fuera del país, donde se ve que los ganadores de premios internacionales viajan muchísimo para promover sus obras, aunque admite que existe una maquinaria detrás de la promoción que incluye a los autores y que es determinante en la venta de los libros.
"Yo creo que hay tal vez un exceso de pudor en los autores dominicanos que les impide promover sus obras, ir a la televisión, a la radio, hacer charlas acerca de sus libros. No quieren hablar de ello, dicen que otros deben decirlo, no ellos mismos. Yo mismo no me escapo de eso, no me gusta hablar de mis libros”, explica Gimbernard.

Algunos podrían considerar que se trata de soberbia y no de timidez, más si se toma en cuenta lo difícil que resulta para los comunicadores sociales (sólo por colocar un ejemplo conocido) convencer a los autores e intelectuales locales más reconocidos para que participen o colaboren en debates que serán publicados en la prensa. Muchos de ellos, de hecho, son considerados prepotentes e inaccesibles.“No. Estoy seguro que no”, responde Gimbernard. “Es exactamente lo contrario. He tratado a algunos de los escritores importantes de aquí y les resulta difícil hacer sus cosas, explicar su obra. Dicen ya escribí el libro, lo terminé y lo entregué a la editora, ellos sabrán (las editoras) cuándo lo publicarán y qué hacer con eso. No es por orgullo, como escritor simplemente hago lo que puedo con mi creación, encima no me voy a poner a decir que soy una maravilla, que ese libro es muy bueno”.
En ese aspecto, señala Gimbernard, hacen falta suplementos literarios que, como Isla Abierta, daban a conocer y explicaban las creaciones de los escritores criollos.

Y sigue: “José Alcántara Almánzar, por ejemplo, tiene una postura muy humilde. Yo recuerdo que Pedro Mir, en una ocasión que estábamos juntos en Marbella, me contaba de que cuando él terminaba una obra era un pedazo de su alma que estaba entregando y que cómo él iba a decir que su alma era buena, o que su alma era valiosa. Eso es lo que pasaba. Yo creo que hay un exceso de pudor en eso. Yo no critico a quienes se van de boca, que los hay, pero en nuestro caso sucede que parece que hay mucha timidez en la promoción y eso a nosotros nos cuesta trabajo, porque los autores de los libros que publicamos no quieren involucrarse en una promoción, apenas uno consigue que vayan allí y que digan algo, y lo hacen con timidez”.

Mejor mecanismo de distribución
Aunque los libros que edita la Fundación Corripio se colocan en las librerías locales, Jacinto Gimbernard dice que no existe un mecanismo efectivo que permita la difusión y distribución en el país y en el extranjero.
“Nos hace falta un mecanismo de mercadeo para seguir publicando libros porque hay una inversión enorme en volúmenes. Nosotros no sólo imprimimos los libros, también les pagamos a los autores, el proceso es costoso, y por eso estamos dándoles vueltas a la cabeza, para encontrar un mecanismo para difundir y mercadear los libros aquí y afuera”.
En su experiencia como embajador y miembro del cuerpo diplomático dominicano en Europa, Gimbernard considera que las embajadas dominicanas tampoco tienen un mecanismo efectivo para distribuir el material que se les manda. Asegura que en ocasiones han encontrado en los locales consulares las cajas de libros sin abrir.
“Necesitamos hacer contacto comercial. Tenemos aquí autores muy valiosos y es una pena que no se conozcan fuera. He oído esa queja, visitando algunos países me han dicho que no tenían idea de que tal escritor es dominicano pero es que debe haber un mecanismo de promoción”.

20/8/09

Orlando Muñoz: «Nos debe tantas promesas este mundo»


En "Santo Domingo, año cero y en curso…", su segundo poemario, el poeta, ensayista y profesor describe las miserias del país y propone inventar otra nación

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Yaniris López
La Generación/LD

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¿Puede la poesía ser desgarradora y exquisita a la vez? ¿Cruel y esperanzadora al mismo tiempo? ¿Es posible desnudar con palabras el lado más oscuro de una ciudad, de una república, que según la historia debió gozar de mejor suerte, y hacerlo con gracia, ritmo y formas perfectos? El joven autor dominicano Orlando Muñoz lo ha conseguido en Santo Domingo, año cero y en curso… (Ángeles de Fierro, 2009), su segundo libro de poesía.
En 20 poemas en los que caben todas las sensaciones, todas las formas expresivas (incluidos versos de ensueño, gritos y maldiciones), Muñoz pasa de la rabia infinita que le provoca observar el estado “cero permanente” en que está sumida Santo Domingo a proponer una nueva nación que saque de la inercia a los dominicanos y los obligue a plantarse, a abrazarse, a jugarse la esperanza. LISTÍN DIARIO conversó con él.

Pintas un Santo Domingo espantoso que agoniza en sus miserias. Incluso te atreves a echarle en cara a la ciudad muchas situaciones. ¿Qué te provocó tanto pique que decidiste convertir en arte temas cotidianos que distan mucho de inspirar poesía?

En verdad me parece que, en este caso, la realidad supera al arte. A mi entender, apenas he representado una muestra de las desmesuras a que se expone la condición humana en nuestra isla y en nuestra ciudad. De hecho, una simple lectura de la prensa dominicana un día cualquiera resulta ser, con frecuencia, una experiencia más desgarradora para el espíritu que lo que sugieren mis versos. El caso es que nada hay que deba ser ajeno a la poesía, que procede de la vida y vuelve a ella, inexorablemente. Predomina lo espantoso, es verdad, pero le opongo la esperanza, la justicia, el amor…

“He aquí la tierra reiteradamente violentada. He aquí la república en su año cero permanente”. ¿Qué es estar en un año cero permanente?

Es estar a punto de ser algo y no lograrlo. Pero el cero es ambiguo: expresa al mismo tiempo vaciedad, nulidad, insignificancia y, curiosamente, representa también el punto de origen en una escala. La nada y la posibilidad de alguna cosa, sin que una se imponga a la otra… pero el tiempo pasa y no definimos ningún rumbo.

Recurres a otros poemas, a otros poetas, a personajes de la historia dominicana como si les pidieras redención…

Sí, se trata de un diálogo con nuestro ser en el tiempo. Con los hombres y las mujeres que han cuestionado y tratado de definir nuestra identidad; con nuestros patriotas y nuestros poetas, cuyos ideales han sido traicionados de mil maneras desde 1844 hasta la fecha. Reivindicar esos ideales es el primer paso necesario hacia la redención posible de nuestra sociedad, decepcionada hasta la saciedad por la avaricia y la corrupción.

En ocasiones explotas junto con las letras. Es un poco impactante, porque una no puede evitar ir subiendo el tono contigo, agitarse, atormentarse y luego maldecir y explotar contigo, hasta que llega la calma. ¿Estamos asistiendo a una nueva poesía, a una poesía con movimiento, dura, más realista, menos idílica? ¿O es la misma de siempre con letras nuevas?

Así nos sentimos a veces, como materia repugnante, como el insecto kafkiano, en una sociedad que te cierra con frecuencia tantas puertas. No estoy seguro de que se trate de una nueva poesía, digamos que es mi manera personal de leer y escribir el mundo que nos rodea y nos provoca. Y como el mundo que habitamos dejó de ser idílico hace siglos, la auténtica poesía también.

Nada parece escapar a tu rabia: ni los políticos, ni los golpes de barriga, ni los golpes de vagina, ni los “diarios que aturden a la gente y luego engrosan enormes vertederos”...
Podríamos decir que todos ellos contribuyen de cierta manera a desdibujar el mundo que habitamos. Expresan sus miserias, su desequilibrio, el grado cero de lo social: lo antisocial por excelencia. Pero si te fijas bien, no todo es negativo; hay atisbos de otro tipo de realidad en mi libro: “Un sí biológico y fraterno se impone / la voluntad del niño / contra la muerte…”.
De hecho, el amor, en tanto experiencia creadora fundamental, es el fantasma que se busca, se cuela y se propone desde el principio y hasta el final del libro…

¿Desahogo personal? ¿Una llamada de alerta? ¿Para quién escribes?

Escribo para mí y escribo para los demás. Puesto que la escritura es acto social, desde el cual uno mismo dialoga con el otro, con el prójimo y con el extraño. Con esa otredad tan diversa que trasciende tiempo y espacio. En fin, a través de mis poemas dialogo con los hombres y las mujeres que me precedieron, que me rodean y que me sucederán.
Ellos dijeron su palabra, la dicen y la dirán; y al entrar en relación dialéctica con ellos, yo digo la mía. Y la digo por necesidad, por urgencia, por amistad con la vida, por combatir el silencio, que suele ser amigo de la muerte…
 

Dices: “Nos debe tantas promesas este mundo”. ¿Cuáles? ¿Qué tipo de promesas? ¿Esperas verlas cumplidas algún día?
En el ejercicio de la política y la religión, por sólo mencionar dos de las actividades de mayor incidencia en la vida de las personas, se nos ha prometido tantas cosas: paraísos, progreso, amor, justicia, pan, techo, libertad, armonía, trabajo, respeto, paz, democracia, verdad… y sin embargo, se ha mentido tanto, se ha manipulado y estafado tanto, que pareciera que todo esto es imposible, que no es más que pura utopía, algo sin lugar en la realidad.
Pero procurarlas da sentido a la existencia. Lo que esperamos es que podamos vivir en un mundo más equilibrado, más equitativo, con menos incoherencias entre las palabras y los hechos. Yo no sé si un día podremos ver cumplidas todas las promesas, pero creo que tenemos derecho a procurar hacer realidad nuestros ideales de justicia y a exigir que no nos mientan tan descaradamente como lo hacen día a día…

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Poeta, ensayista y profesor
Orlando Muñoz nació en Laguna Salada, provincia Valverde. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y posee una maestría en Gerencia Educativa por la Universidad Iberoamericana. Es profesor de Lengua Española en el Colegio Jaime Molina Mota y en la UASD.
Ha publicado dos libros de poemas: “Entre pétalo y espina” (2007) y “Santo Domingo, año cero y en curso…” (2009) y un libro de enseñanza de la lengua, así como poemas y ensayos en once números de la revista del Círculo Literario El Aleph y en tres publicaciones del Taller Literario César Vallejo. Actualmente tiene en proceso de edición otro libro de poemas y a punto de terminar otro libro de carácter académico.
Aunque hasta el momento se ha decidido por la poesía, la canción, la didáctica y el ensayo, “para el futuro, si las musas me acompañan, también podría dar a conocer teatro y narrativa”, dice Orlando.
Lee sus poemas en su bitácora peregrinario.blogspot.com.

24/3/08

Hora cero (Pedro Vergés, dominicano) *

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Hay domingos, como te iba diciendo,
en que uno bebe hondos silencios, amargos
como vino de sangre, domingos inconclusos y tediosos
en que el mar palidece y una sombra se ciñe a nuestra sombra
y el aroma de un cactus penetra la indomable
parsimonia del tiempo, y tú no estás,
y nadie, ni siquiera yo mismo, se encuentra en los contornos.
Hay domingos en los que los objetos, estas cerillas retorcidas
por su propio fuego,
como mi corazón,
estos floreros, estas flores que mueren,
como mi corazón, claman, piden, asedian,
se interponen en todo, me hacen sentir
que todo lo he perdido.
Hay domingos así.
Hay domingos de largas avenidas.
Hay domingos sin tregua, sin un solo coral, sin una sola ola,
Sin esa diminuta piedrecita de ámbar
que uno quisiera a veces encontrar en la vida.
Hay domingos como éste, en los que tú no estás ni yo respiro,
domingos coleópteros, afiebrados,
como largos discursos,
domingos con sus telas, domingos con sus lienzos,
domingos con sus listas de todos los domingos,
con sus pequeños ruidos, su teléfono,
domingos que te allanan y te violan,
acotadas marismas donde un alud de nada
y de piedras sin nombre
imitan la espesura, tienden trampas amargas,
cabinas que cobijan la luz lunar y el tedio.
Hay domingos inciertos, domingos como hechos
para el hombre que soy en esta hora.
Hay un Santo Domingo y un maldito domingo,
un maldito domingo aquí en Santo Domingo,
un domingo que es todos los domingos,
un asqueroso y nauseabundo día domingo
que se prolonga indefinidamente.
Un domingo que contempla su lunes, su semana irrestricta,
como si se mirara en un espejo.

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* Como mi depre es eterna, este es uno de mis poemas favoritos. Lo encontré publicado no sé cuándo en la revista Umbral como parte de una selección de poemas inéditos del autor nacido en Santo Domingo en 1945.