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21/3/14

Ser poeta en tiempos de mezquindad


En el Día Mundial de la Poesía, poetas dominicanos reflexionan sobre la poesía a partir de la frase del alemán Friedrich Hölderlin: “¿Para qué sirven los poetas en tiempos de mezquindad?”

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Yaniris López
Yaniris.lopez@listindiario.com
Santo Domingo
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Mucho se ha hablado y escrito en los últimos años sobre el aparente estado de agonía en que se encuentra la poesía.
Sus críticos -y en ocasiones sus propios creadores- se quejan de que solo es leída por los mismos poetas que la escriben y un público pequeñito que se mantiene fiel al género; que los temas clásicos que la inspiran han pasado de moda y que los tiempos actuales, tan desalentadores, no son favorables ni para la escritura ni para la lectura poéticas. De hecho, muchos se preguntan si en un mundo matizado por la violencia, el pesimismo y la desesperanza, la poesía sirve para motivar cambios sociales y personales, si vale la pena consumirla o pagar por ella.
Sin embargo, pese a los malos augurios que siempre le han acompañado, el oficio del poeta sigue siendo motivo y objeto de inspiración, admiración y aplausos. 
A propósito de celebrarse hoy el Día Mundial de la Poesía, varios poetas dominicanos de diferentes generaciones comparten con LISTÍN DIARIO sus impresiones sobre el género tomando como referencia precisamente esa frase agorera del poeta alemán Friedrich Hölderlin: “¿Para qué sirven los poetas en tiempos de mezquindad?”.

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“La poesía libera, transmuta…”
La poesía es la más sublime manifestación del espíritu humano: transcribe la vocación literaria  acicalada por los duendes de la creación y la cultura. La poesía es la lengua en un nivel  de inspiración y ejercicio trashumante del verso. Los poetas son videntes, alcanzan a ver más allá de la miopía cotidiana y estatuyen en libertad, los hondos suspiros del alma humana. Es cierto lo que señaló el iluminado Hölderlin, él, que  hablaba con los ángeles en la ventana de su hogar, y entendió siempre la vida como don gratuito y generoso. Los tiempos de mezquindad son los tiempos del mercado donde todo se compra y se vende, los tiempo de la corrupción del idioma, de la degradación y de la deserción de toda noción ética y de amor por los demás. Pero sirven los poetas para  notificarnos en cada amanecer que hay otros placeres superiores, otras formas de vivir más plenas y hermosas. La poesía libera, transmuta, rehace el universo de las imágenes. El mundo debió crearse bajo un rito de energías y danzas donde la metáfora  flamígera de Dios designó los lugares y los sueños. Primero fue  el verbo.  En tiempos de mezquindad los poetas se asoman tímidamente a la verbena, no es su fiesta, pero la suya llegará esplendente, y entonces los aedas servirán para gestar los besos y la paz florida de un mundo nuevo, de belleza y gloria para siempre. 

Tony Raful (Santo Domingo, 1951). Poeta, ensayista, investigador y político. Premio Nacional de Literatura 2014. Primer Secretario de Cultura (2000-2004). Ha publicado, entre otros, “La poesía y el tiempo”, “Gestión de alborada”, “Abril, nacen alas delante de tus ojos”, “Visiones del escriba”, “Pájaros y horizontes sitiados” y “La loca del café sublime”.

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“La forma más lúcida y más profunda
de acercar al ser humano a la verdad”

La poesía, en cuanto que expresión de lenguaje y pensamiento, oral, gestual o escrito, ha permanecido y ha evolucionado de crisis en crisis; es decir, como la humanidad misma. Fue la primera forma de pensamiento escrito; lo que los griegos presocráticos llamaron mitopoiesis. Pero, algo más importante, e independientemente de si se lee o no, de si la siguen y memorizan las masas o las élites, de si es más popular que la novela o no: la poesía es la forma más lúcida y más profunda de acercar al ser humano a la verdad; a las virtudes y a las miserias del mundo y la realidad. El poeta, sea en tiempos de esplendor de la justicia y el progreso social o en tiempos de mezquindad y demagogia, lleva consigo el don de describir y perpetuar las verdades incómodas de la historia de la humanidad. Más allá del instinto de muerte imperante en el mundo, la poesía sobrevivirá.

José Mármol
(La Vega, 1960). Poeta y ensayista. Premio Casa de América de Poesía Americana 2012. Premio Nacional de Literatura 2013. Es autor de los poemarios “El ojo del arúspice”, “Encuentro con las mismas otredades I y II”, “La invención del día” (Premio Nacional de Poesía, 1987), “Lengua de paraíso” y “Lengua del mar”, entre otros. 

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“La poesía ilumina el mundo”
En la sociedad de mercado y de la información que estamos sumergidos, que ha hecho de la producción, del consumo y la tecnología los nuevos dioses, en la modernidad líquida que ha debilitado los vínculos humanos en el vértigo de los cambios, la poesía no tiene valor externo, no vende, no da poder, no sirve para nada. Y en esa falta de utilidad radica su valor, su capacidad para elevarnos sobre el vacío y la indigencia espiritual en que agonizamos. La poesía ilumina el mundo, restablece el misterioso nexo que nos une con las cosas, nos permite ver lo invisible, imaginar lo que no existe para de tanto imaginarlo hacerlo realidad, escuchar esa “otra voz” a la que se refiere Octavio Paz: del hombre que está dormido en el fondo de cada hombre, voz de la pasión –y de la compasión- que nos hace salir de nosotros mismos para ir hacia el otro, a lo más hondo esencial donde no hay banderas, ni ideologías, ni los fanatismos de la fe. Solo el ser. Y su temblor.

Soledad Álvarez (Santo Domingo, 1950). Poeta, ensayista y crítica literaria. Autora de los libros de poesía “Vuelo posible” y “Las estaciones íntimas” y de la antología “La ciudad en nosotros. La ciudad en la poesía dominicana”. Sus poemas han sido incluidos en numerosas publicaciones y antologías dominicanas y extranjeras.

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Pasto para una política del libro y la lectura
En cada etapa de crisis del orden cultural surge el tema de la muerte de la poesía. Entonces, deviene en mí una visión muy antigua que tengo estacionada en la memoria y que me atormenta cada segundo del día y de la noche. Esta es la escena, recurrente, de una poeta que se pasea desnuda por los salones del Senado de la República, exhibiendo orgullosa y despistada dos finas serpientes que le cuelgan como aretes de las puntas de sus tetas. Es la definición más exacta que tengo sobre el carácter utilitario y su paradójica promesa de muerte. Lo demás es pasto para una política del libro y la lectura. El apocalíptico designio que debieran resolver los capos de la farándula cultural. Hoy más que nunca adquiere vigencia la sentencia del Alemán sobre poesía y mezquindad. El panorama local ha convertido a casi todos los poetas en difuntos encorbatados que solo promueven su propia mendicidad.

Pastor de Moya (La Vega, 1967). Narrador, poeta y artista visual. Ha publicado los poemarios “El humo de los espejos”, “ El alfabeto de la noche”, “Jardines de la lengua” y “La Piara”.

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Poesía que da voz, alimenta el alma y sensibiliza
En tiempos de sordidez y mezquindad, ante la falta de amor y compasión, ante las maquinaciones de los traidores, ante la insensatez de los corruptos, ante la desfachatez de los estafadores, ante la coraza de los crueles, la poesía se escribe y se lee para sensibilizarnos, para descubrir o denunciar argucias y desmanes, para iluminar sendas oscuras, para reconocer al yo y al otro, para dar voz a los enmudecidos, para alimentar el alma con los dones del espíritu, para inducirnos hacia las cosas esenciales de la vida, para insinuar o conquistar  mundos posibles y, en fin, para reivindicar la bondad, el bienestar, la verdad y la belleza.

Orlando Muñoz
(Valverde, 1972). Poeta, ensayista y profesor. Ha publicado los poemarios “Entre pétalo y espina” y “Santo Domingo, año cero y en curso…”.

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“En tiempos de mezquindad el poeta
–más que nunca- debe cantar al amor”.
El poeta sirve -en cualquier tiempo- a través de la palabra, o sea el servicio que presta el poeta es crear poemas. Luego, los poemas enriquecen el lenguaje, la cultura del ser humano. Si seguimos paso a paso las distintas emociones y hechos que provocó la lectura de un poema, nos quedaríamos sorprendidos de la diversidad de estos: a una persona un poema le puede provocar ir al baño, a otra le puede inspirar cometer un asesinato o salir en busca de un viejo amor o de una prostituta; asimismo, todas las revoluciones contaron con poemas que las enardecieron.
Siempre que el poeta sirve como poeta lo hace a través de palabras, como creador de poemas, independientemente de los temas que aborde. Siendo excesivamente literal, yo diría que en tiempos de mezquindad el poeta sirve para hacer poemas mezquinos, o seamos iluminados: en tiempos de mezquindad el poeta –más que nunca- debe cantar al amor.

Homero Pumarol
(Santo Domingo, 1971).  Ha publicado “Cuartel Babilonia”, “Second Round”, “Fin de carnaval" (finalista en el Concurso Hispanoamericano de Poesía de la editorial Vox, 2010) y “Poesía reunida 2000-2011.

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Poesía que nos guía de vuelta a casa
No creo que el poeta sirva para mucho. Pensemos en uno de esos viejos fareros locos que aparecen en los cuentos de antaño. De día los pescadores lo ven, se burlan, le preguntan si está loco y qué pretende hacer todo el tiempo metido en ese faro. Sin embargo, él apenas los oye. Al prender el faro en la noche su luz se sumerge en las oscuras aguas del mar e intenta alcanzar el horizonte. A aquellos pescadores que se pierden en la lejanía del mar, maldiciendo porque nunca más retornarán, la luz del faro es la que los guía y los trae de vuelta. Así como el farero, el poeta quizás no sea muy popular o sirva para desempeñar un papel social, pero es él quien se encarga de escribir esa poesía que al final del día es la que nos guiará de vuelta a casa.

Frank Báez (Santo Domingo, 1978). Poeta y narrador. Ha publicado los poemarios “Jarrón y otros poemas” y “Postales” (Premio Nacional de Poesía Salomé Ureña 2009).

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Un mundo inmenso que atrapa las palabras
En estos días he estado releyendo a San Juan de la Cruz, Quevedo, Jorge Guillén y los románticos ingleses y cada vez más pienso que la poesía juega un papel extraordinario.  La he definido de diversas formas en cada etapa de mi vida y  ahora la veo como una necesidad espiritual.  Muchos piensan en poesía  como la esencia de poder vivir en unos ojos, en una forma de caminar, en el verdor de la naturaleza o en la brisa que acaricia levemente a unos amantes y entonces se dirá que el poema es la concreción de esa esencia en un soporte que podría ser un libro y el poeta sería el creador que para Huidobro sería un pequeño Dios.
Si hablamos de los géneros literarios y el mercado sabemos que la narrativa y sobre todo la novela tiene más posibilidades  de venta que la poesía y eso nos hace parecer que la gente en sentido general prefiere que le cuenten historias y no que simbolicen a través de las palabras aspectos que resultan a veces alejados de la cotidianidad y no es que valoremos más una poesía sencilla que una compleja, valen tanto para mí los textos de Nicolás Guillén que se pueden fácilmente musicalizar que los de José Lezama Lima, Lorca, Pedro Mir o los de Manuel Rueda.  El amplio espectro y la riqueza de la poesía tiene un abanico de posibilidades que van desde el hermetismo de Mallarmé hasta la incursión de la cotidianidad en Walt Whitman. El Día Mundial de la Poesía debe servirnos para acercarnos a ese mundo inmenso que atrapa las palabras y las convierte en esencia de la vida misma.

Mateo Morrison
(Santo Domingo, 1946). Poeta, ensayista y abogado. Premio Nacional de Literatura 2010. Ha publicado los poemarios “Aniversario del dolor”, “Visiones del transeúnte”, “Si la casa se llena de sombras”, “Soliloquio desnudo y otros poemas” y “Espasmos en la noche”, entre otros.

20/8/09

Orlando Muñoz: «Nos debe tantas promesas este mundo»


En "Santo Domingo, año cero y en curso…", su segundo poemario, el poeta, ensayista y profesor describe las miserias del país y propone inventar otra nación

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Yaniris López
La Generación/LD

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¿Puede la poesía ser desgarradora y exquisita a la vez? ¿Cruel y esperanzadora al mismo tiempo? ¿Es posible desnudar con palabras el lado más oscuro de una ciudad, de una república, que según la historia debió gozar de mejor suerte, y hacerlo con gracia, ritmo y formas perfectos? El joven autor dominicano Orlando Muñoz lo ha conseguido en Santo Domingo, año cero y en curso… (Ángeles de Fierro, 2009), su segundo libro de poesía.
En 20 poemas en los que caben todas las sensaciones, todas las formas expresivas (incluidos versos de ensueño, gritos y maldiciones), Muñoz pasa de la rabia infinita que le provoca observar el estado “cero permanente” en que está sumida Santo Domingo a proponer una nueva nación que saque de la inercia a los dominicanos y los obligue a plantarse, a abrazarse, a jugarse la esperanza. LISTÍN DIARIO conversó con él.

Pintas un Santo Domingo espantoso que agoniza en sus miserias. Incluso te atreves a echarle en cara a la ciudad muchas situaciones. ¿Qué te provocó tanto pique que decidiste convertir en arte temas cotidianos que distan mucho de inspirar poesía?

En verdad me parece que, en este caso, la realidad supera al arte. A mi entender, apenas he representado una muestra de las desmesuras a que se expone la condición humana en nuestra isla y en nuestra ciudad. De hecho, una simple lectura de la prensa dominicana un día cualquiera resulta ser, con frecuencia, una experiencia más desgarradora para el espíritu que lo que sugieren mis versos. El caso es que nada hay que deba ser ajeno a la poesía, que procede de la vida y vuelve a ella, inexorablemente. Predomina lo espantoso, es verdad, pero le opongo la esperanza, la justicia, el amor…

“He aquí la tierra reiteradamente violentada. He aquí la república en su año cero permanente”. ¿Qué es estar en un año cero permanente?

Es estar a punto de ser algo y no lograrlo. Pero el cero es ambiguo: expresa al mismo tiempo vaciedad, nulidad, insignificancia y, curiosamente, representa también el punto de origen en una escala. La nada y la posibilidad de alguna cosa, sin que una se imponga a la otra… pero el tiempo pasa y no definimos ningún rumbo.

Recurres a otros poemas, a otros poetas, a personajes de la historia dominicana como si les pidieras redención…

Sí, se trata de un diálogo con nuestro ser en el tiempo. Con los hombres y las mujeres que han cuestionado y tratado de definir nuestra identidad; con nuestros patriotas y nuestros poetas, cuyos ideales han sido traicionados de mil maneras desde 1844 hasta la fecha. Reivindicar esos ideales es el primer paso necesario hacia la redención posible de nuestra sociedad, decepcionada hasta la saciedad por la avaricia y la corrupción.

En ocasiones explotas junto con las letras. Es un poco impactante, porque una no puede evitar ir subiendo el tono contigo, agitarse, atormentarse y luego maldecir y explotar contigo, hasta que llega la calma. ¿Estamos asistiendo a una nueva poesía, a una poesía con movimiento, dura, más realista, menos idílica? ¿O es la misma de siempre con letras nuevas?

Así nos sentimos a veces, como materia repugnante, como el insecto kafkiano, en una sociedad que te cierra con frecuencia tantas puertas. No estoy seguro de que se trate de una nueva poesía, digamos que es mi manera personal de leer y escribir el mundo que nos rodea y nos provoca. Y como el mundo que habitamos dejó de ser idílico hace siglos, la auténtica poesía también.

Nada parece escapar a tu rabia: ni los políticos, ni los golpes de barriga, ni los golpes de vagina, ni los “diarios que aturden a la gente y luego engrosan enormes vertederos”...
Podríamos decir que todos ellos contribuyen de cierta manera a desdibujar el mundo que habitamos. Expresan sus miserias, su desequilibrio, el grado cero de lo social: lo antisocial por excelencia. Pero si te fijas bien, no todo es negativo; hay atisbos de otro tipo de realidad en mi libro: “Un sí biológico y fraterno se impone / la voluntad del niño / contra la muerte…”.
De hecho, el amor, en tanto experiencia creadora fundamental, es el fantasma que se busca, se cuela y se propone desde el principio y hasta el final del libro…

¿Desahogo personal? ¿Una llamada de alerta? ¿Para quién escribes?

Escribo para mí y escribo para los demás. Puesto que la escritura es acto social, desde el cual uno mismo dialoga con el otro, con el prójimo y con el extraño. Con esa otredad tan diversa que trasciende tiempo y espacio. En fin, a través de mis poemas dialogo con los hombres y las mujeres que me precedieron, que me rodean y que me sucederán.
Ellos dijeron su palabra, la dicen y la dirán; y al entrar en relación dialéctica con ellos, yo digo la mía. Y la digo por necesidad, por urgencia, por amistad con la vida, por combatir el silencio, que suele ser amigo de la muerte…
 

Dices: “Nos debe tantas promesas este mundo”. ¿Cuáles? ¿Qué tipo de promesas? ¿Esperas verlas cumplidas algún día?
En el ejercicio de la política y la religión, por sólo mencionar dos de las actividades de mayor incidencia en la vida de las personas, se nos ha prometido tantas cosas: paraísos, progreso, amor, justicia, pan, techo, libertad, armonía, trabajo, respeto, paz, democracia, verdad… y sin embargo, se ha mentido tanto, se ha manipulado y estafado tanto, que pareciera que todo esto es imposible, que no es más que pura utopía, algo sin lugar en la realidad.
Pero procurarlas da sentido a la existencia. Lo que esperamos es que podamos vivir en un mundo más equilibrado, más equitativo, con menos incoherencias entre las palabras y los hechos. Yo no sé si un día podremos ver cumplidas todas las promesas, pero creo que tenemos derecho a procurar hacer realidad nuestros ideales de justicia y a exigir que no nos mientan tan descaradamente como lo hacen día a día…

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Poeta, ensayista y profesor
Orlando Muñoz nació en Laguna Salada, provincia Valverde. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y posee una maestría en Gerencia Educativa por la Universidad Iberoamericana. Es profesor de Lengua Española en el Colegio Jaime Molina Mota y en la UASD.
Ha publicado dos libros de poemas: “Entre pétalo y espina” (2007) y “Santo Domingo, año cero y en curso…” (2009) y un libro de enseñanza de la lengua, así como poemas y ensayos en once números de la revista del Círculo Literario El Aleph y en tres publicaciones del Taller Literario César Vallejo. Actualmente tiene en proceso de edición otro libro de poemas y a punto de terminar otro libro de carácter académico.
Aunque hasta el momento se ha decidido por la poesía, la canción, la didáctica y el ensayo, “para el futuro, si las musas me acompañan, también podría dar a conocer teatro y narrativa”, dice Orlando.
Lee sus poemas en su bitácora peregrinario.blogspot.com.

3/3/09

Divagaciones... (Orlando Muñoz, dominicano)

—Mejor sería que nos fuéramos a dormir.
—Durmamos.
—¿Podría uno decidir con lo que quiere soñar?
—Hay gente que puede.
—Soñaré.
—Pero si no tienes fe, si te duermes con la boca abierta, podría ser una pesadilla.

Continuar...