“Nadie a mí me preguntó para venir a este mundo, pues de la misma manera nadie me puede prohibir cuándo irme”. F. B.
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Los siguientes comentarios los escribí solo para misántropos o aspirantes. Pensaba tuitearlos, pero no me gusta la interacción, y, como es seguro, seguro que más de uno saldrá ofendido, pues…
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1. Me gustó la carta que dejó Fernando Bermúdez. Especialmente la razón por la que se suicidó.
2. Dios, precisamente porque es Dios y todo lo puede, podría crear un mecanismo que le muestre a la persona cómo será su vida. Y que entonces ella decida si quiere nacer o no.
Nota: Ya que nos hizo a su imagen y semejanza... y nos regaló el libre albedrío.
3. Este método le garantizaría que la Tierra nunca estará sobrepoblada ni la Naturaleza (su creación) amenazada. Porque, ja, no todos querrán asomarse una vez sepan lo que les espera.
4. ¿Qué gracia tiene venir al mundo para ser desdichados? Como dice una canción de José Luis Perales: “Nacer para sufrir es un contrasentido”.
5. Mucha gente (ejem) no se suicida ―al margen de los problemas emocionales que tenga― simplemente para no causarle dolor a la familia. Pero ganas no le faltan.
6. No es un acto de cobardía el suicidio, no. Hay que tener valor y unos buenos… para hacerlo.
7. Total, como también dice Batania, el poeta Neorrabioso: “Te hacen la vida otros”.
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2/11/15
Algo sobre el suicidio...
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Yalo
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27/10/14
“Uvieta” (Alberto Cañas)
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©Yalo
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Es una de las obras emblemáticas del teatro costarricense. Publicada en 1980, la trama se desarrolla frente a un bar en el pueblo de San Luis y todas las escenas tienen lugar un domingo cada quince días.
Uvieta, personaje tomado de una obra de la autora Carmen Lyra, es un hombre medio loco que siempre anda enterado de todo lo que pasa en el lugar, pero parece no saber nada sobre la muerte -de un balazo- del señor Sanabria, en un hecho en el que resultó gravemente herida la bella esposa del señor en cuestión, de quien Uvieta está muy enamorado.
Chico, el dueño del bar que recibe a los conversantes; una moza (Rosalinda) obligada a casarse con un anciano enfermo que espera que muera pronto para poder casarse con el profesor del pueblo; un policía enviado a San Luis para que aclare la muerte de Sanabria; un mozo de pasado oscuro acusado de haber cometido el crimen y dos ancianas del pueblo conforman el resto de los personajes inmediatos de la obra.
Resulta que el día en que ocurrieron los hechos Uvieta encontró a una vieja trepada en su mata de mango y desea, por robona, que no baje nunca. Y, efectivamente, la señora no pudo bajarse de la mata.
Para ver cómo era la cosa, Uvieta convida al policía que fue a investigarlo a que se suba a la mata y tome un mango. Y piensa: “Que tampoco se baje nunca”, y así fue.
Pero cosa rara, el policía no vio a la viejita que estaba con él. Cuando Uvieta le cuenta a Chico lo ocurrido deciden que quien debe bajar es el policía, por si acaso. Y de sólo pensarlo Uvieta, el policía bajó.
El caso es que a partir de que la viejita está encima de la mata en el pueblo no se muere nadie: ni la señora que está grave en el hospital ni el viejo esposo de Rosanlinda. Nadie. Chico deduce, dado los hechos, que a quien Uvieta tiene encima de la mata de mango es a la muerte, y que por eso no se muere nadie en el pueblo. Y Uvieta no quiere soltarla porque entonces se muere la señora que ama.
Ocurre que un ángel disfrazado de una viejita que se hace llamar Lorena, prima hermana de la muerte y a quien le encanta decir malas palabras cuando baja a la Tierra (ya que no puede hacerlo en el cielo), llega a San Luis para tratar de convencer a Uvieta de que debe dejarla bajar porque si no lo hace no se imagina lo que ocurrirá en el mundo si nadie muere.
Aunque no quiere al principio, Uvieta no tiene más remedio que ceder porque, además, el ángel sabe su secreto: fue él quien mató a Sanabria una noche en que el señor maltrataba a su esposa, y debía ser castigado.
El ángel decide resolver la situación de este modo: la esposa de Sanabria viviría, pero él no podría verla; el esposo de Rosalinda morirá unos días después de muerte natural y ésta podrá casarse con el profesor; y Uvieta debía confesar el crimen –le tocaban menos años en la cárcel por ello- para que el mozo encerrado pudiera salir libre.
Así se hace, y Uvieta le cuenta lo que pasó al policía: que, aunque resultara increíble, la señora de Sanabria y él era amantes, y que no pudo soportar que una noche que le servía de chofer al señor Sanabria y llegaban de una fiesta desde San José, éste le disparara a su esposa en medio de una discusión, por lo que Uvieta corrió a la habitación donde sabía que había una pistola y le disparó a Sanabria.
Pero el policía lo deja ir en paz a su casa, convencido de que Uvieta no había cometido el crimen, porque, pensó: “Hay algunos que sólo para que la gente crea que de veras se echaron una mujer al pico, son capaces de exponerse a quince años de cárcel”.
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Literatura del Caribe Hispánico
Maestría en Literatura
Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD)
Profesor: Eulogio Javier
2008
©Yalo
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Es una de las obras emblemáticas del teatro costarricense. Publicada en 1980, la trama se desarrolla frente a un bar en el pueblo de San Luis y todas las escenas tienen lugar un domingo cada quince días.
Uvieta, personaje tomado de una obra de la autora Carmen Lyra, es un hombre medio loco que siempre anda enterado de todo lo que pasa en el lugar, pero parece no saber nada sobre la muerte -de un balazo- del señor Sanabria, en un hecho en el que resultó gravemente herida la bella esposa del señor en cuestión, de quien Uvieta está muy enamorado.
Chico, el dueño del bar que recibe a los conversantes; una moza (Rosalinda) obligada a casarse con un anciano enfermo que espera que muera pronto para poder casarse con el profesor del pueblo; un policía enviado a San Luis para que aclare la muerte de Sanabria; un mozo de pasado oscuro acusado de haber cometido el crimen y dos ancianas del pueblo conforman el resto de los personajes inmediatos de la obra.
Resulta que el día en que ocurrieron los hechos Uvieta encontró a una vieja trepada en su mata de mango y desea, por robona, que no baje nunca. Y, efectivamente, la señora no pudo bajarse de la mata.
Para ver cómo era la cosa, Uvieta convida al policía que fue a investigarlo a que se suba a la mata y tome un mango. Y piensa: “Que tampoco se baje nunca”, y así fue.
Pero cosa rara, el policía no vio a la viejita que estaba con él. Cuando Uvieta le cuenta a Chico lo ocurrido deciden que quien debe bajar es el policía, por si acaso. Y de sólo pensarlo Uvieta, el policía bajó.
El caso es que a partir de que la viejita está encima de la mata en el pueblo no se muere nadie: ni la señora que está grave en el hospital ni el viejo esposo de Rosanlinda. Nadie. Chico deduce, dado los hechos, que a quien Uvieta tiene encima de la mata de mango es a la muerte, y que por eso no se muere nadie en el pueblo. Y Uvieta no quiere soltarla porque entonces se muere la señora que ama.
Ocurre que un ángel disfrazado de una viejita que se hace llamar Lorena, prima hermana de la muerte y a quien le encanta decir malas palabras cuando baja a la Tierra (ya que no puede hacerlo en el cielo), llega a San Luis para tratar de convencer a Uvieta de que debe dejarla bajar porque si no lo hace no se imagina lo que ocurrirá en el mundo si nadie muere.
Aunque no quiere al principio, Uvieta no tiene más remedio que ceder porque, además, el ángel sabe su secreto: fue él quien mató a Sanabria una noche en que el señor maltrataba a su esposa, y debía ser castigado.
El ángel decide resolver la situación de este modo: la esposa de Sanabria viviría, pero él no podría verla; el esposo de Rosalinda morirá unos días después de muerte natural y ésta podrá casarse con el profesor; y Uvieta debía confesar el crimen –le tocaban menos años en la cárcel por ello- para que el mozo encerrado pudiera salir libre.
Así se hace, y Uvieta le cuenta lo que pasó al policía: que, aunque resultara increíble, la señora de Sanabria y él era amantes, y que no pudo soportar que una noche que le servía de chofer al señor Sanabria y llegaban de una fiesta desde San José, éste le disparara a su esposa en medio de una discusión, por lo que Uvieta corrió a la habitación donde sabía que había una pistola y le disparó a Sanabria.
Pero el policía lo deja ir en paz a su casa, convencido de que Uvieta no había cometido el crimen, porque, pensó: “Hay algunos que sólo para que la gente crea que de veras se echaron una mujer al pico, son capaces de exponerse a quince años de cárcel”.
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Literatura del Caribe Hispánico
Maestría en Literatura
Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD)
Profesor: Eulogio Javier
2008
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Uvieta
13/7/11
Un cuento para 'odiar' a su autor
Mira que hay cuentos hijosdelagranputa, pero este del grecoirlandés Lafcadio Hearn dice quítate. Se llama El secreto de la muerta. Lo resumo. La chica muere, queda en el limbo y se aparece en su cuarto con el deseo de llevarse “algo” que se le quedó. Por más que desmantelan la habitación, nadie da con la “cosa” que la mortifica y que le impide descansar en paz. Al igual que la familia de la muerta, el lector comienza a desesperarse a medida que avanza el cuento. Entonces llega el sumo sacerdote del pueblo, habla con ella, le dice que la ayudará y le pregunta si olvidó “algo” en la estancia. Ella asiente, él lo busca y lo encuentra: era una carta.
—Esta misma mañana será quemada en el templo —prometió el sacerdote—, y nadie la leerá salvo yo.
Y eso ocurrió exactamente. La muerta no volvió. Y el sacerdote, como buen sacerdote, guardó su secreto…
—Esta misma mañana será quemada en el templo —prometió el sacerdote—, y nadie la leerá salvo yo.
Y eso ocurrió exactamente. La muerta no volvió. Y el sacerdote, como buen sacerdote, guardó su secreto…
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Yalo
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6/5/10
Andrés Neuman sobre la vida y los viajes
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“La vida es un viaje hacia la muerte. Si lo importante fuera la llegada sería mejor pegarse un tiro. Vivir es esperar la muerte y si la vida es espera y no queremos llegar al destino, todavía me pregunto por qué viajamos con la desesperación de llegar”.
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Fragmento de la entrevista
realizada por Manuel de la Fuente
para ABC.es
“La vida es un viaje hacia la muerte. Si lo importante fuera la llegada sería mejor pegarse un tiro. Vivir es esperar la muerte y si la vida es espera y no queremos llegar al destino, todavía me pregunto por qué viajamos con la desesperación de llegar”.
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Fragmento de la entrevista
realizada por Manuel de la Fuente
para ABC.es
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