Mostrando entradas con la etiqueta escritores argentinos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta escritores argentinos. Mostrar todas las entradas

28/5/14

Los 100 años de Julio Cortázar

Yaniris López
yaniris.lopez@listindiario.com
Santo Domingo

-----
Este 2014 se cumplen 100 años del nacimiento del escritor argentino Julio Cortázar y el mundo lo celebra con publicaciones, exposiciones y encuentros en honor a su obra y legado.
Poeta, narrador y traductor, Cortázar nació en Bruselas el 26 de agosto de 1914 y murió en París el 12 de febrero de 1984, hace ya 30 años.
Figura emblemática del llamado ‘boom latinoamericano’, decir su nombre es evocar historias fantásticas cargadas de lenguaje musical, mitología, arte, alucinaciones y experiencias viajeras; historias que desafían el tiempo y continúan marcando, desde que comenzara a publicar a principios de los 50, a generaciones de lectores.
Entre obras póstumas y publicadas en vida, Cortázar escribió más de 40 títulos repartidos en novelas, cuentos, poesía, teatro, microrrelatos, ensayos y artículos.
Aunque su obra es considerada como parte del movimiento surrealista y del realismo mágico, el propio Cortázar hizo referencia a lo poco que le gustaban los encasillamientos cuando escribió, en “Los autonautas de la cosmopista” (1983), el último libro que colocara en vida en las librerías: “Casi nunca he aceptado el nombre-etiqueta de las cosas y creo que eso se refleja en mis libros, no veo por qué hay que tolerar invariablemente lo que nos viene de antes y de fuera”.
Pero lo críticos lo han hecho, casi siempre alabando su ingenio y estilo narrativo.
Dice, por ejemplo, el escritor y crítico literario brasileño Davi Arrigucci Jr. en “El alacrán atrapado. La poética de la destrucción en Julio Cortázar” (2002) que, vista en su conjunto, la obra literaria de Cortázar parece trazar el itinerario laberíntico de una búsqueda incesante, “una aventura en el reino de la imaginación, como un deseo constante de pasaje hacia una realidad inefable, de la que intenta posesionarse con el lenguaje de creador”.

“Cortázar es básicamente un artista ‘inventor’, en los términos de Ezra Pound. La invención es, como en el caso del jazz, leitmotiv de la obra y una especie de parámetro de la creación artística para el autor, es decir, fidelidad a un tema sobre el cual se improvisa. Significa fidelidad a la búsqueda, negativa al fácil acomodo, ser rebelde hasta el extremo de volverse contra sí mismo, en una investigación incesante, en un perenne echarse de bruces sobre el misterio del hombre y del mundo, que es al mismo tiempo un sondeo de las propias posibilidades del lenguaje con que se procura exprimirlo”, apunta Arrigucci.
Ejemplos de esta seductora invención son los cuentos recogidos en “Bestiario” (1951), las “Historias de cronopios y de famas” (1962) y su obra cumbre: “Rayuela”. Como registra el sello Punto de Lectura, la aparición de “Rayuela” en 1963 revolucionó la novelística en castellano. “Por primera vez ñexplicañ, un escritor llevaba hasta las últimas consecuencias la voluntad de transgredir el orden tradicional de una historia y el lenguaje para contarla”.

(+) UN PECULIAR ESTILO NARRATIVO
En la primera biografía de Julio Cortázar, publicada por el escritor argentino Mario Goloboff para Seix Barral en 1998, el autor de “Un tal Lucas” dejó entrever, de algún modo, el origen rebelde de su característico estilo narrativo.
“Yo creo que desde muy pequeño mi desdicha y mi dicha, al mismo tiempo, fue el no aceptar las cosas como me eran dadas. A mí no me bastaba con que me dijeran que eso era una mesa, o que la palabra madre era la palabra madre y ahí se acaba todo. Al contrario, en el objeto mesa y en la palabra madre empezaba para mí un itinerario misterioso que a veces llegaba a franquear y en el que a veces me estrellaba. En suma, desde pequeño, mi relación con las palabras, con la escritura, no se diferencia de mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas”, consideraba Cortázar.
Por sus grandes aportes a la historia de la literatura argentina, en 1984 la Fundación Konex le otorgó post mórtem el Premio Konex de Honor.




--------
Texto principal tomado del "Atlas ferial: mapa literario de la Feria del Libro de Santo Domingo 2014"

14/6/13

¿Quieres ser escritor? Consigue un trabajo...

Ana María Sua en Santo Domingo.
-----
Yaniris López
-----


¿Duros y poco inspiradores?
Puede ser, pero igualmente realistas y efectivos. Así fueron los consejos que la escritora argentina Ana María Shua (Buenos Aires, 1951) ofreció a los aspirantes a escritores que asistieron a su conferencia “Ser escritor, técnica y misterios”, en la pasada XVI Feria Internacional del Libro de Santo Domingo.
Para predicar a partir de la experiencia, Shua narró todos los descubrimientos e inconvenientes que marcaron sus inicios en la literatura antes de la publicación de “Soy paciente” (1980), la novela que la lanzaría con éxito al panorama literario latinoamericano.
Primero, dice Shua, es fundamental que el futuro escritor sienta locura por la lectura, que sea un gran lector, un lector apasionado.
“Dime lo que lees y te diré lo que escribes”, sentenció la autora de poesía, novelas, cuentos, microrrelatos, ensayos y títulos infantiles. 
Shua, que conoció la literatura desde muy pequeña y “de manera inconsciente” (escuchando declamar a una tía), piensa que es mejor iniciarse en la escritura con poesía en lugar de narrativa.
Y no porque la poesía sea inferior a la narrativa, exclama.
“De ninguna manera. La poesía, y en esto estamos de acuerdo los escritores, ocupa las más altas escalas. Pero la narrativa exige un altísimo grado de madurez”.
A ella le funcionó. Fue la poeta favorita del colegio y a los 16 años, en 1967, publicó su primera colección de poemas, “El sol y yo”, que le mereció el Premio Estímulo del Fondo Nacional de las Artes y el Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores.

Autocrítica y concursos
El aspirante a escritor, sigue Shua, no debe enamorarse de todo lo que escribe y sí aprender a diferenciar lo que tiene calidad de lo que no la tiene.
“Es necesaria, es imprescindible la autocrítica”, apunta.
Como es tan complicado publicar, una opción son los concursos literarios, de los que dijo son valiosos y no todos están arreglados, especialmente aquellos que no ofrecen grandes sumas de dinero.
“A los jurados nos da mucho gusto encontrar gente joven que escribe con calidad, nos da muchísimo gusto apoyarlos”, asegura.
Cuando Shua se dio cuenta de que la escritura, para ella, iba más allá de un simple deseo, decidió tomarse en serio el asunto y consciente de que existen misterios dentro de cada escritor que hacen que se incline hacia un género más que a otro apostó por la narrativa.
Entonces confirmó lo difícil que resultaba publicar en una época marcada por la dictadura, que no bastaba con el entusiasmo y comprendió que para cualquiera que desee dedicarse a la literatura era fundamental conseguir un trabajo.
“Sí. Conseguir un trabajo del que vas a tener que vivir porque aun en el mejor de los casos (...) vas a pasar muchos años antes de que puedas vivir de la venta de libros”.
En uno de esos trabajos, específicamente como redactora creativa de una agencia de publicidad, Shua aprendió ñy aquí viene otro de sus prácticos consejosñ, a no depender de la inspiración para crear.
“Porque la inspiración, como todos sabemos, existe pero nos tiene que sorprender con las manos en la masa”, indica.
Poco a poco, insinúa, “uno aprende que aun en esos momentos en que parece que no se nos ocurre nada, con esfuerzo, con concentración, algo se puede obtener”.
Y así llegaron los años finales de la década del 70. Shua quiso escribir algo que no tuviera nada que ver con la dictadura argentina (1976-1983) y nació “Soy paciente”, la historia de un hombre que se interna en un hospital para hacerse unos estudios y “pronto sabrá que salir de allí no es tan sencillo”, pues “una delirante telaraña burocrática lo va atrapando poco a poco”.
Con la publicación de esta historia, Shua se consagró como una de las más destacadas narradoras latinoamericanas.

Una fecunda labor literaria
Ana María Shua ha escrito cinco novelas: “Soy paciente" (premio de la editorial Losada), “Los amores de Laurita” (llevada al cine), “El libro de los recuerdos” (que le valió la Beca Guggenheim), “La muerte como efecto secundario” (Premio Club de los XIII y Premio Municipal en novela) y “El peso de la tentación” (2007).
El libro “Cazadores de Letra”, publicado en 2009, reúne sus cuatro libros de minificciones y “Que tengas una vida interesante”, también de 2009, sus cuentos completos. Con más de 20 títulos publicados desde 1988, Shua es una prolífica autora de literatura infantil, un trabajo que le ha merecido el reconocimiento internacional.

3/3/11

Juan Gelman sobre la escritura

"Cada vez que me siento a escribir, que por cierto no es una cuestión de voluntad y en general escribo muchos poemas de golpe, es porque una obsesión me obliga a buscar su raíz, que por lo menos en mi caso, no llego a conocer bien de qué se trata. No sé muy bien cómo se da el proceso de la forma y el contenido en mi interior, lo que sí conozco es el resultado y lo que me pasa como vivencia llevada a la imaginación y a la palabra. Siempre hay una distancia muy grande entre estos elementos y por eso me ocurre que tengo una gran insatisfacción con lo que he escrito".

----
En entrevista para Librusa

6/2/08

Sobre héroes y tumbas (Ernesto Sabato)

«Ya que, dada la índole del mundo, tenemos esperanzas en acontecimientos que, de producirse, sólo nos proporcionarían frustración y amargura; motivo por el cual los pesimistas se reclutan entre los exesperanzados, puesto que para tener una visión negra del mundo hay que haber creído antes en él y en sus posibilidades. Y todavía resulta más curioso y paradojal que los pesimistas, una vez que resultaron desilusionados, no son constantes y sistemáticamente desesperanzados, sino que, en cierto modo, parecen dispuestos a renovar su esperanza a cada instante aunque lo disimulen debajo de su negra envoltura de amargados universales, en virtud de una suerte de pudor metafísico; como si el pesimismo, para mantenerse fuerte y siempre vigoroso, necesitase de vez en cuando un nuevo impulso producido por una nueva y brutal desilusión».