Mostrando entradas con la etiqueta pintores dominicanos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pintores dominicanos. Mostrar todas las entradas
15/4/20
Iván Tovar
“Vencido”. Óleo sobre cartón del recién fenecido pintor dominicano Iván Tovar. 1963. Antes de las formas y los colores que le dieron fama mundial. Expuesto en abril de 2017 en el Museo de Arte Moderno de Santo Domingo. Colección del MAM.
Publicado por
Yalo
Etiquetas:
artes visuales,
artistas plásticos dominicanos,
Día Mundial del Arte,
Iván Tovar,
Museo de Arte Moderno,
pintores dominicanos
14/6/16
José Perdomo, 50 años dedicado a la pintura
El pintor dominicano celebra cinco décadas en las artes plásticas con su exposición individual número 44: “Por los caminos de la madre naturaleza”.
-----
Yaniris López
Santo Domingo
-----
Nació en 1946 en Santo Domingo y para finales de los 50 ya sabía que quería ser pintor. Decidirse fue fácil: desde muy pequeño, José Perdomo se dio cuenta que la pasión que sentía por la pintura y el dibujo y el talento para crear obras pictóricas les venían de nacimiento.
Dice que le dieron muchos fuetazos por llenar todos los cuadernos escolares con dibujos; que cobraba un centavo a los compañeros de escuela por hacerles las ilustraciones de Naturales y Geografía, y que siendo muy pequeño solía rellenar con color –y sin permiso- los dibujos en blanco y negro de su mamá, entonces estudiante de pintura.
A los 15 inició su formación en la Escuela Nacional de Bellas Artes y en los talleres de Paul Giudicelli y Gilberto Hernández Ortega.
Su primera gran paga, a los 16, se la debe a los bodegones y desnudos que hiciera para un comerciante puertorriqueño que vivía en Santo Domingo y viajaba mucho a Santiago.
“Él me dijo 'Vamos a hacer un negocio: te voy a traer tela y óleo, te voy a dar algo de dinero y tú me pintas esos bodegones’. Esa fue la primera vez que cogí dinero por hacer pintura”, comenta. Convencido del talento de Perdomo, este señor le ofreció ayuda para que estudiara y trabajara en Estados Unidos.
Se marchó ya iniciada la Revolución de Abril y regresaría en 1966 para su primera individual en el Palacio Nacional de Bellas Artes. Un gran escenario para iniciar la carrera.
De vuelta al país norteamericano estudió con los maestros Luis Camnitzer y Robert Motherwell.
Luego vivió varios años en Perú (donde aprovechó para estudiar sobre las Líneas de Nazca, Machu Picchu y el arte peruano) y en Brasil.
A República Dominicana regresaría para quedarse en 1983. A partir de este año, el contenido plano y sin fondo de sus cuadros, la singularidad de sus trazos y los colores fuertes de sus figuras humanas le aseguraron un espacio en la plástica dominicana.
De su primer discurso pictórico, el crítico de arte y curador Abil Peralta escribe que estuvo fundado en “la criticidad antropológica, científica e ideológica sobre la conciencia identitaria y cultural del ser dominicano (…); una pintura cargada de presupuestos simbólicos cuyos referentes primarios estaban en los fundamentos y estructuras formales de la estética y nivel de expresión visual del arte taíno”. Perdomo sostiene que fue él y un grupo de seis pintores quienes introdujeron en sus obras conceptos alusivos a la cultura taína.
Durante cinco décadas de trabajo, Perdomo ha expuesto en las más importantes galerías dominicanas y en reconocidos espacios de Estados Unidos, Perú, México, Puerto Rico, Brasil, Canadá, Argentina, Venezuela, Panamá, Guadalupe, Alemania y Bélgica. Muchos premios respaldan una labor que llena todo su tiempo, entre ellos el Premio de Pintura de la Cuarta Bienal Internacional de Pintura de Cuenca, Ecuador, otorgado en 1994; y el primer premio de Pintura de la Vigésima Bienal Nacional de Artes Visuales (RD), recibido en 1996.
Cinco décadas creando
Perdomo ha dedicado su vida entera a pintar. El entusiasmo por lo que hace lo mantiene tan fresco que no acepta hacer otra cosa, ni siquiera dar clases. ¿Su explicación?
“No me sale. Cuando comienzo a pintar un cuadro grande que me gusta (todos mis cuadros son grandes –sonríe-), no me importa el tamaño que tenga, me trepo a una escalera o una silla, en lo que sea, y puedo estar trabajando 12 y 14 horas, desde la mañana hasta la noche. No me acostumbraría a que tengo que parar, vestirme y salir porque tengo que dar clases; si me dijeras que estoy pasando por una crisis, pero no. Gracias a Dios, que es mi guía, no me ha faltado nada”.
Como no podía ser de otra manera, celebra estos 50 años en el arte con una exposición, la número 44: “Por los caminos de la madre naturaleza”, inaugurada el pasado jueves 7 en el Centro Cultural Mirador.
Son 32 cuadros de grandes formatos, óleo sobre lienzo, en los que Perdomo rinde honor a una tendencia pictórica abrazada en los últimos 10 años: la biodiversidad.
Flores, mariposas, aves, peces, delgadas figuras taínas, hojas de todos los colores y pétalos ocupan todo el lienzo, a veces como figuras principales o como relleno. ¿Relleno? Sí.
Con muy raras excepciones, las pinturas de Perdomo ocupan el cuadro entero.
“En mis cuadros no hay fondos. No me interesan los planos. Me interesa que todo el cuadro sea un cuadro, que todo sea principal”, explica el pintor.
De acuerdo con Abil Peralta, museógrafo de la muestra, “para lograr lo que he denominado el efecto cromático Perdomo el artista expresa y expone su particular destreza en el dominio técnico en la aplicación del 'painting stik’ o barra de óleo, herramienta de producción pictorial que con la manipulación del pincel y la espátula le aporta un valioso recurso a favor de la calidad y radiante esplendor y energía visiva que el espectador siente cuando se enfrenta a la fuerza plastia y comunicación de sus telas”.
No al ‘vendío’
Mientras montaba la exposición, unos estudiantes de la escuela Altos de Chavón le pidieron a Perdomo que les recomendara algo.
“Les recomiendo una sola cosa, les dije: no se estén fijando en lo que hace otro y mucho menos en si fulanito vende y tú no vendes. Olvídense del vendío. El pintor que se ocupa especialmente de hacer las cosas que le gusta al público para vender, está fracasado. El maestro Motherwell decía que hay artistas y hay pintores: pintor es todo el que coje una brocha y un pincel y pasa pintura; ahora, artista plástico dedicado al pincel, a crear… a eso no se dedica todo el mundo”.
Con toda una vida dedicada a la pintura, Perdomo le sigue interesando el proceso más que el resultado. Próximamente espera viajar a Estados Unidos y traerse un rollo entero de tela de 100 yardas por 70 pulgadas de ancho para continuar la celebración de sus 50 años en el arte… pintando.
Estudios. Me formé con los mejores de la época”, recuerda José Perdomo: con Domingo Liz, Antonio Prats Ventós, Jaime Colson, Gilberto Hernández Ortega, Paul Giudicelli y Gaspar Mario Cruz. En la imagen: “Baño de hojas” (70”x100”, 2008). FOTO 3 “Mariposas” (60"x70", 2015) FOTO 4 “El Bosque Encantado” (60"x70", 2016). Esta colección de José Perdomo “es fruto de una profunda investigación iconográfica e iconológica que tiene su raíz en la geometría blanda e informal que vemos y sentimos en la naturaleza”, resalta el museógrafo de la muestra, el crítico de arte y curador Abil Peralta. FOTO 5 Amante de las plantas. José Perdomo lleva más allá del lienzo su admiración por la biodiversidad. Por muchos años se ha dedicado al cultivo de bonsáis y en el patio de su casa crecen decenas de plantas, incluyendo especies propias de bosques muy húmedos. ©Yaniris López FOTO 6 “El Bosque Encantado” (60" x70", 2016) FOTO 7 “Alma taína” (60"x40", 2012) FOTO 8 “Peces” (50"x60", 2015) FOTO 9 “Santa Cena” (50"x60", 2013). Para hacer el fondo de este bodegón, Perdomo utilizó cinco tonos de blanco. FOTO 10 “Y Dios creó los cielos y la tierra” (70"x70", 2015)
-----
Yaniris López
Santo Domingo
-----
Nació en 1946 en Santo Domingo y para finales de los 50 ya sabía que quería ser pintor. Decidirse fue fácil: desde muy pequeño, José Perdomo se dio cuenta que la pasión que sentía por la pintura y el dibujo y el talento para crear obras pictóricas les venían de nacimiento.
Dice que le dieron muchos fuetazos por llenar todos los cuadernos escolares con dibujos; que cobraba un centavo a los compañeros de escuela por hacerles las ilustraciones de Naturales y Geografía, y que siendo muy pequeño solía rellenar con color –y sin permiso- los dibujos en blanco y negro de su mamá, entonces estudiante de pintura.
A los 15 inició su formación en la Escuela Nacional de Bellas Artes y en los talleres de Paul Giudicelli y Gilberto Hernández Ortega.
Su primera gran paga, a los 16, se la debe a los bodegones y desnudos que hiciera para un comerciante puertorriqueño que vivía en Santo Domingo y viajaba mucho a Santiago.
“Él me dijo 'Vamos a hacer un negocio: te voy a traer tela y óleo, te voy a dar algo de dinero y tú me pintas esos bodegones’. Esa fue la primera vez que cogí dinero por hacer pintura”, comenta. Convencido del talento de Perdomo, este señor le ofreció ayuda para que estudiara y trabajara en Estados Unidos.
![]() |
| “Baño de hojas” (70”x100”, 2008) |
Luego vivió varios años en Perú (donde aprovechó para estudiar sobre las Líneas de Nazca, Machu Picchu y el arte peruano) y en Brasil.
A República Dominicana regresaría para quedarse en 1983. A partir de este año, el contenido plano y sin fondo de sus cuadros, la singularidad de sus trazos y los colores fuertes de sus figuras humanas le aseguraron un espacio en la plástica dominicana.
De su primer discurso pictórico, el crítico de arte y curador Abil Peralta escribe que estuvo fundado en “la criticidad antropológica, científica e ideológica sobre la conciencia identitaria y cultural del ser dominicano (…); una pintura cargada de presupuestos simbólicos cuyos referentes primarios estaban en los fundamentos y estructuras formales de la estética y nivel de expresión visual del arte taíno”. Perdomo sostiene que fue él y un grupo de seis pintores quienes introdujeron en sus obras conceptos alusivos a la cultura taína.
![]() |
| “Mariposas” (60"x70", 2015) |
Cinco décadas creando
Perdomo ha dedicado su vida entera a pintar. El entusiasmo por lo que hace lo mantiene tan fresco que no acepta hacer otra cosa, ni siquiera dar clases. ¿Su explicación?
“No me sale. Cuando comienzo a pintar un cuadro grande que me gusta (todos mis cuadros son grandes –sonríe-), no me importa el tamaño que tenga, me trepo a una escalera o una silla, en lo que sea, y puedo estar trabajando 12 y 14 horas, desde la mañana hasta la noche. No me acostumbraría a que tengo que parar, vestirme y salir porque tengo que dar clases; si me dijeras que estoy pasando por una crisis, pero no. Gracias a Dios, que es mi guía, no me ha faltado nada”.
![]() |
| “El Bosque Encantado” (60"x70", 2016) |
Son 32 cuadros de grandes formatos, óleo sobre lienzo, en los que Perdomo rinde honor a una tendencia pictórica abrazada en los últimos 10 años: la biodiversidad.
Flores, mariposas, aves, peces, delgadas figuras taínas, hojas de todos los colores y pétalos ocupan todo el lienzo, a veces como figuras principales o como relleno. ¿Relleno? Sí.
Con muy raras excepciones, las pinturas de Perdomo ocupan el cuadro entero.
“En mis cuadros no hay fondos. No me interesan los planos. Me interesa que todo el cuadro sea un cuadro, que todo sea principal”, explica el pintor.
![]() |
| “Alma taína” (60"x40", 2012 |
No al ‘vendío’
Mientras montaba la exposición, unos estudiantes de la escuela Altos de Chavón le pidieron a Perdomo que les recomendara algo.
“Les recomiendo una sola cosa, les dije: no se estén fijando en lo que hace otro y mucho menos en si fulanito vende y tú no vendes. Olvídense del vendío. El pintor que se ocupa especialmente de hacer las cosas que le gusta al público para vender, está fracasado. El maestro Motherwell decía que hay artistas y hay pintores: pintor es todo el que coje una brocha y un pincel y pasa pintura; ahora, artista plástico dedicado al pincel, a crear… a eso no se dedica todo el mundo”.
Con toda una vida dedicada a la pintura, Perdomo le sigue interesando el proceso más que el resultado. Próximamente espera viajar a Estados Unidos y traerse un rollo entero de tela de 100 yardas por 70 pulgadas de ancho para continuar la celebración de sus 50 años en el arte… pintando.
Estudios. Me formé con los mejores de la época”, recuerda José Perdomo: con Domingo Liz, Antonio Prats Ventós, Jaime Colson, Gilberto Hernández Ortega, Paul Giudicelli y Gaspar Mario Cruz. En la imagen: “Baño de hojas” (70”x100”, 2008). FOTO 3 “Mariposas” (60"x70", 2015) FOTO 4 “El Bosque Encantado” (60"x70", 2016). Esta colección de José Perdomo “es fruto de una profunda investigación iconográfica e iconológica que tiene su raíz en la geometría blanda e informal que vemos y sentimos en la naturaleza”, resalta el museógrafo de la muestra, el crítico de arte y curador Abil Peralta. FOTO 5 Amante de las plantas. José Perdomo lleva más allá del lienzo su admiración por la biodiversidad. Por muchos años se ha dedicado al cultivo de bonsáis y en el patio de su casa crecen decenas de plantas, incluyendo especies propias de bosques muy húmedos. ©Yaniris López FOTO 6 “El Bosque Encantado” (60" x70", 2016) FOTO 7 “Alma taína” (60"x40", 2012) FOTO 8 “Peces” (50"x60", 2015) FOTO 9 “Santa Cena” (50"x60", 2013). Para hacer el fondo de este bodegón, Perdomo utilizó cinco tonos de blanco. FOTO 10 “Y Dios creó los cielos y la tierra” (70"x70", 2015)
Publicado por
Yalo
Etiquetas:
50 años,
arte dominicano,
artes,
artes plásticas,
artes visuales,
artistas plásticos dominicanos,
José Perdomo,
naturaleza,
pintores dominicanos,
pintura
11/4/16
Las escultopinturas de Leíno Cabral
El pintor y escultor expone “Reino de la inocencia”, su cuarta individual, en el Colegio Dominicano de Artistas Plásticos (Codap)
-----
Yaniris López
Santo Domingo
-----
Los personajes y figuras de las obras de Leíno Cabral sellan en cuadros de variadas dimensiones los recuerdos infantiles marcados por la felicidad.
Con la lengua afuera y los brazos arriba, los niños saltan y gritan en desbordada algarabía; las chichiguas surcan el cielo más allá de los marcos y caras con gestos de asombro, burla o advertencia sobresalen entre piezas mecánicas, animales y nubes de colores.
Las siluetas de las figuras son metales; los colores, óleo.
Y todo lo plasmado no son más que las añoranzas infantiles del artista, vividas en el barrio de Villa Juana a finales de los años 50 junto a su hermano Freddie y recogidas en la exposición “Reino de la inocencia”.
Las 25 obras de la muestra, trabajadas en óleo sobre aluminio soldado, se exponen en el Colegio Dominicano de Artistas Plásticos (Codap) hasta el 12 de abril. Como en una ocasión explicó la crítica de arte Marianne de Tolentino, el público no verá en esta exposición ni en el conjunto del trabajo de Leíno cánones académicos, “pero sí una gran preocupación por la expresión, el relieve y el color, con esmero en la realización”.
El escultor Freddie Cabral dice que su hermano no comenzó la carrera en el arte como la mayoría de los artistas plásticos, que primero dibujan y pintan y luego experimentan con materiales. Tampoco comenzó muy joven.
Leíno ya tenía 40 años cuando Freddie, que sí se dedicó a la plástica desde pequeño, recreó aquí en 1990 “La puerta de los artistas”, una versión local y libre de la famosa “Puerta del Infierno” de Rodin.
Varios artistas intervinieron la pieza con dibujos y esculturas. Leíno se tomó un pedacito de la puerta y se atrevió con el metal soldado.
¿Y por qué metal? ¿Por qué fundir más adelante pintura y escultura?
Pasión por los metales
Ambos hermanos crecieron en Villa Juana, entre los entonces abundantes talleres de soldadura, mecánica, ebanistería y desabolladura de vehículos. Ensamblando y reutilizando piezas viejas, con siete y nueve años ya creaban sus propios juguetes, incluso algunos muy ambiciosos, como patines y bicicletas.
“En lugar de pedir que nos dejaran Reyes, nosotros hacíamos nuestros propios Reyes”, comentan Freddie y Leíno a LISTÍN DIARIO. En el taller del papa de un amigo aprendieron a manejar el martillo, los destornilladores y sopletes. Más tarde, Leíno se dedicaría a la soldadura y a la mecánica como oficio profesional.
“Vivimos una infancia sumamente feliz. Desde que lo descubrimos, el metal ha sido una fuente de vida para nosotros”, cuenta Leíno.
Y de esa mezcla de pasiones, y a partir de su intervención en “La puerta de los artistas”, nacieron sus escultopinturas.
“Un día mi mamá me dijo que lo chequeara, porque se estaba volviendo loco.
Leíno se había dedicado a hacer arte, abandonó todo, hasta el trabajo, y se puso a hacer algunas cosas con sentido artístico. Siguió trabajando y cuatro años después, en 1994, había reunido suficiente material para hacer una exposición. Todos nos quedamos asombrados”, explica Freddie. Sobre una base de aluminio La base de las obras de Leíno es el aluminio soldado y, en menor proporción, el lienzo. Para fijar los colores sobre el metal usa el soplete, un recurso que le permite dar a la obra ese aspecto en relieve.
“Lo que hace Leíno es extraordinario, es como si soldara los colores para que queden fijos. Toda su obra es diferente. He visto en muchos museos muchas formas de hacer arte y lo que él hace me impacta porque es nuevo. Uno suele decir que todo está hecho, o dicho, pero Leíno ha demostrado que no es así, que en arte todo es posible, que el arte sigue abriendo muchas ventanas y posibilidades”, opina Freddie.
Los detalles de las figuras que sobresalen de los cuadros son también un recurso tomado de esos experimentos infantiles.
“Buscábamos siempre la manera de que a nuestras piezas y esculturas les sobresaliera algo, un pie, un brazo.
Y las chichiguas… bueno, yo no hice chichiguas de metal porque el metal no les permite volar, y como no las pude poner a volar, las introduzco en los cuadros”, expresa Leíno. Eso encontrará la gente que visite la exposición, agrega el artista, “parte de esa infancia tan maravillosa que disfrutamos y que a pesar de los años me hace falta y sueño con ella: haciendo esos muñequitos de barro, patinetas”.
“Todo el mundo nace artista”
En la obra de Leíno abunda el amarillo, un color con el que rinde homenaje al lodo con el que forjaron sus primeras figuritas. “La primera vez que vi una escultura fue de la mano de Freddie Cabral. La tierra con que las hacía era amarilla. El primer color que percibí fue el amarillo, y me fascinó. Todavía lo tengo en la memoria”.
Nada disfrutaban más los dos hermanos que tomar todas las figuritas de lodo (cuando ya eran abundantes) y colocarlas en medio de la calle, para escuchar el “plog” de la tierra cuando los vehículos les pasaban por encima.
Leíno se refiere a su hermano Freddie como maestro, la persona que le ayudó a desarrollar la vena artística. Porque, para él, todo el mundo nace artista.
“Es cuestión de encontrar el momento para desarrollar tu arte”, comenta. Leíno ha participado en 12 exposiciones colectivas y esta es su cuarta individual.
-----
Yaniris López
Santo Domingo
-----
Los personajes y figuras de las obras de Leíno Cabral sellan en cuadros de variadas dimensiones los recuerdos infantiles marcados por la felicidad.
Con la lengua afuera y los brazos arriba, los niños saltan y gritan en desbordada algarabía; las chichiguas surcan el cielo más allá de los marcos y caras con gestos de asombro, burla o advertencia sobresalen entre piezas mecánicas, animales y nubes de colores.
Las siluetas de las figuras son metales; los colores, óleo.
Y todo lo plasmado no son más que las añoranzas infantiles del artista, vividas en el barrio de Villa Juana a finales de los años 50 junto a su hermano Freddie y recogidas en la exposición “Reino de la inocencia”.
Las 25 obras de la muestra, trabajadas en óleo sobre aluminio soldado, se exponen en el Colegio Dominicano de Artistas Plásticos (Codap) hasta el 12 de abril. Como en una ocasión explicó la crítica de arte Marianne de Tolentino, el público no verá en esta exposición ni en el conjunto del trabajo de Leíno cánones académicos, “pero sí una gran preocupación por la expresión, el relieve y el color, con esmero en la realización”.
El escultor Freddie Cabral dice que su hermano no comenzó la carrera en el arte como la mayoría de los artistas plásticos, que primero dibujan y pintan y luego experimentan con materiales. Tampoco comenzó muy joven. Leíno ya tenía 40 años cuando Freddie, que sí se dedicó a la plástica desde pequeño, recreó aquí en 1990 “La puerta de los artistas”, una versión local y libre de la famosa “Puerta del Infierno” de Rodin.
Varios artistas intervinieron la pieza con dibujos y esculturas. Leíno se tomó un pedacito de la puerta y se atrevió con el metal soldado.
¿Y por qué metal? ¿Por qué fundir más adelante pintura y escultura?
Pasión por los metales
Ambos hermanos crecieron en Villa Juana, entre los entonces abundantes talleres de soldadura, mecánica, ebanistería y desabolladura de vehículos. Ensamblando y reutilizando piezas viejas, con siete y nueve años ya creaban sus propios juguetes, incluso algunos muy ambiciosos, como patines y bicicletas.
“En lugar de pedir que nos dejaran Reyes, nosotros hacíamos nuestros propios Reyes”, comentan Freddie y Leíno a LISTÍN DIARIO. En el taller del papa de un amigo aprendieron a manejar el martillo, los destornilladores y sopletes. Más tarde, Leíno se dedicaría a la soldadura y a la mecánica como oficio profesional.
“Vivimos una infancia sumamente feliz. Desde que lo descubrimos, el metal ha sido una fuente de vida para nosotros”, cuenta Leíno.
Y de esa mezcla de pasiones, y a partir de su intervención en “La puerta de los artistas”, nacieron sus escultopinturas.
“Un día mi mamá me dijo que lo chequeara, porque se estaba volviendo loco.
Leíno se había dedicado a hacer arte, abandonó todo, hasta el trabajo, y se puso a hacer algunas cosas con sentido artístico. Siguió trabajando y cuatro años después, en 1994, había reunido suficiente material para hacer una exposición. Todos nos quedamos asombrados”, explica Freddie. Sobre una base de aluminio La base de las obras de Leíno es el aluminio soldado y, en menor proporción, el lienzo. Para fijar los colores sobre el metal usa el soplete, un recurso que le permite dar a la obra ese aspecto en relieve.
“Lo que hace Leíno es extraordinario, es como si soldara los colores para que queden fijos. Toda su obra es diferente. He visto en muchos museos muchas formas de hacer arte y lo que él hace me impacta porque es nuevo. Uno suele decir que todo está hecho, o dicho, pero Leíno ha demostrado que no es así, que en arte todo es posible, que el arte sigue abriendo muchas ventanas y posibilidades”, opina Freddie.
Los detalles de las figuras que sobresalen de los cuadros son también un recurso tomado de esos experimentos infantiles.
“Buscábamos siempre la manera de que a nuestras piezas y esculturas les sobresaliera algo, un pie, un brazo.
Y las chichiguas… bueno, yo no hice chichiguas de metal porque el metal no les permite volar, y como no las pude poner a volar, las introduzco en los cuadros”, expresa Leíno. Eso encontrará la gente que visite la exposición, agrega el artista, “parte de esa infancia tan maravillosa que disfrutamos y que a pesar de los años me hace falta y sueño con ella: haciendo esos muñequitos de barro, patinetas”.
“Todo el mundo nace artista”
En la obra de Leíno abunda el amarillo, un color con el que rinde homenaje al lodo con el que forjaron sus primeras figuritas. “La primera vez que vi una escultura fue de la mano de Freddie Cabral. La tierra con que las hacía era amarilla. El primer color que percibí fue el amarillo, y me fascinó. Todavía lo tengo en la memoria”.
Nada disfrutaban más los dos hermanos que tomar todas las figuritas de lodo (cuando ya eran abundantes) y colocarlas en medio de la calle, para escuchar el “plog” de la tierra cuando los vehículos les pasaban por encima.
Leíno se refiere a su hermano Freddie como maestro, la persona que le ayudó a desarrollar la vena artística. Porque, para él, todo el mundo nace artista.
“Es cuestión de encontrar el momento para desarrollar tu arte”, comenta. Leíno ha participado en 12 exposiciones colectivas y esta es su cuarta individual.
Publicado por
Yalo
Etiquetas:
arte,
artes plásticas,
Codap,
Colegio Dominicano de Artistas Plásticos,
escultopinturas,
escultura,
Freddie Cabral,
Leíno Cabral,
Listín Diario,
Marianne de Tolentino,
pintores dominicanos,
pintura
20/7/14
El maestro Oviedo en todo su esplendor
![]() |
| Red para especímenes. |
Cien obras del
pintor Ramón Oviedo de la colección Mario Martínez se muestran al público en el
Museo de Arte Moderno (MAM) a partir del martes 22 en la exposición “Oviedo: El
triunfo del espíritu”.
-------
Yaniris López
yaniris.lopez@listindiario.com
Santo Domingo
yaniris.lopez@listindiario.com
Santo Domingo
-------
Dando al
público la oportunidad de conocer obras inéditas del “Maestro ilustre de la
pintura dominicana”, título que le otorgara el Congreso Nacional en 1997 a
Ramón Oviedo, el economista y empresario Mario Martínez aceptó compartir 100
piezas de una colección que fue armando con amor, pasión y paciencia.
La inauguración de “Oviedo: El triunfo del espíritu” está pautada para el próximo martes 22 a las 7: 00 de la noche en la primera planta del Museo de Arte Moderno (MAM).
En la muestra se podrá apreciar todo el conjunto de la obra de Oviedo, dice a LISTÍN DIARIO el crítico de arte Amable López Meléndez, curador de la muestra y curador jefe del MAM.
El recorrido visual incluye algunos de sus primeros dibujos, bodegones, paisajes, marinas, desnudos y, por supuesto, muchos de sus característicos cuadros policromos y autorretratos.
La inauguración de “Oviedo: El triunfo del espíritu” está pautada para el próximo martes 22 a las 7: 00 de la noche en la primera planta del Museo de Arte Moderno (MAM).
En la muestra se podrá apreciar todo el conjunto de la obra de Oviedo, dice a LISTÍN DIARIO el crítico de arte Amable López Meléndez, curador de la muestra y curador jefe del MAM.
El recorrido visual incluye algunos de sus primeros dibujos, bodegones, paisajes, marinas, desnudos y, por supuesto, muchos de sus característicos cuadros policromos y autorretratos.
La colección
Mario Martínez se confiesa un enamorado de Ramón Oviedo (Barahona, 1924), de “su versatilidad, de la forma en que trata la cotidianidad, de su dibujo y del sentido del humor que impregna a muchas de sus obras y de su constante renovación, que le ha valido llamarlo el maestro siempre joven por algunos de sus amigos y críticos de la plástica y muy en especial del maravilloso ser humano que refleja su grandeza con humildad”.
Recuerda que inició la colección con algunos dibujos a mediados de los 80. Para esa época, ya Oviedo era un artista consagrado dentro y fuera del país.
![]() |
| Se busca un hombre honesto. |
¿Cómo fue armando la colección?, le pregunta LISTÍN DIARIO.
“Con amor, pasión y paciencia”, responde.
“Con amor, pasión y paciencia”, responde.
Lo especial de esta colección hoy día, explica López Meléndez, es que “está
compuesta por un conjunto de trabajos que, a grandes rasgos, se caracteriza por
la síntesis y la diversidad, no sólo en referencia a las obras, sino también en
relación a los lenguajes y los estilos que transforma”.
Y agrega: “Esta colección suma hallazgos excepcionales, ejecutados en distintas etapas creativas y en los cuales Oviedo accede a una formidable polisíntesis de lo estético, lo lúdico y lo reflexivo, así como una serie de obras caracterizadas por las intrincadas tramas de líneas, espectros, fantasmagorías y ficciones”.
Y agrega: “Esta colección suma hallazgos excepcionales, ejecutados en distintas etapas creativas y en los cuales Oviedo accede a una formidable polisíntesis de lo estético, lo lúdico y lo reflexivo, así como una serie de obras caracterizadas por las intrincadas tramas de líneas, espectros, fantasmagorías y ficciones”.
Maestro de las líneas y el color
En un gesto
inusual entre los coleccionistas de arte, Mario Martínez celebra la decisión
del Museo de Arte Moderno (MAM) de abrir sus puertas al coleccionismo privado.
Dice que es posiblemente la primera vez en la historia que el público podrá ver dos colecciones privadas en la primera y segunda plantas del MAM: la suya (con obras de Oviedo) y la de Fernando Báez (con obras de 93 artistas, incluyendo obras de Oviedo).
“Dependemos y sufrimos un poco del egoísmo del coleccionista, pero en lo personal me he convencido de que nosotros no podemos tener todas esas obras guardadas”, sostiene.
Según Amable López Meléndez, curador jefe del MAM, ese es precisamente el objetivo de la institución con esta iniciativa: “Traer a esos grandes coleccionistas al Museo para que ese tesoro que tienen lo acerquen a la sociedad”.
Dice que es posiblemente la primera vez en la historia que el público podrá ver dos colecciones privadas en la primera y segunda plantas del MAM: la suya (con obras de Oviedo) y la de Fernando Báez (con obras de 93 artistas, incluyendo obras de Oviedo).
“Dependemos y sufrimos un poco del egoísmo del coleccionista, pero en lo personal me he convencido de que nosotros no podemos tener todas esas obras guardadas”, sostiene.
Según Amable López Meléndez, curador jefe del MAM, ese es precisamente el objetivo de la institución con esta iniciativa: “Traer a esos grandes coleccionistas al Museo para que ese tesoro que tienen lo acerquen a la sociedad”.
![]() |
| Autorretrato a lo Dorian Gray. |
Y compartir, para el crítico de arte, es también una de las características que
definen al coleccionista que es, además, mecenas.
“Compartir, mostrar. Si tú acumulas el tesoro sólo por juntarlo no estás
aportando nada. El mecenazgo contribuye a sostener la producción artística. Si
nadie compra arte los artistas no van a producir, se van a dedicar a otra
cosa”.
Matices
En el caso de Oviedo, se trata de una colección de muchísima importancia para las artes plásticas dominicanas.
“Es el artista del que más se va a escribir aquí”, señala López. “Por su peculiaridad, por la diversidad que plasma en su trabajo, por su manejo del lenguaje pictórico y por la forma como se imagina los mundos y a los artistas y cómo los transforma. Es el más consistente en la reflexión y el más productivo”.
Reflexión, misterio, miradas que hablan –a veces cargadas de dolor, a veces de sarcasmo-; humor y un manejo magistral de la línea y de los colores es lo que verán los ojos que contemplen la obra de Oviedo por placer.
Ese humor del maestro del que hablaba Martínez, por ejemplo, está presente en esta exposición en obras de marcado matiz social y en algunos de los autorretratos a los que recurría Oviedo para burlarse de sí mismo o para criticar a la sociedad.
![]() |
| Bodegón |
Y como si de un regalo para los más jóvenes se tratara, hay un bodegón que de acuerdo con López Meléndez “expone de manera elocuente la formidable síntesis expresiva y la sagacidad del vuelo conceptual con que se luce Ramón Oviedo en una parte considerable de su producción facturada entre finales de los 70 y principios de los 80 del siglo XX”.
“La exquisita sobriedad de la atmosfera, la automática pureza de la línea, la precisión del dibujo, el 'insípido’ acromatismo de la superficie y el 'cristalino’ espíritu minimalista de la composición, hacen de este 'Bodegón’ un hallazgo estético exquisitamente singular”, escribió al respecto.
Libros
Martínez es también el promotor del libro “Oviedo: El esplendor del mural”, de Efraim Castillo, que será puesto a circular el martes durante la inauguración de la individual.
“El maestro me había mostrado su interés de la publicación de un libro –que se lo habían prometido en el 2003- sobre los murales que ha realizado”, cuenta Martínez.
Veintitrés. Algunos se encuentran repartidos en organismos internacionales (en las sedes de la Unesco, en Francia; y en la OEA, en Washington) y en instituciones locales (Banco Central, Cámara de Diputados y Suprema Corte de Justicia).
![]() |
| Sin título. |
“Efraim Castillo desmenuza los murales con mucha propiedad porque él vio nacer a muchos de ellos”, comenta Martínez.
Para el cierre de la exposición, a finales de agosto, se pondrá en circulación
“Oviedo: El triunfo del espíritu”, del historiador, crítico y artista plástico
Danilo de los Santos. Este libro contiene casi todas las obras de la colección
Mario Martínez y del coleccionista Oriolis Olivero.
-----
PREMIO NACIONAL. El martes pasado Oviedo recibió en su hogar el
Premio Nacional de Artes Plásticas 2013, otorgado por el Ministerio de Cultura
(MINC) “por la excelencia de sus aportes renovadores al desarrollo del arte
nacional y su trayectoria”.
Allí habló de música, de teatro y de la importancia del relevo profesional -del cual él sabía que no estaba exento.
Allí habló de música, de teatro y de la importancia del relevo profesional -del cual él sabía que no estaba exento.
HORARIO. La exposición “Oviedo: El triunfo del espíritu” permanece abierta en el Museo de Arte Moderno (MAM) de martes a domingo de 9:00 de la mañana a 5:00 de la tarde.
Publicado por
Yalo
Etiquetas:
Amable López Meléndez,
artes plásticas,
Listín Diario,
Mario Martínez,
pintores dominicanos,
Ramón Oviedo,
Yaniris López
Suscribirse a:
Entradas (Atom)















