Mostrando entradas con la etiqueta artes visuales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta artes visuales. Mostrar todas las entradas

24/5/22

La obra de Soucy de Pellerano que ‘sobrevivió’ a una demolición

Yaniris López
yaniris.lopezc@listindiario.com
Santo Domingo

En la exposición “La escultura dominicana actual”, que organiza la Fundación Museo Freddie Cabral en el local de la entidad, se exhibe una pieza de la artista Soucy de Pellerano (1928 - 2014) con una historia digna de contarse. 
Es una obra en relieve de resina y fibra de vidrio, sin título, de 80” x 55” x 19”, fechada en 1975. Pero no siempre fue “así”.
Es una réplica de la obra original en cemento que realizara la artista visual en la pared  de su casa, entonces ubicada en el sector capitalino de Paraíso, hace ya 46 años. La historia la cuenta el escultorFreddie Cabral, presidente de la Unión de Escultores Dominicanos.
 

               En cemento, en la casa de Soucy. © Foto cortesía  de la familia Pellerano.


Dice don Freddie que la pieza causó una gran conmoción durante la inauguración de la muestra hace tres semanas, al formar parte de las obras que se exhiben en la sala Leíno Cabral, dedicada a artistas póstumos.  
“Cuando uno entraba a la casa de Soucy lo recibía esa pieza, al aire libre. Tiempo después de que muriera doña Soucy, el marido y sus hijos vendieron la casa. Ya sabes, por todos esos lados están haciendo torres.
“Cuando estaban desbaratando le entraron a martillazos a todo y casi cuando iban a romper la obra me llamaron dos de sus hijos: ‘Freddie, ven, que van a romper la obra de mami; ven a ver lo que puedes hacer, sácala, restáurala. Entonces vinimos nosotros, entre martillazos, lloviendo, y los constructores presionando diciendo que tenían que terminar eso...
“Ese mismo día que terminamos de hacer la impresión le cayeron a martillazos a la pieza. Eso hace como dos años. Nunca se había expuesto. Por eso, cuando los hijos la vieron en la exposición les causó conmoción. Esa pieza los vio crecer a ellos”.  

Es que, con la premura de la demolición de la casa, apenas les dio tiempo de hacer un positivo con resina y fibra de vidrio; en esta versión se expone por primera vez al público en el Museo ubicado en la avenida Quinto Centenario. 
La pieza –que se presta a varias interpretaciones- muestra a una madre con tres hijos y una paloma. Años más tarde, la imagen del relieve sirvió de inspiración para la elaboración de una tarjeta hecha por Soucy para el Año Internacional del Niño 1979.



DE LA ARTISTA VISUAL 

Soucy de Pellerano, cuyo nombre real era Jesusa Castillo Sánchez, se destacó como pintora, dibujante, grabadista, escenógrafa e instaladora.
Doctora en Farmacia y Química por la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1967. Se le considera pionera en la creación de esculturas móviles de grandes dimensiones, las que creaba con hierro, acero y materiales recuperados. Los llamaba maquinotrones.
Falleció el primero de enero de 2014 a la edad de 85 años, dejando un gran legado en las artes visuales dominicanas. 




Tarjeta hecha por Soucy para el Año Internacional del Niño 1979 inspirada en la escultura en relieve. © Foto cortesía de la familia Pellerano



En cemento, en la casa de Soucy. © Foto cortesía de la familia Pellerano. 

15/4/20

Iván Tovar


“Vencido”. Óleo sobre cartón del recién fenecido pintor dominicano Iván Tovar. 1963. Antes de las formas y los colores que le dieron fama mundial. Expuesto en abril de 2017 en el Museo de Arte Moderno de Santo Domingo. Colección del MAM.

23/7/16

Miguel Ramírez, 25 años de temblor poético y entrega al arte


“Diluvios en equilibrio”, la retrospectiva del pintor, dibujante, instalador, teatrero, ceramista y escenógrafo dominicano, se presenta hasta finales de agosto en el Museo de Arte Moderno (MAM)

-----
Yaniris López
yaniris.lopez @listindiario.com
Santo Domingo
-----
Cada una de sus exposiciones deja en el espectador la sensación de haber asistido a un evento único, exclusivo, personal. Como si fuera un privilegio acercarse y contemplar piezas que más allá de lo visual cuentan una historia; piezas que se dejan descubrir pero sin desnudarse del todo, que invitan a escudriñar, a involucrarse con ellas. 
Y ha sido siempre así, porque desde aquella primera exposición de pintura y cerámica presentada en 1994 en el Centro Cultural de España, Miguel Ramírez se consagró como artista visual multidisciplinario.
De hecho, es complicado hablar de su trayectoria y perfil artístico sin caer en la subjetividad que obliga a reconocer su maestría con el dibujo, la pintura, la cerámica, el teatro, el performance, la instalación, la escultura y la escenografía.
Egresado de la Escuela Nacional de Bellas Artes y de la Escuela de Arte de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), ganador de premios y menciones en bienales nacionales y profesor de artes plásticas y de creatividad escénica, Miguel es reconocido por sus colegas como un artista multifacético y discreto que deja que las obras hablen por él.
“Suyo es el dominio de las formas, las dimensiones, los cromatismos, el ensamblaje de tiempo y espacio en un lenguaje que lo denuncia como alma y materia de un momento histórico con sus particularidades aristas sociopolíticas”, lo describe el pintor, escritor y dramaturgo Diógenes Abreu.
Muchas de esas expresiones de arte conceptual y contemporáneo que ha venido desarrollando durante 25 años Ramírez las muestra en “Diluvios en equilibrio”, su individual número 17.
Para deleite de los que siguen su obra, hay de todo en la segunda planta del Museo de Arte Moderno (MAM): instalaciones, ensamblajes, collage, cerámicas, dibujo, arte objeto, acciones performáticas y videoarte.


El arte como medio de cambio
Un recorrido por “Diluvios en equilibrio” es también una invitación a reflexionar sobre migración, ecología, geopolítica, temas sociales y existencialismo.
“Son 25 años dedicado de manera constante y ecuménica al arte -dice Ramírez-. Porque el arte, para mí, más que una forma simple de expresarte, de ver e interpretar la realidad, es un medio de cambio y transformación en términos personales, humanos y sociales”.
Por eso, comenta a LISTÍN DIARIO, se preocupa porque cada una de sus piezas tenga “ese aliento, ese soplo, ese temblor poético de disfrute perceptivo”.
“De manera consciente siempre estoy dialogando con las ansiedades, con la incertidumbre, con las problemáticas que están aconteciendo en la vida humana de manera global”.
Un tema constante en toda su obra es la migración, pero no trabajada únicamente desde el punto de vista del traslado humano local y geográfico.
“El tema ha ido evolucionando y creciendo en mis concepciones artísticas que veo ya lo migratorio como una problemática existencial y filosófica”.
Una de sus mejores representaciones es la laureada instalación “Copérnico y las estrellas”, premiada en la Bienal Nacional de 2007.  
En términos formales, explica Ramírez, es una barca con asientos donde va una gran multitud y una gran cabeza en mirada de perfil, hacia la luz y las estrellas; una ventana para respirar y ver lo nuevo. El rostro es una recámara de neumático, un salvavidas, llena de bombillas. ¿El mensaje?  “Crear una especie de alegoría, de canto a cómo los seres humanos, por encima de todo siempre estamos buscando esa forma de movernos, de trasladarnos, aunque no sea físicamente. Nos movemos en los sueños, en la utopía, en nuestro imaginario”.
¿Cómo es el imaginario de Miguel Ramírez, el artista visual? ¿Qué le motiva a moverse? ¿Cómo vive su proceso de creación? ¿Qué le inspira? Quienes lo conocen y han seguido su trayectoria saben que es de poco “exhibirse”. Que su desvelo, como escribió Diógenes Abreu, “no es la pose del mercadeo, sino lo desnudo de la carne y los latidos de un corazón que se sabe vida más allá del proceso creativo”. Así que dejamos que sea él quien, con su particular modo de ver el mundo y el arte, se deje provocar y permita que le conozcamos un poco.


Veinticinco años de carrera. Diecisiete exposiciones individuales. Insinúas que esta retrospectiva es algo así como la consumación de una carrera de exposiciones que hace falta parar. ¿No harás más individuales?
Seguiré haciendo individuales. Es solamente que hay un momento en que llegas a un proceso de madurez, como de comprensión del oficio; un sitio donde ya sabes dónde estás con respecto al oficio del arte, que ya no se trata necesariamente de producir para presentar obras de arte. Prefiero vivir el proceso interno de mi taller. Para mí el arte no es presentar obras de arte, es crearlas.

¿Cuánto veremos de esos primeros años en “Diluvios en equilibrio”?
Comencé como pintor, saliendo de Bellas Artes, y como ceramista. Veinticinco años después mucha gente me recuerda como Miguel el ceramista. El que aprecia esta parte de mi trabajo no va a encontrar una gran representación de cerámicas en esta exposición. Solo verán dos piezas emblemáticas que han sido muy puntuales: las dos primeras piezas que decidí presentar de manera formal en las bienales y casualmente ganaron premios las dos. La primera se llama “Toten” y es muy experimental: varias esferas ensambladas, y es muy interesante porque son piezas muy entrañables porque en ese tiempo estaba trabajando muy de cerca con las mitologías taínas y africanas. Y es interesante porque siendo yo muy joven jamás pensé que la vida me iba a regalar un viaje a África, y tuve la oportunidad de estar allí, trabajando sus mitologías y pictografías, todo su imaginario. La segunda pieza, que de manera consecutiva gana también premio en la Bienal, se llama “La casa de las miradas”, una caja simple que parece guardar un tesoro,  alguna botija, pero que quedó petrificada. Tiene un tratamiento de figuras fosilizadas pero en realidad lo que cuenta, de lo que quería hablar con ella es de lo que está en su interior. ¿Qué había en esa caja? ¿Qué había en ese cofre que se petrificó? Por eso se llama “La casa de las miradas”.

Una de tus piezas más conocidas y versionadas son las figuras humanas delgadas detrás de alambres de púas que simbolizan, entre otras cosas, la libertad truncada. ¿Por qué elegiste una muralla tan dolorosa?
Porque así es la visión humana. Parecen piezas estacionarias pero al verlas en su dinámica compositiva son cinéticas. Queremos ser libertos, nos queremos liberar, queremos ser de alguna manera seres libres. Pero en definitiva vivimos atrapados en nuestras propias incertidumbres. Por más logros que alcancemos, por más transformaciones que alcancemos, no podemos obviar que este es un rato prestado. El ser humano tiene que convencerse, despertar interiormente y darse cuenta de que, como esto es un rato prestado, es aquí y ahora que debemos ser mejores, crear un ambiente más sano, de más convivencia colectiva. Es ahora, porque después no estaremos.


Los objetos y materiales con los que trabajas delatan a una persona que ve arte por doquier…
Sin pretensión de filosofar, ni de hacerme el profundo, soy un ser que vive observando más allá de la mirada. Vivo doble vida en el sentido de que vivo la cotidiana, la normal, esa en la que uno reacciona a todas las emociones, pero de manera paralela siento que hay alguien en mí, un demiurgo, por llamarlo de algún modo, que siempre está en vigilia. Voy manejando y me detengo porque veo una hojalata, un alambre viejo. Es decir, agradezco mucho ser una persona que vive en constante asombro, como que mi sensibilidad anda despierta y activa a cualquier circunstancia, a cualquier evento. Soy muy sensible a lo injusto, a lo que no debería ser, a lo abominable, a lo infame. Son cosas que me duelen, que me hacen sufrir. Pero no me obnubilo. Lo que hago entonces es que dialogo con eso, hago mi propia catarsis. Un tema infame para mí es la niñez desvalida, abusada. Es algo abominable. Eso lo trabajo de manera dramática pero no de manera ilustrativa. Trato de que ese dolor, de que ese elemento patético y duro de la vida, cuando se aprecie en una obra de arte por lo menos transmita algo de poesía. Ahí está “Anima del limbo” (ver galería), unos zapatitos ortopédicos, con sus cordones de alambres de púas, colocados en un rincón que la gente ni sabe que están ahí, y que luego le sorprende. Eso es lo que somos los seres humanos. Vamos en un vehículo, vemos a los niños pidiendo y somos indiferentes, y quise también colocar la pieza de esa manera. No la presenté en primer plano, sino en una esquina, en un rincón. Dos zapatitos en ese arco, en dos paredes desérticas, casi queriendo caer, porque así es como está la niñez desvalida y abusada. Están en un abismo. Por eso se llama “Ánima del limbo”.

En toda esta creación constante quién prima: ¿el instalador, el teatrero, el pintor?
Ramírez es un híbrido multifacético. Recuerda que vengo del teatro. Diógenes Abreu me describe bien porque habla del artista en el proceso. En eso nos parecemos mucho él y yo... Somos muy honestos con la verdad del creador, no con la verdad mediática en la que el artista se coloca frente a lo que está sucediendo en el medio queriendo ser el personaje. Por eso es que digo que somos muy ecuménicos. Vemos el arte como una verdad de cambio personal. No vemos la obra como un elemento que te dimensiona y que te coloca en un estatus social. Parece un discurso trillado pero es como siento el arte.
Soy feliz de que mi obra creativa, la que me place, que es la de intervenir los espacios, no se vende. Se venden los dibujos, algunos objetos… pero esa pieza donde trabajo el espacio es la que más me place. Porque me estoy explayando en el espacio, te estoy involucrando más como espectador. Cuando te hago una pieza bidimensional, de pared, eres un contemplador, pero cuando la hago en el espacio te estoy invitando, te estoy convocando a que seas parte de ese espacio. O como cuando hago piezas como una que presento aquí, que involucra olores…


“Diluvios en equilibro”. ¿Cómo interpretar el nombre de una retrospectiva que resume 25 años de carrera artística? ¿A qué hace alusión?
No es solo un título poético. Tiene diferentes contextos. Es Miguel Ramírez o cualquier ser humano ante el acontecer histórico. Los diluvios son eso, todo ese acontecer histórico que nos ha abrazado y avasallado y también todo ese acontecer que nos ha esperanzado y nos ha abierto puertas hacia nuevos caminos. Esos son los diluvios. Y en equilibrio porque de alguna manera la raza humana, equivocada o no, errática o no, ha permanecido de pie y ha sabido caminar con todas las vicisitudes y con todas las ansiedades e incertidumbres, y se ha mantenido en equilibrio. Es un contexto en términos conceptual, pero también “Diluvios en equilibrio” es Miguel Ramírez mirando hacia atrás, observando 25 años de coherencia y convicción en una postura con respecto a su visión estética. Desde muy temprano sentí que me iba a interesar hablar de lo social. Lo supe de una vez, y nunca me he desprendido de eso. Todas mis temáticas son sociales. Obviamente que, por mi formación y por mi sensibilidad personal, estoy muy de la mano de la poesía. No concibo la vida sin la poesía… Escribo pero no tengo pretensión de ser poeta. No está en mí ser escritor. Mientras estoy en el taller, creando, estoy rodeado de materiales, pero en un momento me alejo y sigo trabajando porque me dan deseos de escribir y entonces escribo sobre el proceso, sobre la temática que estoy trabajando. Por eso en la exposición vas a ver algunos textos interactuando con la obra.

A propósito de esos nuevos caminos, vemos mucho color en tus obras recientes...
Toda mi obra ha sido siempre muy ocre, muy opaca, muy monocromática, muy de materiales y objetos encontrados a los que no les doy tratamiento para que se vean bonitos… Incluso mis pinturas de los primeros años eran bien de colores muy planos, básicos. He querido, de alguna manera, como todo artista que va evolucionando, hacer unos cambios, siempre respondiendo a lo orgánico, a lo que siento, porque no me considero un artista de moda, de corrientes, que hace una obra cómoda para que se venda.
En esta muestra retrospectiva presento algo de la obra de mi colección y un segundo cirquito de la obra nueva de Miguel Ramírez ya en un proceso de madurez, de cambio, que comienza a trabajar otros materiales, que tiene otras visiones con respecto al hecho de la creación y de colocarse, incluso, en el medio artístico, no solamente local. Siento que agoté una etapa. No es una pretensión, sino un estado consciente de vivir una etapa a otro nivel. Obviamente para eso tengo que conformar una nueva obra que dialogue con lo que está sucediendo en los circuitos internacionales. Y aquí entra el color como un elemento lúdico, más que esperanzador. Lúdico: una palabra clave para mí incluso como docente. Para mí ser lúdico en la vida es lo que nos puede salvar. Ser lúdico no quiere decir ser creativo, o ser loco o excéntrico. Es simplemente tener la capacidad de sacar un momentico de tu vida agitada para dedicártela a ti. Uno vive a veces muy ajetreado. Si sacas un momentico para ir a una librería y tomarte un café estás siendo lúdico. En pocas palabras, es tener calidad de vida. Para mí es importante entonces el color porque en este momento en que quiero rescatar lo que está en mí quiero también rescatar y convocar a la gente para que despierte hacia lo lúdico. Ahora, en esa parte lúdica sigo todavía con mi parte dramática y de incertidumbre… 


Con camisas rasgadas, colores a retazos, tubos ornamentados envueltos en tiras...
Las camisas rasgadas son un elemento de lo atávico y de la vestimenta muy importante en esta nueva obra. Uno de mis nuevos proyectos es trabajar obras a partir de trueques con personas. Pretendo hacer un proyecto expositivo con piezas bajo proceso de trueque de pertenencias. Todas esas camisas son de amigos y conocidos que la donaron para hacer esta pieza. Más allá de lo estético tiene un contexto testimonial. Ellos me las donan para que yo, como artista, cree un nuevo discurso, pero ya esas camisas tienen una historia de vida, un testimonio.

¿Pasó eso con la pieza “Ruega por nosotros”? ¿La del rosario hecho con pelotas de béisbol autografiadas? 
Esa pieza tiene una historia. Las pelotas las compré nuevas en una tienda para un taller creativo en tres barrios marginados. Hice contacto con unos dirigentes comunitarios y hago esos talleres creativos con niños sobre el sentido de pertenencia, sobre sus aspiraciones. Ellos terminan firmando todas las pelotas, firmando sus sueños, su autógrafos;  ese sueño de llegar a ser alguien en la vida, y qué mejor que ser un pelotero de Grandes Ligas. Cuando me dan las pelotas autografiadas armo el rosario. ¿Y qué es un rosario en la sociedad dominicana? Es un elemento con el que te detienes a orar para la esperanza, esperando que llegue algo. Ahí, mientras trabajo esa pieza, me doy cuenta de que puedo comenzar a hacer arte así, interactuando con la comunidad. Y tú sabes que tengo años trabajando como facilitador y consultor en los bateyes, una experiencia que me ha reciclado, que me ha dado un cambio de vida, que me llevó a África.

Niños, bateyes, talleres. ¿Cómo es Miguel Ramírez como docente? Dicen que adoras enseñar…
Soy profesor de la Escuela Nacional de Arte Dramático y también docente contratado de manera temporal por el Ministerio de Educación como facilitador para docentes. Doy clases a los docentes sobre cómo usar estrategias de teatro en el aula. Para mí, en esta etapa de mi vida, ser docente es estar convencido de que no se trata simplemente de vaciarles información a los estudiantes. Información obtienes de muchas maneras, a través de las personas, en Internet. Ahora, los saberes los obtienes a través de la experiencia. Entonces trato de que ellos tenga experiencias en el aula y que esos saberes sean herramientas para utilizarlas. Me preocupo mucho de que lo que les enseño les sea útil.

Una sola pieza tuya puede incluir muchas expresiones, muchas técnicas. ¿La visualizas antes de trabajar?
A veces sí, pero a veces la pieza surge. Como dije en una ocasión, no creo en la inspiración. ‘Ay, me siento inspirado’. No, tienes una emoción. Si la inspiración existe ya me va encontrar trabajando en el taller. A las 5:00 o a las 6:00 de la mañana, cuando voy a trabajar con mi café, si ella está ahí esperándome ah, qué bueno: ‘Inspiración, estás aquí esperándome’. Si llego y ella no está y luego viene, pues también qué bueno que llegue. Creo en el oficio, por eso mi compañía de teatro se llama Teatro de Los Oficios. Creo en el hacer. De hecho, uno “es” por lo que uno hace.

¿Editas las piezas cuando haces versiones para nuevas exposiciones? 
Sí, las versiono y soy muy atrevido y provocador conmigo mismo. 


14/6/16

José Perdomo, 50 años dedicado a la pintura

El pintor dominicano celebra cinco décadas en las artes plásticas con su exposición individual número 44: “Por los caminos de la madre naturaleza”.

-----
Yaniris López 
Santo Domingo
-----
Nació en 1946 en Santo Domingo y para finales de los 50 ya sabía que quería ser pintor. Decidirse fue fácil: desde muy pequeño, José Perdomo se dio cuenta que la pasión que sentía por la pintura y el dibujo y el talento para crear obras pictóricas les venían de nacimiento. 
Dice que le dieron muchos fuetazos por llenar todos los cuadernos escolares con dibujos; que cobraba un centavo a los compañeros de escuela por hacerles las ilustraciones de Naturales y Geografía, y que siendo muy pequeño solía rellenar con color –y sin permiso- los dibujos en blanco y negro de su mamá, entonces estudiante de pintura.
 A los 15 inició su formación en la Escuela Nacional de Bellas Artes y en los talleres de Paul Giudicelli y Gilberto Hernández Ortega.
Su primera gran paga, a los 16, se la debe a los bodegones y desnudos que hiciera para un comerciante puertorriqueño que vivía en Santo Domingo y viajaba mucho a Santiago.
“Él me dijo 'Vamos a hacer un negocio: te voy a traer tela y óleo, te voy a dar algo de dinero y tú me pintas esos bodegones’. Esa fue la primera vez que cogí dinero por hacer pintura”, comenta. Convencido del talento de Perdomo, este señor le ofreció ayuda para que estudiara y trabajara en Estados Unidos.
“Baño de hojas” (70”x100”, 2008)
Se marchó ya iniciada la Revolución de Abril y regresaría en 1966 para su primera individual en el Palacio Nacional de Bellas Artes. Un gran escenario para iniciar la carrera. De vuelta al país norteamericano estudió con los maestros Luis Camnitzer y Robert Motherwell. 
Luego vivió varios años en Perú (donde aprovechó para estudiar sobre las Líneas de Nazca, Machu Picchu y el arte peruano) y en Brasil.
A República Dominicana regresaría para quedarse en 1983. A partir de este año, el contenido plano y sin fondo de sus cuadros, la singularidad de sus trazos y los colores fuertes de sus figuras humanas le aseguraron un espacio en la plástica dominicana.
De su primer discurso pictórico, el crítico de arte y curador Abil Peralta escribe que estuvo fundado en “la criticidad antropológica, científica e ideológica sobre la conciencia identitaria y cultural del ser dominicano (…); una pintura cargada de presupuestos simbólicos cuyos referentes primarios estaban en los fundamentos y estructuras formales de la estética y nivel de expresión visual del arte taíno”. Perdomo sostiene que fue él y un grupo de seis pintores quienes introdujeron en sus obras conceptos alusivos a la cultura taína.
“Mariposas” (60"x70", 2015) 
Durante cinco décadas de trabajo, Perdomo ha expuesto en las más importantes galerías dominicanas y en reconocidos espacios de Estados Unidos, Perú, México, Puerto Rico, Brasil, Canadá, Argentina, Venezuela, Panamá, Guadalupe, Alemania y Bélgica. Muchos premios respaldan una labor que llena todo su tiempo, entre ellos el Premio de Pintura de la Cuarta Bienal Internacional de Pintura de Cuenca, Ecuador, otorgado en 1994; y el primer premio de Pintura de la Vigésima Bienal Nacional de Artes Visuales (RD), recibido en 1996.

Cinco décadas creando
Perdomo ha dedicado su vida entera a pintar. El entusiasmo por lo que hace lo mantiene tan fresco que no acepta hacer otra cosa, ni siquiera dar clases. ¿Su explicación?
“No me sale. Cuando comienzo a pintar un cuadro grande que me gusta (todos mis cuadros son grandes –sonríe-), no me importa el tamaño que tenga, me trepo a una escalera o una silla, en lo que sea, y puedo estar trabajando 12 y 14 horas, desde la mañana hasta la noche. No me acostumbraría a que tengo que parar, vestirme y salir porque tengo que dar clases; si me dijeras que estoy pasando por una crisis, pero no. Gracias a Dios, que es mi guía, no me ha faltado nada”.

“El Bosque Encantado” (60"x70", 2016)
Como no podía ser de otra manera, celebra estos 50 años en el arte con una exposición, la número 44: “Por los caminos de la madre naturaleza”, inaugurada el pasado jueves 7 en el Centro Cultural Mirador.
Son 32 cuadros de grandes formatos, óleo sobre lienzo, en los que Perdomo rinde honor a una tendencia pictórica abrazada en los últimos 10 años: la biodiversidad.
Flores, mariposas, aves, peces, delgadas figuras taínas, hojas de todos los colores y pétalos ocupan todo el lienzo, a veces como figuras principales o como relleno. ¿Relleno? Sí.
Con muy raras excepciones, las pinturas de Perdomo ocupan el cuadro entero.
“En mis cuadros no hay fondos. No me interesan los planos. Me interesa que todo el cuadro sea un cuadro, que todo sea principal”, explica el pintor.

“Alma taína” (60"x40", 2012
De acuerdo con Abil Peralta, museógrafo de la muestra, “para lograr lo que he denominado el efecto cromático Perdomo el artista expresa y expone su particular destreza en el dominio técnico en la aplicación del 'painting stik’ o barra de óleo, herramienta de producción pictorial que con la manipulación del pincel y la espátula le aporta un valioso recurso a favor de la calidad y radiante esplendor y energía visiva que el espectador siente cuando se enfrenta a la fuerza plastia y comunicación de sus telas”.

No al ‘vendío’
Mientras montaba la exposición, unos estudiantes de la escuela Altos de Chavón le pidieron a Perdomo que les recomendara algo.
“Les recomiendo una sola cosa, les dije: no se estén fijando en lo que hace otro y mucho menos en si fulanito vende y tú no vendes. Olvídense del vendío. El pintor que se ocupa especialmente de hacer las cosas que le gusta al público para vender, está fracasado. El maestro Motherwell decía que hay artistas y hay pintores: pintor es todo el que coje una brocha y un pincel y pasa pintura; ahora, artista plástico dedicado al pincel, a crear… a eso no se dedica todo el mundo”.
Con toda una vida dedicada a la pintura, Perdomo le sigue interesando el proceso más que el resultado. Próximamente espera viajar a Estados Unidos y traerse un rollo entero de tela de 100 yardas por 70 pulgadas de ancho para continuar la celebración de sus 50 años en el arte… pintando.


Estudios. Me formé con los mejores de la época”, recuerda José Perdomo: con Domingo Liz, Antonio Prats Ventós, Jaime Colson, Gilberto Hernández Ortega, Paul Giudicelli y Gaspar Mario Cruz. En la imagen: “Baño de hojas” (70”x100”, 2008). FOTO 3 “Mariposas” (60"x70", 2015) FOTO 4 “El Bosque Encantado” (60"x70", 2016). Esta colección de José Perdomo “es fruto de una profunda investigación iconográfica e iconológica que tiene su raíz en la geometría blanda e informal que vemos y sentimos en la naturaleza”, resalta el museógrafo de la muestra, el crítico de arte y curador Abil Peralta. FOTO 5 Amante de las plantas. José Perdomo lleva más allá del lienzo su admiración por la biodiversidad. Por muchos años se ha dedicado al cultivo de bonsáis y en el patio de su casa crecen decenas de plantas, incluyendo especies propias de bosques muy húmedos. ©Yaniris López FOTO 6 “El Bosque Encantado” (60" x70", 2016) FOTO 7 “Alma taína” (60"x40", 2012) FOTO 8 “Peces” (50"x60", 2015) FOTO 9 “Santa Cena” (50"x60", 2013). Para hacer el fondo de este bodegón, Perdomo utilizó cinco tonos de blanco. FOTO 10 “Y Dios creó los cielos y la tierra” (70"x70", 2015)

12/5/16

Migración: más allá del espejismo

“El caballo de Troya” (2016), 78" x 58",

El artista plástico dominicano Alejandro (Chichí) Reyes reflexiona sobre el drama de la migración humana en la muestra 'Más allá del espejismo’, abierta hasta el 20 de junio en Arte San Ramón 

-----
Yaniris López 
Santo Domingo 
-----
De las bucólicas estampas marinas del Caribe presentadas en 2015 en París, el artista plástico dominicano Alejandro (Chichí) Reyes da paso, en su última exposición, a las imágenes figurativas y dolorosas que reflejan las palabras desplazamiento, fronteras y fragmentaciones cuando hacen referencia a la vulnerabilidad social. 
Las presenta aquí, en Santo Domingo, desde el pasado jueves y hasta el 20 de junio en Galería Arte San Ramón (ASR).
En 30 obras recientes repartidas entre pintura sobre tela y dibujos en técnicas mixtas, Reyes comparte su visión pictórica del drama de la migración humana, una reflexión personal que ya había hecho pública en suelo dominicano en Casa de Teatro con la exposición @Migrants (noviembre, 2015).
Entre colores fuertes y cenizos se pasean los trazos ya conocidos del artista poniendo en movimiento el dolor, la desesperación y el sentimiento de desesperanza que supone abandonar la tierra natal y errar, atravesar muros, exponerse al peligro, suplicar acogida… 
La curadora de la muestra y directora de ASR, Paula Gómez, señala que en esta nueva producción artística, titulada “Más allá del espejismo. Desplazamientos, fronteras y fragmentaciones”, Reyes ha forjado una iconografía muy particular de aspectos figurativos propios “que refleja el gran espectro que abarca el fenómeno de la movilidad mundial por causas socio-económicas y geopolíticas”.

¿Por qué este drama y no otro? Reyes dice que desde 2011 reside en el corazón de Europa, entre París y Bruselas, y que los grandes desplazamientos migratorios actuales le han llevado a reflexionar sobre este fenómeno social.
 “A través de mis obras intento despertar a una reflexión universal y transversal sobre el tema migratorio y del derrumbamiento de fronteras, analizando su impacto en la herencia socio-cultural de los pueblos y en la transformación de su identidad misma de cada individuo”, expresa.
Más allá del planteamiento conceptual, Reyes se mantiene fiel a un estilo que el público celebra y le ha merecido el reconocimiento de la crítica.
En esta muestra, apunta Gómez, la figura central sigue un tratamiento expresionista en la representación de los personajes, “deformados y dispuestos sucesivamente en un movimiento enérgico y vertiginoso. Igualmente entrelazados, perpetrando muros atrapados en un espacio metafísico”.
Sobre la concepción figura-fondo, destaca que el pintor se enfoca en la simplificación del fondo, reduciéndolo a un color plano y minimalista “estructurado por la perspectiva y líneas de fuga donde priman los campos de color”.

Pasado y presente 
A partir de un lenguaje contemporáneo, Gómez escribe que, en obras como Caballo de Troya y La Medusa, el artista establece un diálogo entre pasado y presente valiéndose de la apropiación de imágenes de la historia del arte.


Mientras usa la imagen alegórica del famoso caballo “para significar los artilugios detrás de los grandes movimientos humanos”, con “La Medusa” (inspirada en la obra de 1819 La barca de la medusa, del pintor romántico francés Theodore Gericault) busca establecer “un paralelismo con los naufragios de embarcaciones endebles, cargadas de arriesgados inmigrantes que escapan buscando una mejor vida”. 

Perfil 
Alejandro Reyes (Santo Domingo, 1973) se formó en bellas artes en la Escuela de Diseño Altos de Chavón y en Arte Gráfico y Arquitectura en la Universidad Católica Santo Domingo. Es muy activo en la creación artística. Entre sus últimas exposiciones destacan su participación en las colectivas “Tiempos modernos. Arte contemporáneo y la memoria de la esclavitud”, organizada por la Unesco en Galerie Vallois (París, 2015); y el “Festival Internacional de Pintura de Ferté Bernard”, también en Francia (2014).


15/3/16

Miki Vicioso, el último litógrafo

En el sótano del MAM, el arquitecto mantiene activo el único taller equipado para trabajar la litografía artística en República Dominicana

Miki en el taller. Foto de ©Iris Lizardo/LD

----
Yaniris López 
Santo Domingo 
----
De los vocablos griegos lithos (piedra) y graphe (dibujo), la litografía es el arte de dibujar o grabar en piedra con el fin de imprimir y reproducir lo grabado.
Esta técnica creada por el alemán Johann Aloys Senefelder en 1796, para imprimir las obras de teatro que escribía, se realiza sobre piedras calizas pulimentadas y su principio está basado en la repulsión del agua y la tinta grasa.
Aunque está en desuso, los artistas plásticos, sobre todo pintores y dibujantes, la siguen considerando una buena opción para reproducir obras de arte de excelente calidad.
Y como un nostálgico recurso artístico que –saben- tarde o temprano desaparecerá. Una técnica viva, aún...
En el sótano del Museo de Arte Moderno (MAM), el arquitecto dominicano Miki Vicioso mantiene activo el único taller de litografía artística clásica equipado para trabajos profesionales con que cuenta República Dominicana.
Foto: ©Iris Lizardo/LD
Aquí pone en práctica sus estudios de Pedagogía en Artes Plásticas por la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y decenas de talleres, cursos y estudios realizados en Río de Janeiro (Brasil) sobre composición de interiores, grabado sobre madera y metal con el profesor Adir Botelho, fabricación de papel de manera artesanal, restauración de documentos y litografía artística.
Es esa técnica que practica desde hace 36 años, la litografía artística clásica, la que más le duele y preocupa. Miki dice al LISTÍN DIARIO que pocos dominicanos se interesan en estudiarla y mantenerla útil y rentable.
Así que, contrario a lo que pudiera parecer, para el artista plástico no es alegría saberse el único que trabaja con fines artísticos y de impresión masiva esta técnica de grabado, un proceso algo mecánico pero que amerita de la precisión de un artesano, el acierto de un químico y la destreza de un artista.
Miki hace el graneo/pulido de la piedra.
“Las personas que hacían litografía eran especialistas en letras, tenían que ser dibujantes. Luego de ser muy usada en el siglo XIX, cayó en desuso con la llegada de los procesos fotomecánicos y el auge de la fotografía, pero artistas como el mismo Picasso continuaron empleándola y vendiendo reproducciones”, comenta Miki.
El trabajo artístico comienza con la limpieza de la piedra calcárea, sigue con el dibujo y en lo adelante un proceso de fijado, secado, entintado e impresión.
En este proceso se utiliza agua, tintas grasas, disolventes, betún, esponjas, ventilador y otros productos químicos y materiales encargados de fijar la imagen a la piedra y asegurar luego una buena impresión en la prensa litográfica.
Para el dibujo los artistas suelen usar lápiz litográfico, tinta de impresión y lápiz dermatográfico (ese que escribe sobre cualquier superficie).
Parece complicado pero Miki asegura que es un arte y por lo menos como objeto de estudio debería preservarse. Él tiene entre sus méritos asistir a los artistas dominicanos que todavía recurren a este tipo de grabado para imprimir una gran cantidad de trabajo.
“Algunos lo siguen usando porque a partir de un dibujo sobre la piedra se pueden sacar todas las copias que desee el artista, copias idénticas, de buena calidad. Esa ventaja de reproducción es la que mantiene vivo este arte”.

La primera exposición colectiva de litografía en el país se realizó en el año 1991.
Uno de los últimos grandes trabajos de Miki fue asistir con la técnica litográfica a las artistas Soucy Pellerano, Rosa Tavárez, Amaya Salazar, Iris Pérez y Elsa Núñez en un proyecto de litografía de estampas de la Ciudad Colonial.

Curso. Para motivar entre los artistas plásticos y jóvenes el interés en esta técnica, Miki organiza cada cierto tiempo el curso “Técnica de la litografía artística” en el taller del MAM, coordinado por el departamento de Extensión Cultural de la institución.
Amaya Salazar (1), Elsa Núñez (2), Rosa Tavárez (3), Soucy Pellerano (4) e Iris Pérez (5). ©Iris Lizardo/LD

9/11/15

XXVIII Bienal Nacional de Artes Visuales

El próximo martes 17 de noviembre concluye la XXVIII Bienal Nacional de Artes Visuales. Acá una selección de obras. ¿Mi(s) favorita(s) en esta edición? La propuesta de Ginny Taulé. Y el collage de Marina Taveras (¿cúantos pedacitos de papel habrá utilizado en estos dos cuadros?). Y el acrílico sobre tela de Irene Sierra. Y la videoinstalación de Morilla. Y el monte sacrificado de Cayuco. Y la eterna primavera de don Delio García. Joder...

Guadalupe Casasnovas. "Foni (Phoney I)". Plexiglás, acero inoxidable.

Clara Herrera. "Incesto". Instalación escultórica en fibra de vidrio y hierro.
Dio-genes Abreu. "No ha lugar: así se evacúa una sentencia". Instalación.

Genaro Reyes (Cayuco). "El monte sacrificado". Instalación en madera y plantas de sábila.

Genaro Reyes (Cayuco). "La pesca milagrosa". Instalación con red de pesca, hilos y zapatos.

Gran Premio. Raúl Morilla. "Claustro para el Edén". Videoinstalación.

Lidia León. "Jaula brillante".

Ángel Ramírez. "Realidad latina" I, II, y III. Acrílico sobre tela.

Premio Instalación. Ginny Taulé. Cama iluminada con sábanas dibujadas.

Premio Instalación. Ginny Taulé. "Saudade: el renacer de la mirada".  99 x 84 pulgadas.

Sandra Garip. "De pura cepa". Fotografía. 90 x 40 pulgadas.


Miguel Ramírez. "Sueño de Galeano". Grafito, sillas de madera, neumáticos.

Miguel Rivas. "Calendario". Instalación con láminas, madera y sangre. 4 x 4 x 4 metros.

Baltasar Alí. "La partida". Madera, recursos quirúrgicos y platos.

Cruz María Dotel. "Presagio de naturaleza muerta". Al final de los hijos, agujas.

Carlos Despradel. "La carga". Gras, barro rojo pintura, oro arena, neón.
Ricardo Arsenio Toribio. "Serie: Los mapas secretos de Dios. El abrazo". Óleo sobre tela
Luis Santana. "Sutileza engañosa". Mixta sobre lienzo. 40 x 60 pulgadas.
Irene Sierra. "La creación de un mundo según Irene". Acrílico sobre tela. 57 x 78.5 pulgadas
Elvis Avilés. "La última cena". Tríptico. Mixta y metal sobre tela. 133 x 60 pulgadas.
.

Elvis Avilés. "La última cena". Tríptico. Mixta y metal sobre tela. 133 x 60 pulgadas.

Delio García. "De 0 a 10". Aluminio, hierro y acero inoxidable. 50 x 50 x 27 pulgadas.

Carlos Estrada. Instalación con cuadros, mesas y botellas.

Roberto Rubiera. "Alicia". Óleo sobre tela.

Premio Escultura. Delio García. "M3" (Metro cúbico)


Ernesto Rodríguez. "A raudo". Cascos de motoristas.

Delio García. "Eterna primavera". Hierro y madera.

Félix Manuel Lazala. "A la medida" (díptico). Óleo sobre tela.

Colectivo G.Q. "Frágil". Barro, pintura, textiles.
Magno Laracuente. "Ese lugar". Pintura de aceite sobre lino.

Magno Laracuente. "Miranda". Caoba. 3 x 16 x 14.

Juan Trinidad. "Raices caribeñas". Madera policromada.

Limber Vilorio. Resina, casquillos de bala, hierro.

Ramón Peña. "Tema libre 3 x 3". Instalación

Luis Arias. "Ludus". Hierro,  metal, plástico y esmalte.

Ana Emilia Abreu. "Crisis del cuarto de la vida". Tela, madera, plásticos.
José Demetrio Peña. "Oro por espejitos". Mixta sobre tela.

Patricia Ponomarencio. "Sueños de Duquesa". Instalación.

Marina Taveras. Collage, papel sobre tela.


Grupo 4 + 1. "Reminiscencia platónica".  Madera, metal, yeso, hilo de pescar.

Aquiles Azar. "Ancestral" (díptico). Mixta sobre madera.

Wilfredo Torres. "1/2". Arcilla roja, base de hierro.

Premio Obra Gráfica. Julio César Peña. "La pena que nos une".

Solange Rodríguez. "Explosión de vida Caribe". Mixta sobre tela.

Erlim Morel. "Esperando el autobús del milagro". Mixta sobre tela.

Genaro Phillips. "El poder del jefe don Dinero". Acrílica, metal, papel sobre tinta.

Alexander Matos. "Felicia". Resina, fibra de vidrio, madera.

Sole Fermín. "En un hilo, la vida". Performance.

Nelson Barrera. "Tocando fondo". Hierro, mandíbula y cuerdas.

Rafael Hernández Peguero. "Sueño turbulento" (políptico).



Abril Troncoso. "Frontera". Madera, alambre.

Wali Vidal. "Coincidencia". Instalación. 4 3 x 1.5 metros

Wali Vidal. "Coincidencia". Instalación.


Mariano Bidó. "El traspasado". Mixta sobre tela.

Freddie Cabral. "Red carpet". 70 piezas. Hierro, metal, plástico y esmalte.
Tony Capellán. Artista invitado.