18/10/13

Alegría de la mañana blanca (Pedro Mir)

¿Fiesta? La de tus ojos.
¿Parranda? La de tu cara.
Felicidad y alegría.
¡Triunfo de las nubes blancas!
Conviérteme todo en besos
para estamparme en tu cara. 
 

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Fragmento

24/9/13

"Pinceladas del fotoperiodismo"

Jorge Cruz y Adriano Rosario muestran en una exposición cómo, de manera artística, se puede contar la realidad.

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Yaniris López
Santo Domingo
¿Cuál es el tema?, les preguntan muchos a Jorge Cruz y a Adriano Rosario cuando estos los invitan a visitar su exposición “Pinceladas del fotoperiodismo” en el Museo de las Casas Reales.
Y ellos responden que no hay tema, y que si lo hubiera entonces serían muchos temas porque es imposible etiquetar 10 años de la historia gráfica de un pueblo, o ponerle epítetos a un conjunto visual en el que caben todas las situaciones, todos los paisajes, todas las emociones.
 

Lo que han hecho Cruz y Rosario es compartir 52 imágenes de los acontecimientos que cubren y viven a diario como reporteros gráficos del LISTÍN DIARIO.
Hay imágenes sublimes, inspiradoras, tiernas;  y otras crueles, desoladoras, inquietantes y desgarradoras.
Porque así es la vida, dicen ellos, porque de eso se trata el  fotoperiodismo: de asentar gráfica y objetivamente el devenir de los tiempos.
Seleccionaron para la muestra que concluye el próximo jueves 3 de octubre imágenes que registran temas como la violencia de género, la basura, la pobreza y la desigualdad social; protestas, estampas campesinas con un toque de casualidad (como la imagen del abejorro que apareció de la nada justo cuando Adriano retrataba una flor de guajabo); los efectos de los fenómenos naturales en la isla y las secuelas dejadas por las tragedias humanas, entre ellas las ya famosas fotografías que tomó Cruz durante el terremoto que azotó Haití en enero de 2010. De este último acontecimiento se exhibe un collage con los “PDF” de los diarios del mundo que publicaron en sus portadas imágenes tomadas por Cruz en Haití.



Arte y drama
En el país no son frecuentes las exposiciones fotoperiodísticas y se debe, explican Cruz y Rosario, a que son menos comerciales que las muestras pictóricas.
“Claro, la gente no se imagina poner algunas de estas fotos en las paredes de sus casas, pero la idea de la exposición es esa, enseñarles que hay una forma diferente de mostrar la realidad y que esta tiene, también, mucho de arte”.
Al respecto, Cruz dice que, aunque al principio no quiso exponer la foto de un  feminicidio porque la consideraba muy dura y chocante, al final Rosario lo convenció de que serviría para mostrar “que no solo el cuerpo completo sirve para contar una historia”.
“Esa foto crea un choque de emociones. Es cierto que te va a impactar, la imagen te dice que es una cosa desagradable, pero los colores y el enfoque te dicen que es bonita, y de repente vuelves y dices: No, es algo feo”, explica Rosario.
Como el contraste de la foto, el fotoperiodismo les ha hecho vivir episodios de insensibilidad y nobleza extremos, momentos de rabia y sosiego; sensaciones de inquietud social y gozo.
Y a propósito, ¿cuáles han sido los cambios más importantes que han notado ambos en la sociedad durante estos años dedicados a registrar la historia gráfica dominicana?
“Han cambiado los métodos de lucha, las formas de protestar, la infraestructura física de la ciudad;  pero lamentablemente sigue habiendo mucha pobreza y desigualdad social. Ya no hay tantas casitas de yagua, incluso las casitas malas tienen algo de concreto, pero dentro de esas casitas, con todo y block puedes ver muchísima miseria dentro”, responden.

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Adriano Rosario comenzó la carrera de Comunicación Social en la UASD, casi termina en el Instituto Dominicano de Periodismo (IDP) y fue reportero de la revista “Mi Vecindario”, en Los Alcarrizos. Desde hace 13 años forma parte del LISTÍN, a donde llegó recomendado por Juan Pérez Terrero para trabajar en el laboratorio fotográfico. Allí se encargaba de recibir y revelar los negativos y de escanear las fotos.
Jorge Cruz llegó al LISTÍN en 1994 para trabajar, como lo hizo Adriano, en el laboratorio fotográfico.
Antes había trabajado en el periódico Hoy. Como fotógrafo se estrenó en este diario en 1998 con un intento de atraco ocurrido en una institución bancaria. Ha cubierto de todo, cuenta, desde Sociales hasta sucesos escalofriantes que le han marcado como persona y como profesional.

20/6/13

Me pasa igual...

«Me gusta extraviarme a mí mismo a través de otras mentes. Cuando no estoy pensando, estoy leyendo. Soy incapaz de sentarme y ponerme a pensar. Los libros piensan por mí».
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Charles Lamb, poeta inglés (1775-1834)

14/6/13

¿Quieres ser escritor? Consigue un trabajo...

Ana María Sua en Santo Domingo.
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Yaniris López
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¿Duros y poco inspiradores?
Puede ser, pero igualmente realistas y efectivos. Así fueron los consejos que la escritora argentina Ana María Shua (Buenos Aires, 1951) ofreció a los aspirantes a escritores que asistieron a su conferencia “Ser escritor, técnica y misterios”, en la pasada XVI Feria Internacional del Libro de Santo Domingo.
Para predicar a partir de la experiencia, Shua narró todos los descubrimientos e inconvenientes que marcaron sus inicios en la literatura antes de la publicación de “Soy paciente” (1980), la novela que la lanzaría con éxito al panorama literario latinoamericano.
Primero, dice Shua, es fundamental que el futuro escritor sienta locura por la lectura, que sea un gran lector, un lector apasionado.
“Dime lo que lees y te diré lo que escribes”, sentenció la autora de poesía, novelas, cuentos, microrrelatos, ensayos y títulos infantiles. 
Shua, que conoció la literatura desde muy pequeña y “de manera inconsciente” (escuchando declamar a una tía), piensa que es mejor iniciarse en la escritura con poesía en lugar de narrativa.
Y no porque la poesía sea inferior a la narrativa, exclama.
“De ninguna manera. La poesía, y en esto estamos de acuerdo los escritores, ocupa las más altas escalas. Pero la narrativa exige un altísimo grado de madurez”.
A ella le funcionó. Fue la poeta favorita del colegio y a los 16 años, en 1967, publicó su primera colección de poemas, “El sol y yo”, que le mereció el Premio Estímulo del Fondo Nacional de las Artes y el Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores.

Autocrítica y concursos
El aspirante a escritor, sigue Shua, no debe enamorarse de todo lo que escribe y sí aprender a diferenciar lo que tiene calidad de lo que no la tiene.
“Es necesaria, es imprescindible la autocrítica”, apunta.
Como es tan complicado publicar, una opción son los concursos literarios, de los que dijo son valiosos y no todos están arreglados, especialmente aquellos que no ofrecen grandes sumas de dinero.
“A los jurados nos da mucho gusto encontrar gente joven que escribe con calidad, nos da muchísimo gusto apoyarlos”, asegura.
Cuando Shua se dio cuenta de que la escritura, para ella, iba más allá de un simple deseo, decidió tomarse en serio el asunto y consciente de que existen misterios dentro de cada escritor que hacen que se incline hacia un género más que a otro apostó por la narrativa.
Entonces confirmó lo difícil que resultaba publicar en una época marcada por la dictadura, que no bastaba con el entusiasmo y comprendió que para cualquiera que desee dedicarse a la literatura era fundamental conseguir un trabajo.
“Sí. Conseguir un trabajo del que vas a tener que vivir porque aun en el mejor de los casos (...) vas a pasar muchos años antes de que puedas vivir de la venta de libros”.
En uno de esos trabajos, específicamente como redactora creativa de una agencia de publicidad, Shua aprendió ñy aquí viene otro de sus prácticos consejosñ, a no depender de la inspiración para crear.
“Porque la inspiración, como todos sabemos, existe pero nos tiene que sorprender con las manos en la masa”, indica.
Poco a poco, insinúa, “uno aprende que aun en esos momentos en que parece que no se nos ocurre nada, con esfuerzo, con concentración, algo se puede obtener”.
Y así llegaron los años finales de la década del 70. Shua quiso escribir algo que no tuviera nada que ver con la dictadura argentina (1976-1983) y nació “Soy paciente”, la historia de un hombre que se interna en un hospital para hacerse unos estudios y “pronto sabrá que salir de allí no es tan sencillo”, pues “una delirante telaraña burocrática lo va atrapando poco a poco”.
Con la publicación de esta historia, Shua se consagró como una de las más destacadas narradoras latinoamericanas.

Una fecunda labor literaria
Ana María Shua ha escrito cinco novelas: “Soy paciente" (premio de la editorial Losada), “Los amores de Laurita” (llevada al cine), “El libro de los recuerdos” (que le valió la Beca Guggenheim), “La muerte como efecto secundario” (Premio Club de los XIII y Premio Municipal en novela) y “El peso de la tentación” (2007).
El libro “Cazadores de Letra”, publicado en 2009, reúne sus cuatro libros de minificciones y “Que tengas una vida interesante”, también de 2009, sus cuentos completos. Con más de 20 títulos publicados desde 1988, Shua es una prolífica autora de literatura infantil, un trabajo que le ha merecido el reconocimiento internacional.