21/10/09

El peligro de amar a Margarita (Andrés Neuman)

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Son malos tiempos para el romanticismo. Margarita es elegante, lista, decidida. Me quiere. Trabaja demasiado, tiene insomnio, parece siempre preocupada. No me quiere. Como es madrugadora, suele preparar el desayuno para dos. Me quiere. Detesta que me haga el remolón. No me quiere. Cuando nos duchamos juntos, como por arte de magia, hacemos el amor en equilibrio. Me quiere. Después se queda absorta y se viste rápido. No me quiere. A veces me pide que le seque el pelo, cierra los ojos, ronronea. Me quiere. Hace llamadas extrañas, se va hablar a otra habitación, nunca sé quién la llama. No me quiere. Margarita tiene un buen sueldo y le gusta salir a cenar, comprarme camisas, irse de vacaciones conmigo. Me quiere. Lo que más me molesta es que, cuando estamos juntos, mire constantemente su reloj deportivo. No me quiere. No te preocupes, príncipe, me consuela, te llamo en cuanto pueda, te lo prometo, adiós. Me quiere. Ahora, no sé por qué, vigila la ventana y me pregunta por los vecinos. No me quiere. Me acerco y, al besarla, Margarita sonríe con ternura. Me quiere. De pronto se separa de mí sobresaltada. No me quiere. Su precioso vestido blanco le deja al descubierto medio pecho. Me quiere. Ahora no, me ordena, estate quieto. No me quiere. Me toma del brazo con fuerza. Me quiere. Shh, susurra agazapada. ¿No me quiere? Margarita..., suspiro. ¿O me quiere? ¡Abajo!, chilla ella: no me quiere. Rodamos juntos por el salón hasta quedarnos hechos un ovillo debajo de la mesa. Me quiere. Algo impacta contra el cristal de la ventana y lo hace añicos. No me quiere. ¿Estás bien, vida mía?, me pregunta al oído. Me quiere. ¿Y tú?, le contesto con un hilo de voz, pero no obtengo respuesta. No me quiere. Ella se incorpora delicadamente y gatea por el pasillo. Me quiere. ¿Adónde vas?, ¿qué haces?, protesto ansioso, y desaparece. No me quiere.

Un minuto después, Margarita regresa con su bolso y se acurruca junto a mí. Me quiere. Abre el bolso, intento mirar qué busca, ella se aparta. No me quiere. Mi vida, me advierte, ten cuidado con los cristales del suelo. Me quiere. Saca un revólver del bolso, un revólver con el cañón muy grueso. ¡No me quiere! Me acaricia una mejilla. Me quiere. Desde mi refugio debajo de la mesa, la veo alejarse de nuevo y avanzar agachada hacia la ventana rota. No me quiere. La tela de su vestido se tensa como una piel pálida y fina. Me quiere. Se pone en pie de un salto, saca un brazo por la ventana y dispara varias veces. No me quiere. Al escuchar mi respiración entrecortada, se acerca a mí, me ayuda a salir de la mesa y dice: Ya ha pasado, cariño, ya ha pasado. Me quiere. Pero añade: Ahora tengo que irme. No me quiere. Me besa la comisura de los labios: huele a pólvora y perfume. Me quiere. Se marcha de mi casa apretando ese bolso que nunca sé qué esconde. No me quiere. Antes de abrir la puerta y salir tan veloz que parece de viento, se vuelve un instante para guiñarme un ojo verde. Me quiere. No me dice cuándo me llamará ni dónde nos veremos otra vez. Definitivamente, pienso yo, Margarita no me quiere.

25/8/09

Myrna Guerrero: "Volví a mi vocación primera"


Yaniris López
Ventana/Listín Diario
Sábado 22 de agosto, 2009

Santo Domingo.- Para los más jóvenes, la muestra ha resultado una grata sorpresa. Myrna Guerrero, una de las más reconocidas historiadoras y críticas de arte del país, presenta su séptima individual. No lo hacía en el país desde 1995, y desde 1988 en Santo Domingo. Por eso, y pese a tomar parte en algunas colectivas, muchos pensaban que toda su vida giraba en torno a la investigación artística, la crítica, la enseñanza y la gestión cultural. Recuperar esa faceta de la que nunca se ha desprendido, compartir con el público sus creaciones más recientes y sentir que con su arte ayuda a crear conciencia sobre los males sociales que afectan al país, motivó a Myrna a retomar la producción artística. El regreso lo hizo con “Tramas”, una muestra de 16 pinturas y tres instalaciones, abierta hasta el 4 de septiembre en la Quinta Dominica (Zona Colonial) y donde la artista exhibe su lado más social, crítico y personal. Todo junto.

Huellas y tramas
Su última producción, para deleite de quienes la conocen, tiene un poco que ver con sus inicios. Egresada de la primera promoción de la escuela de Artes de APEC (entonces Escuela del Instituto de Estudios Superiores), Guerrero logró una beca del gobierno francés para hacer una especialización en pintura en Francia, en la escuela de arte Luminy, en Marsella, y allí aprovechó para hacer una licenciatura en Historia del Arte, una carrera que aún no se impartía en el país. Eso ocurrió entre 1973 y 1977. Al regresar se dedicó a la enseñanza, en el área de historia del arte, y a la producción artística.

Su muestra inicial, en 1981, llamada “Digitales”, recogía impresiones sobre papel de sus propias huellas digitales, a las que agregaba fragmentos que, pese a formar una obra abstracta, muchos asociaban con un contenido erótico, insinuaciones que, más adelante, en 1983, marcarían su segunda individual: Erótica.
Llegaron más. Y también llegaron otros compromisos que la alejaron de la producción, como dirigir el suplemento cultural del periódico El Caribe en 1996, dedicarse de lleno a la crítica de arte y a la investigación y la gestión cultural, y a formar parte del equipo que daría vida a los primeros años del Centro León, en Santiago.
Para finales del 2004, dice Myrna, “tomé la decisión drástica de dejar esos trabajos para volver a Santo Domingo y retomar mi producción artística”. Para muchos, fue una sorpresa, admite, una locura. “Dejar un trabajo seguro y bien pagado para retomar una producción que no hacía desde 10 años era como un salto al vacío. Y así fue, vine a principios del 2005 y logré un espacio para instalar un taller”.

Cambios
“Me dije que no podía seguir haciendo lo mismo -diez años es una generación-; la sociedad ha cambiado, Myrna ha cambiado. Y no tenía prisa.
Seguí trabajando y lo hice a partir de mí. No voy a buscar fuera, dije, vamos a iniciar esta nueva producción dentro de mí, voy a buscar mis propios sentimientos, mi propia identidad”, dice Guerrero.
La identidad, para ella, es el soporte de todo, es la estructura.
“Entonces comencé a hacer unos ensayos que eran simplemente líneas entrecruzadas, como si fueran estructuras, y pictóricas. Un buen día, me dije: pero son tramas, lo que estoy haciendo son tramas”. Y decidió basar en ese concepto la individual. Las veía por todas partes. A las tramas soporte y estructura, que aluden a su interior, se unieron las tramas en forma de ataduras que emergen del exterior. Surgieron las tramas externas y con ellas llegaron las series: Serie de la Memoria para delatar sus más recónditas aspiraciones; la Serie Ecológica para alertar sobre el daño al medio ambiente con obras como “Se nos muere el Ozama” y “Elegía a Los Haitises”; la Serie de la Violencia, con sus tramas del poder y del consumo que dejan entrever un marcado contenido de género, y tres instalaciones que recogen toda la temática.
Usó de nuevo sus huellas -aquí vuelve a lo digital-, su cuerpo, la soga y otros elementos extrapictóricos y con la ayuda del acrílico, el óleo en barra, las incisiones y el collage logró crear matices parecidos y distintos a la vez, en los que cada historia se explica por sí sola.

Tejidos
La recuperación de memorias, dice Myrna, fue también fundamental en esta muestra.
“Con el tejido en el centro de las tramas busco recuperar la memoria de la tradición de la cestería tradicional dominicana, labor realizada principalmente por manos de mujer, así como también de antiguos porta vasos que acostumbrábamos hacer antaño.
Si duelen, si al ver la muestra el espectador nota que los temas “son fuertes y tal vez crudos”, Myrna dice que no fue intencional.
“Es lo que está pasando, yo no estoy inventando nada. Recojo lo que está pasando y lo llevo al lienzo. Estos son los cambios que se han operado dentro de mí en estos años.
Mi obra anterior había sido muy interna, pero en estos 10 años me he involucrado más con el exterior, me he hecho más sensible a lo que nos ocurre, a lo que nos toca”.
En ese cambio tiene mucho que ver su trabajo como voluntaria del programa “Servir”, de los frailes jesuitas, el taller de creatividad que imparte a profesoras que laboran en guarderías de algunos barrios marginados de la ciudad, las clases de teología que toma desde hace un tiempo y su criterio sobre el gran poder transformador de las artes.
“El arte es un instrumento formidable para mejorar la calidad de vida, porque desarrolla la sensibilidad, pero al mismo tiempo el arte es un instrumento que puede ayudar a pensar y a concienciar”, considera Myrna.
Al respecto, Danilo de los Santos, curador de la muestra, señala en el catálogo de la exposición: “La de esta artista mujer no es una protesta demagógica sino contrariamente, un desahogo de atención verdadero y valedero”.

INSTALACIÓN Y ACTIVIDADES
Durante los días de exposición de “Tramas”, Myrna recolectó agua de lluvia y la conservó en tubos con etiquetas que registraban la fecha en que fue recolectada. La idea, escribe la artista, es que los visitantes tomen un tubo y lo conserven en un lugar visible para “tomar conciencia de que si continuamos destruyendo nuestros bosques llegará un día en que no lloverá más y el agua de este tubo de ensayo será el recuerdo de nuestro accionar…”.

20/8/09

Orlando Muñoz: «Nos debe tantas promesas este mundo»


En "Santo Domingo, año cero y en curso…", su segundo poemario, el poeta, ensayista y profesor describe las miserias del país y propone inventar otra nación

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Yaniris López
La Generación/LD

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¿Puede la poesía ser desgarradora y exquisita a la vez? ¿Cruel y esperanzadora al mismo tiempo? ¿Es posible desnudar con palabras el lado más oscuro de una ciudad, de una república, que según la historia debió gozar de mejor suerte, y hacerlo con gracia, ritmo y formas perfectos? El joven autor dominicano Orlando Muñoz lo ha conseguido en Santo Domingo, año cero y en curso… (Ángeles de Fierro, 2009), su segundo libro de poesía.
En 20 poemas en los que caben todas las sensaciones, todas las formas expresivas (incluidos versos de ensueño, gritos y maldiciones), Muñoz pasa de la rabia infinita que le provoca observar el estado “cero permanente” en que está sumida Santo Domingo a proponer una nueva nación que saque de la inercia a los dominicanos y los obligue a plantarse, a abrazarse, a jugarse la esperanza. LISTÍN DIARIO conversó con él.

Pintas un Santo Domingo espantoso que agoniza en sus miserias. Incluso te atreves a echarle en cara a la ciudad muchas situaciones. ¿Qué te provocó tanto pique que decidiste convertir en arte temas cotidianos que distan mucho de inspirar poesía?

En verdad me parece que, en este caso, la realidad supera al arte. A mi entender, apenas he representado una muestra de las desmesuras a que se expone la condición humana en nuestra isla y en nuestra ciudad. De hecho, una simple lectura de la prensa dominicana un día cualquiera resulta ser, con frecuencia, una experiencia más desgarradora para el espíritu que lo que sugieren mis versos. El caso es que nada hay que deba ser ajeno a la poesía, que procede de la vida y vuelve a ella, inexorablemente. Predomina lo espantoso, es verdad, pero le opongo la esperanza, la justicia, el amor…

“He aquí la tierra reiteradamente violentada. He aquí la república en su año cero permanente”. ¿Qué es estar en un año cero permanente?

Es estar a punto de ser algo y no lograrlo. Pero el cero es ambiguo: expresa al mismo tiempo vaciedad, nulidad, insignificancia y, curiosamente, representa también el punto de origen en una escala. La nada y la posibilidad de alguna cosa, sin que una se imponga a la otra… pero el tiempo pasa y no definimos ningún rumbo.

Recurres a otros poemas, a otros poetas, a personajes de la historia dominicana como si les pidieras redención…

Sí, se trata de un diálogo con nuestro ser en el tiempo. Con los hombres y las mujeres que han cuestionado y tratado de definir nuestra identidad; con nuestros patriotas y nuestros poetas, cuyos ideales han sido traicionados de mil maneras desde 1844 hasta la fecha. Reivindicar esos ideales es el primer paso necesario hacia la redención posible de nuestra sociedad, decepcionada hasta la saciedad por la avaricia y la corrupción.

En ocasiones explotas junto con las letras. Es un poco impactante, porque una no puede evitar ir subiendo el tono contigo, agitarse, atormentarse y luego maldecir y explotar contigo, hasta que llega la calma. ¿Estamos asistiendo a una nueva poesía, a una poesía con movimiento, dura, más realista, menos idílica? ¿O es la misma de siempre con letras nuevas?

Así nos sentimos a veces, como materia repugnante, como el insecto kafkiano, en una sociedad que te cierra con frecuencia tantas puertas. No estoy seguro de que se trate de una nueva poesía, digamos que es mi manera personal de leer y escribir el mundo que nos rodea y nos provoca. Y como el mundo que habitamos dejó de ser idílico hace siglos, la auténtica poesía también.

Nada parece escapar a tu rabia: ni los políticos, ni los golpes de barriga, ni los golpes de vagina, ni los “diarios que aturden a la gente y luego engrosan enormes vertederos”...
Podríamos decir que todos ellos contribuyen de cierta manera a desdibujar el mundo que habitamos. Expresan sus miserias, su desequilibrio, el grado cero de lo social: lo antisocial por excelencia. Pero si te fijas bien, no todo es negativo; hay atisbos de otro tipo de realidad en mi libro: “Un sí biológico y fraterno se impone / la voluntad del niño / contra la muerte…”.
De hecho, el amor, en tanto experiencia creadora fundamental, es el fantasma que se busca, se cuela y se propone desde el principio y hasta el final del libro…

¿Desahogo personal? ¿Una llamada de alerta? ¿Para quién escribes?

Escribo para mí y escribo para los demás. Puesto que la escritura es acto social, desde el cual uno mismo dialoga con el otro, con el prójimo y con el extraño. Con esa otredad tan diversa que trasciende tiempo y espacio. En fin, a través de mis poemas dialogo con los hombres y las mujeres que me precedieron, que me rodean y que me sucederán.
Ellos dijeron su palabra, la dicen y la dirán; y al entrar en relación dialéctica con ellos, yo digo la mía. Y la digo por necesidad, por urgencia, por amistad con la vida, por combatir el silencio, que suele ser amigo de la muerte…
 

Dices: “Nos debe tantas promesas este mundo”. ¿Cuáles? ¿Qué tipo de promesas? ¿Esperas verlas cumplidas algún día?
En el ejercicio de la política y la religión, por sólo mencionar dos de las actividades de mayor incidencia en la vida de las personas, se nos ha prometido tantas cosas: paraísos, progreso, amor, justicia, pan, techo, libertad, armonía, trabajo, respeto, paz, democracia, verdad… y sin embargo, se ha mentido tanto, se ha manipulado y estafado tanto, que pareciera que todo esto es imposible, que no es más que pura utopía, algo sin lugar en la realidad.
Pero procurarlas da sentido a la existencia. Lo que esperamos es que podamos vivir en un mundo más equilibrado, más equitativo, con menos incoherencias entre las palabras y los hechos. Yo no sé si un día podremos ver cumplidas todas las promesas, pero creo que tenemos derecho a procurar hacer realidad nuestros ideales de justicia y a exigir que no nos mientan tan descaradamente como lo hacen día a día…

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Poeta, ensayista y profesor
Orlando Muñoz nació en Laguna Salada, provincia Valverde. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y posee una maestría en Gerencia Educativa por la Universidad Iberoamericana. Es profesor de Lengua Española en el Colegio Jaime Molina Mota y en la UASD.
Ha publicado dos libros de poemas: “Entre pétalo y espina” (2007) y “Santo Domingo, año cero y en curso…” (2009) y un libro de enseñanza de la lengua, así como poemas y ensayos en once números de la revista del Círculo Literario El Aleph y en tres publicaciones del Taller Literario César Vallejo. Actualmente tiene en proceso de edición otro libro de poemas y a punto de terminar otro libro de carácter académico.
Aunque hasta el momento se ha decidido por la poesía, la canción, la didáctica y el ensayo, “para el futuro, si las musas me acompañan, también podría dar a conocer teatro y narrativa”, dice Orlando.
Lee sus poemas en su bitácora peregrinario.blogspot.com.

12/8/09

Poema impaciente (Emilio Ballagas, Cuba)

¿Y si llegaras tarde,
cuando mi boca tenga
sabor seco a cenizas,
a tierras amargadas?

¿Y si llegaras cuando
la tierra removida y oscura (ciega, muerta)
llueva sobre mis ojos,
y desterrado de la luz del mundo
te busque en la luz mía,
en la luz interior que yo creyera
tener fluyendo en mí?
(Cuando tal vez descubra
que nunca tuve luz

y marche a tientas dentro de mí mismo,

como un ciego que tropieza a cada paso
con recuerdos que hieren como cardos.)

¿Y si llegaras cuando ya el hastío
ata y venda las manos;
cuando no pueda abrir los brazos
y cerrarlos después como las valvas
de una concha amorosa que defiende
su misterio, su carne, su secreto;

cuando no pueda oír abrirse
la rosa de tu beso ni tocarla

(tacto mío marchito entre la tierra yerta)
ni sentir que me nace otro perfume
que le responda al tuyo,
ni enseñar a tus rosas
el color de mis rosas?

¿Y si llegaras tarde,
y encontraras (tan solo)
las cenizas heladas de la espera?


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Sabor eterno (1939)

15/7/09

Freddie Cabral, el regreso del Rey del Metal

Fue el primero en presentar una exposición de esculturas de metal en República Dominicana, en el año 1977

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Yaniris López
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Santo Domingo.- Tras 15 años de ausencia de las galerías criollas, Freddie Cabral regresó de Estados Unidos con muchos propósitos, uno de ellos mostrar al público trabajos inéditos de su vasta colección.
La Sala de Arte Ramón Oviedo acogió 16 de esas obras, relieves y esculturas, trabajadas en los año 80 y 90, en una exposición que trajo de vuelta al rey del metal, un mote que se ganó en los años 70 por su increíble talento para trabajar el bronce, el hierro, el acero inoxidable y el aluminio, metales que combinados con barro, madera, pintura y otros materiales, dan vida a figuras de un estilo inconfundible, único. Su intención es hacer varias exposiciones antes de que finalice el año. La próxima será en la universidad APEC, donde estudió artes luego de ser “descubierto” por un compañero de estudios que al ver sus dibujos exclamó: “¡Pero eres un artista!”
¿Cuánto ha llovido desde entonces? Mucho. El pequeño que creció en el taller de un vecino confeccionando juguetes con lo que cayera en sus manos, el chico que aprendió junto a su hermano Leíno a trabajar los metales y que se fue a estudiar a París y luego a vivir a Estados Unidos, ha crecido tanto que su nombre se ha paseado con éxito por muchos países y sus obras engalanan museos, parques y colecciones privadas.
Además de escultor se hizo pintor, diseñador y arquitecto. En la Sala Ramón Oviedo, un amigo de infancia le recordó que hacían muñequitos de barro y los ponían en medio de la calle para que los carros los pisaran y, según afirmara la crítico de arte Myrna Guerrero, Freddie fue el primer artista dominicano en realizar una exposición de esculturas de metal, en 1977.

Su obra
Freddie dice que su obra está inspirada en la reproducción, en el infinito, en la continuación del todo.
“Todo viene de las entrañas, si no de las entrañas de la tierra es de la mujer, de las entrañas del universo, todo es intimista”, explica.
Lo que poca gente conoce es el extraño episodio personal vivido por Freddie que lo motivó a trabajar el tema. Fue en París, el 14 de marzo de 1981, día de su cumpleaños, mientras compraba en compañía de un amigo los materiales para festejar la fecha.
“Una niña se me acercó diciéndome ‘¡hola, papi!’”, en francés. Yo no tenía hijos. Era trigueñita, me extrañé y cuando estábamos conversando llegó al rato una señora blanca y se la llevó, arrastrándola. Eso me devastó. Yo estoy buscando la perfección en el arte y me di cuenta que la perfección es un hijo. Entonces comencé a reflexionar sobre cómo viene la gente al mundo y me fui a lo más profundo, a la parte más íntima, a la autogénesis, que es el acoplamiento del hombre y la mujer hasta el parto.
Cuando llega el individuo no me interesa, sólo la autogénesis”. Así comenzó su temática. En ese proceso de búsqueda, una amiga le enseñó a “mirar” a través de un microscopio y otro amigo por un telescopio y Freddie dio con las dos vertientes que le han dado forma a sus últimos trabajos: la reproducción y el universo, un concepto fácil de interpretar cuando se contempla un cuadro donde los espermatozoides buscan afanosamente el centro de un óvulo hecho con un colador de metal, en un fondo repleto de estrellas y planetas de tornillos, alfileres y otros materiales de desecho.
De cualquier apertura de la escultura o del relieve brota la luz. ¿Qué busca con agregar ese elemento a casi todas sus obras?
“Que la luz natural pueda retozar, reflejarse o posarse en la epidermis de mis esculturas y relieves, y que la artificial brote o palpite en su interior, generando vida y color transformando los ambientes”, expresa Freddie.
Aunque el resultado es, muchas veces, alucinante, al principio le costó muchas horas de sueño, porque Freddie las trabajaba durante el día, esperaba las noches para ver el resultado y luego quedaba extasiado contemplando las luces y sus efectos.

Museo
La Casa de Escultura es un proyecto tipo museo que Freddie espera se convierta en un referente cultural que sirva para incentivar las artes. Actualmente está ubicado en un local en Villa Consuelo y en su interior Freddy no sólo muestra sus obras, sino las de otros artistas que trabajan diferentes elementos.
Fotos: ©Yalo