28/12/09

Vives en mí (Pecos Kanvas)*


Me das ingratitud
Mientras te ofrezco amor
con pasión
Y tu indiferencia cruel
me hace padecer
y pierdo la razón

Siempre recuerdo tus grandes ojos
que me miraron y acaricié
Guardo en mis labios
la huella ardiente de tu besar
de tu querer
Tu hermosura
Tu frágil hermosura
Es toda mi locura
Es mi gran padecer
Cómo lloro
Si vieras cuánto añoro
aquel caudal de besos
que vivirá en mi ser

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*Otra de las canciones más lindas y tristes del mundo.

21/12/09

La burla del amor (Andrés Bello, Venezuela)

No dudes, hermosa Elvira,
que eres mi bien, mi tesoro,
que te idolatro y adoro
… porque es la pura mentira.

¡Ah!, lo que estoy padeciendo
no puede ser ponderado,
pues de puro enamorado
paso las noches… durmiendo.

Y si tu mirar me avisa
que te ofende mi ternura,
tanto mi dolor me apura
que me echo a morir de… risa.

20/12/09

Daniel, el librero de El Conde


Yaniris López
Santo Domingo


La cabeza gira varias veces de repente cuando, caminando por la calle El Conde, los ojos se topan con ese libro que ha hecho a más de uno recorrer, sin éxito, decenas de librerías en la ciudad.
El cuerpo se devuelve buscando quién los tiene en venta y aparece la cara morena y casi inexpresiva de Daniel. Los libros están apilados frente a una tienda de la calle peatonal.
Para alegría del comprador
, Daniel no sólo tiene ese libro, sino todos los libros que alguien pueda imaginar y todas las temáticas y expresiones literarias que han merecido una impresión. Todas. Desde fonética hasta gastronomía. Desde una revista hasta un almanaque. Desde “El reino del Caimito”, del Nobel Derek Walcott, hasta una edición viejísima en alemán de La Cotica, la guía nacional de turismo.
Si el libro no está en el montoncito de la calle, Daniel desaparece unos minutos y aparece con el ejemplar en la mano. Es que su librería está al frente, en el primer piso del edificio Saviñón, en la Zona Colonial. Y en el mismo edificio, en un lugar que el cliente no puede ver, está el almacén donde guarda su gigante colección.
La inauguró hace más de 20 años en el mismo lugar – al lado de las escaleras-, con un par de libros que decidió poner a la venta. No es que a él le fascine tanto la lectura, pero sí le gustan los libros. El negocio creció tanto que internarse en el largo callejón de menos de dos metros de ancho es una experiencia onírica para investigadores y amantes de la lectura: apiñados en las paredes y en el cristal del callejón, cientos de libros acostados o parados, pero de manera que puedan leerse las letras del lomo, abarrotan el lugar del techo al suelo, de norte a sur, dejando apenas un estrecho pasillo para que alguien pase. Sólo una persona, no dos.

Un mar de colores

Son tantos libros que más de uno se pregunta cómo los encuentra, cómo es que camina, se para, levanta la mano y ubica el ejemplar. “Hay que ser como una computadora”, responde Daniel, en clara alusión a que tiene grabados los títulos, las casas editoriales, la temática y hasta los colores de sus libros.
Si encontrar alguno le da mucha brega, Daniel envía al cliente a dar un paseo por La Zona y le dice que vuelva en quince minutos. O al otro día. Todo depende.
Casi siempre lo encuentra. Los más solicitados son los libros antiguos y los de historia. Políticos, investigadores y toda clase de intelectuales dominicanos suelen recurrir a Daniel en busca de reliquias escritas, tratados o antologías.
“He tenido libros con fecha de 1600”, dice Daniel como si nada.

No habla mucho, pero es tal la complicidad que se da entre él y sus fieles seguidores que muchos de sus libros andan rodando por ahí, prestados y fiados. Y si a alguien se le ocurre decir que están “un poco caros”, Daniel le responde que se fije bien en el libro. Le insinúa que no se trata de cualquier libro y que lo más probable es que dure mucho en conseguir otro parecido. Y tiene razón.
“Los que aparecen en cualquier librería los dejo bien baratos, pero hay otros que no se encuentran ya fácilmente. No los puedo vender igual”.
Daniel no deja que se acumule el polvo ni el moho, aunque el olor a papel viejo es tan fuerte, a veces, que provoca tos.
Eso no impide, sin embargo, que los clientes se sumerjan en ese mar largo y estrecho de hojas y lomos de todos los colores en busca de un libro. El los deja. Están en casa. Una casa pequeñita que guarda siglos de conocimiento, tinta, olores y papel.

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Publicado en Lecturas de Domingo
Listín Diario, 20/4/2008

3/11/09

El puñal entra en el corazón (Lorca)

El puñal
entra en el corazón,
como la reja del arado
en el yermo.
No.
No me lo claves.
No.
El puñal,
como un rayo de sol,
incendia las terribles
hondonadas.
No.
No me lo claves.
No.

21/10/09

El peligro de amar a Margarita (Andrés Neuman)

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Son malos tiempos para el romanticismo. Margarita es elegante, lista, decidida. Me quiere. Trabaja demasiado, tiene insomnio, parece siempre preocupada. No me quiere. Como es madrugadora, suele preparar el desayuno para dos. Me quiere. Detesta que me haga el remolón. No me quiere. Cuando nos duchamos juntos, como por arte de magia, hacemos el amor en equilibrio. Me quiere. Después se queda absorta y se viste rápido. No me quiere. A veces me pide que le seque el pelo, cierra los ojos, ronronea. Me quiere. Hace llamadas extrañas, se va hablar a otra habitación, nunca sé quién la llama. No me quiere. Margarita tiene un buen sueldo y le gusta salir a cenar, comprarme camisas, irse de vacaciones conmigo. Me quiere. Lo que más me molesta es que, cuando estamos juntos, mire constantemente su reloj deportivo. No me quiere. No te preocupes, príncipe, me consuela, te llamo en cuanto pueda, te lo prometo, adiós. Me quiere. Ahora, no sé por qué, vigila la ventana y me pregunta por los vecinos. No me quiere. Me acerco y, al besarla, Margarita sonríe con ternura. Me quiere. De pronto se separa de mí sobresaltada. No me quiere. Su precioso vestido blanco le deja al descubierto medio pecho. Me quiere. Ahora no, me ordena, estate quieto. No me quiere. Me toma del brazo con fuerza. Me quiere. Shh, susurra agazapada. ¿No me quiere? Margarita..., suspiro. ¿O me quiere? ¡Abajo!, chilla ella: no me quiere. Rodamos juntos por el salón hasta quedarnos hechos un ovillo debajo de la mesa. Me quiere. Algo impacta contra el cristal de la ventana y lo hace añicos. No me quiere. ¿Estás bien, vida mía?, me pregunta al oído. Me quiere. ¿Y tú?, le contesto con un hilo de voz, pero no obtengo respuesta. No me quiere. Ella se incorpora delicadamente y gatea por el pasillo. Me quiere. ¿Adónde vas?, ¿qué haces?, protesto ansioso, y desaparece. No me quiere.

Un minuto después, Margarita regresa con su bolso y se acurruca junto a mí. Me quiere. Abre el bolso, intento mirar qué busca, ella se aparta. No me quiere. Mi vida, me advierte, ten cuidado con los cristales del suelo. Me quiere. Saca un revólver del bolso, un revólver con el cañón muy grueso. ¡No me quiere! Me acaricia una mejilla. Me quiere. Desde mi refugio debajo de la mesa, la veo alejarse de nuevo y avanzar agachada hacia la ventana rota. No me quiere. La tela de su vestido se tensa como una piel pálida y fina. Me quiere. Se pone en pie de un salto, saca un brazo por la ventana y dispara varias veces. No me quiere. Al escuchar mi respiración entrecortada, se acerca a mí, me ayuda a salir de la mesa y dice: Ya ha pasado, cariño, ya ha pasado. Me quiere. Pero añade: Ahora tengo que irme. No me quiere. Me besa la comisura de los labios: huele a pólvora y perfume. Me quiere. Se marcha de mi casa apretando ese bolso que nunca sé qué esconde. No me quiere. Antes de abrir la puerta y salir tan veloz que parece de viento, se vuelve un instante para guiñarme un ojo verde. Me quiere. No me dice cuándo me llamará ni dónde nos veremos otra vez. Definitivamente, pienso yo, Margarita no me quiere.

25/8/09

Myrna Guerrero: "Volví a mi vocación primera"


Yaniris López
Ventana/Listín Diario
Sábado 22 de agosto, 2009

Santo Domingo.- Para los más jóvenes, la muestra ha resultado una grata sorpresa. Myrna Guerrero, una de las más reconocidas historiadoras y críticas de arte del país, presenta su séptima individual. No lo hacía en el país desde 1995, y desde 1988 en Santo Domingo. Por eso, y pese a tomar parte en algunas colectivas, muchos pensaban que toda su vida giraba en torno a la investigación artística, la crítica, la enseñanza y la gestión cultural. Recuperar esa faceta de la que nunca se ha desprendido, compartir con el público sus creaciones más recientes y sentir que con su arte ayuda a crear conciencia sobre los males sociales que afectan al país, motivó a Myrna a retomar la producción artística. El regreso lo hizo con “Tramas”, una muestra de 16 pinturas y tres instalaciones, abierta hasta el 4 de septiembre en la Quinta Dominica (Zona Colonial) y donde la artista exhibe su lado más social, crítico y personal. Todo junto.

Huellas y tramas
Su última producción, para deleite de quienes la conocen, tiene un poco que ver con sus inicios. Egresada de la primera promoción de la escuela de Artes de APEC (entonces Escuela del Instituto de Estudios Superiores), Guerrero logró una beca del gobierno francés para hacer una especialización en pintura en Francia, en la escuela de arte Luminy, en Marsella, y allí aprovechó para hacer una licenciatura en Historia del Arte, una carrera que aún no se impartía en el país. Eso ocurrió entre 1973 y 1977. Al regresar se dedicó a la enseñanza, en el área de historia del arte, y a la producción artística.

Su muestra inicial, en 1981, llamada “Digitales”, recogía impresiones sobre papel de sus propias huellas digitales, a las que agregaba fragmentos que, pese a formar una obra abstracta, muchos asociaban con un contenido erótico, insinuaciones que, más adelante, en 1983, marcarían su segunda individual: Erótica.
Llegaron más. Y también llegaron otros compromisos que la alejaron de la producción, como dirigir el suplemento cultural del periódico El Caribe en 1996, dedicarse de lleno a la crítica de arte y a la investigación y la gestión cultural, y a formar parte del equipo que daría vida a los primeros años del Centro León, en Santiago.
Para finales del 2004, dice Myrna, “tomé la decisión drástica de dejar esos trabajos para volver a Santo Domingo y retomar mi producción artística”. Para muchos, fue una sorpresa, admite, una locura. “Dejar un trabajo seguro y bien pagado para retomar una producción que no hacía desde 10 años era como un salto al vacío. Y así fue, vine a principios del 2005 y logré un espacio para instalar un taller”.

Cambios
“Me dije que no podía seguir haciendo lo mismo -diez años es una generación-; la sociedad ha cambiado, Myrna ha cambiado. Y no tenía prisa.
Seguí trabajando y lo hice a partir de mí. No voy a buscar fuera, dije, vamos a iniciar esta nueva producción dentro de mí, voy a buscar mis propios sentimientos, mi propia identidad”, dice Guerrero.
La identidad, para ella, es el soporte de todo, es la estructura.
“Entonces comencé a hacer unos ensayos que eran simplemente líneas entrecruzadas, como si fueran estructuras, y pictóricas. Un buen día, me dije: pero son tramas, lo que estoy haciendo son tramas”. Y decidió basar en ese concepto la individual. Las veía por todas partes. A las tramas soporte y estructura, que aluden a su interior, se unieron las tramas en forma de ataduras que emergen del exterior. Surgieron las tramas externas y con ellas llegaron las series: Serie de la Memoria para delatar sus más recónditas aspiraciones; la Serie Ecológica para alertar sobre el daño al medio ambiente con obras como “Se nos muere el Ozama” y “Elegía a Los Haitises”; la Serie de la Violencia, con sus tramas del poder y del consumo que dejan entrever un marcado contenido de género, y tres instalaciones que recogen toda la temática.
Usó de nuevo sus huellas -aquí vuelve a lo digital-, su cuerpo, la soga y otros elementos extrapictóricos y con la ayuda del acrílico, el óleo en barra, las incisiones y el collage logró crear matices parecidos y distintos a la vez, en los que cada historia se explica por sí sola.

Tejidos
La recuperación de memorias, dice Myrna, fue también fundamental en esta muestra.
“Con el tejido en el centro de las tramas busco recuperar la memoria de la tradición de la cestería tradicional dominicana, labor realizada principalmente por manos de mujer, así como también de antiguos porta vasos que acostumbrábamos hacer antaño.
Si duelen, si al ver la muestra el espectador nota que los temas “son fuertes y tal vez crudos”, Myrna dice que no fue intencional.
“Es lo que está pasando, yo no estoy inventando nada. Recojo lo que está pasando y lo llevo al lienzo. Estos son los cambios que se han operado dentro de mí en estos años.
Mi obra anterior había sido muy interna, pero en estos 10 años me he involucrado más con el exterior, me he hecho más sensible a lo que nos ocurre, a lo que nos toca”.
En ese cambio tiene mucho que ver su trabajo como voluntaria del programa “Servir”, de los frailes jesuitas, el taller de creatividad que imparte a profesoras que laboran en guarderías de algunos barrios marginados de la ciudad, las clases de teología que toma desde hace un tiempo y su criterio sobre el gran poder transformador de las artes.
“El arte es un instrumento formidable para mejorar la calidad de vida, porque desarrolla la sensibilidad, pero al mismo tiempo el arte es un instrumento que puede ayudar a pensar y a concienciar”, considera Myrna.
Al respecto, Danilo de los Santos, curador de la muestra, señala en el catálogo de la exposición: “La de esta artista mujer no es una protesta demagógica sino contrariamente, un desahogo de atención verdadero y valedero”.

INSTALACIÓN Y ACTIVIDADES
Durante los días de exposición de “Tramas”, Myrna recolectó agua de lluvia y la conservó en tubos con etiquetas que registraban la fecha en que fue recolectada. La idea, escribe la artista, es que los visitantes tomen un tubo y lo conserven en un lugar visible para “tomar conciencia de que si continuamos destruyendo nuestros bosques llegará un día en que no lloverá más y el agua de este tubo de ensayo será el recuerdo de nuestro accionar…”.

20/8/09

Orlando Muñoz: «Nos debe tantas promesas este mundo»


En "Santo Domingo, año cero y en curso…", su segundo poemario, el poeta, ensayista y profesor describe las miserias del país y propone inventar otra nación

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Yaniris López
La Generación/LD

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¿Puede la poesía ser desgarradora y exquisita a la vez? ¿Cruel y esperanzadora al mismo tiempo? ¿Es posible desnudar con palabras el lado más oscuro de una ciudad, de una república, que según la historia debió gozar de mejor suerte, y hacerlo con gracia, ritmo y formas perfectos? El joven autor dominicano Orlando Muñoz lo ha conseguido en Santo Domingo, año cero y en curso… (Ángeles de Fierro, 2009), su segundo libro de poesía.
En 20 poemas en los que caben todas las sensaciones, todas las formas expresivas (incluidos versos de ensueño, gritos y maldiciones), Muñoz pasa de la rabia infinita que le provoca observar el estado “cero permanente” en que está sumida Santo Domingo a proponer una nueva nación que saque de la inercia a los dominicanos y los obligue a plantarse, a abrazarse, a jugarse la esperanza. LISTÍN DIARIO conversó con él.

Pintas un Santo Domingo espantoso que agoniza en sus miserias. Incluso te atreves a echarle en cara a la ciudad muchas situaciones. ¿Qué te provocó tanto pique que decidiste convertir en arte temas cotidianos que distan mucho de inspirar poesía?

En verdad me parece que, en este caso, la realidad supera al arte. A mi entender, apenas he representado una muestra de las desmesuras a que se expone la condición humana en nuestra isla y en nuestra ciudad. De hecho, una simple lectura de la prensa dominicana un día cualquiera resulta ser, con frecuencia, una experiencia más desgarradora para el espíritu que lo que sugieren mis versos. El caso es que nada hay que deba ser ajeno a la poesía, que procede de la vida y vuelve a ella, inexorablemente. Predomina lo espantoso, es verdad, pero le opongo la esperanza, la justicia, el amor…

“He aquí la tierra reiteradamente violentada. He aquí la república en su año cero permanente”. ¿Qué es estar en un año cero permanente?

Es estar a punto de ser algo y no lograrlo. Pero el cero es ambiguo: expresa al mismo tiempo vaciedad, nulidad, insignificancia y, curiosamente, representa también el punto de origen en una escala. La nada y la posibilidad de alguna cosa, sin que una se imponga a la otra… pero el tiempo pasa y no definimos ningún rumbo.

Recurres a otros poemas, a otros poetas, a personajes de la historia dominicana como si les pidieras redención…

Sí, se trata de un diálogo con nuestro ser en el tiempo. Con los hombres y las mujeres que han cuestionado y tratado de definir nuestra identidad; con nuestros patriotas y nuestros poetas, cuyos ideales han sido traicionados de mil maneras desde 1844 hasta la fecha. Reivindicar esos ideales es el primer paso necesario hacia la redención posible de nuestra sociedad, decepcionada hasta la saciedad por la avaricia y la corrupción.

En ocasiones explotas junto con las letras. Es un poco impactante, porque una no puede evitar ir subiendo el tono contigo, agitarse, atormentarse y luego maldecir y explotar contigo, hasta que llega la calma. ¿Estamos asistiendo a una nueva poesía, a una poesía con movimiento, dura, más realista, menos idílica? ¿O es la misma de siempre con letras nuevas?

Así nos sentimos a veces, como materia repugnante, como el insecto kafkiano, en una sociedad que te cierra con frecuencia tantas puertas. No estoy seguro de que se trate de una nueva poesía, digamos que es mi manera personal de leer y escribir el mundo que nos rodea y nos provoca. Y como el mundo que habitamos dejó de ser idílico hace siglos, la auténtica poesía también.

Nada parece escapar a tu rabia: ni los políticos, ni los golpes de barriga, ni los golpes de vagina, ni los “diarios que aturden a la gente y luego engrosan enormes vertederos”...
Podríamos decir que todos ellos contribuyen de cierta manera a desdibujar el mundo que habitamos. Expresan sus miserias, su desequilibrio, el grado cero de lo social: lo antisocial por excelencia. Pero si te fijas bien, no todo es negativo; hay atisbos de otro tipo de realidad en mi libro: “Un sí biológico y fraterno se impone / la voluntad del niño / contra la muerte…”.
De hecho, el amor, en tanto experiencia creadora fundamental, es el fantasma que se busca, se cuela y se propone desde el principio y hasta el final del libro…

¿Desahogo personal? ¿Una llamada de alerta? ¿Para quién escribes?

Escribo para mí y escribo para los demás. Puesto que la escritura es acto social, desde el cual uno mismo dialoga con el otro, con el prójimo y con el extraño. Con esa otredad tan diversa que trasciende tiempo y espacio. En fin, a través de mis poemas dialogo con los hombres y las mujeres que me precedieron, que me rodean y que me sucederán.
Ellos dijeron su palabra, la dicen y la dirán; y al entrar en relación dialéctica con ellos, yo digo la mía. Y la digo por necesidad, por urgencia, por amistad con la vida, por combatir el silencio, que suele ser amigo de la muerte…
 

Dices: “Nos debe tantas promesas este mundo”. ¿Cuáles? ¿Qué tipo de promesas? ¿Esperas verlas cumplidas algún día?
En el ejercicio de la política y la religión, por sólo mencionar dos de las actividades de mayor incidencia en la vida de las personas, se nos ha prometido tantas cosas: paraísos, progreso, amor, justicia, pan, techo, libertad, armonía, trabajo, respeto, paz, democracia, verdad… y sin embargo, se ha mentido tanto, se ha manipulado y estafado tanto, que pareciera que todo esto es imposible, que no es más que pura utopía, algo sin lugar en la realidad.
Pero procurarlas da sentido a la existencia. Lo que esperamos es que podamos vivir en un mundo más equilibrado, más equitativo, con menos incoherencias entre las palabras y los hechos. Yo no sé si un día podremos ver cumplidas todas las promesas, pero creo que tenemos derecho a procurar hacer realidad nuestros ideales de justicia y a exigir que no nos mientan tan descaradamente como lo hacen día a día…

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Poeta, ensayista y profesor
Orlando Muñoz nació en Laguna Salada, provincia Valverde. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) y posee una maestría en Gerencia Educativa por la Universidad Iberoamericana. Es profesor de Lengua Española en el Colegio Jaime Molina Mota y en la UASD.
Ha publicado dos libros de poemas: “Entre pétalo y espina” (2007) y “Santo Domingo, año cero y en curso…” (2009) y un libro de enseñanza de la lengua, así como poemas y ensayos en once números de la revista del Círculo Literario El Aleph y en tres publicaciones del Taller Literario César Vallejo. Actualmente tiene en proceso de edición otro libro de poemas y a punto de terminar otro libro de carácter académico.
Aunque hasta el momento se ha decidido por la poesía, la canción, la didáctica y el ensayo, “para el futuro, si las musas me acompañan, también podría dar a conocer teatro y narrativa”, dice Orlando.
Lee sus poemas en su bitácora peregrinario.blogspot.com.

15/7/09

Freddie Cabral, el regreso del Rey del Metal

Fue el primero en presentar una exposición de esculturas de metal en República Dominicana, en el año 1977

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Yaniris López
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Santo Domingo.- Tras 15 años de ausencia de las galerías criollas, Freddie Cabral regresó de Estados Unidos con muchos propósitos, uno de ellos mostrar al público trabajos inéditos de su vasta colección.
La Sala de Arte Ramón Oviedo acogió 16 de esas obras, relieves y esculturas, trabajadas en los año 80 y 90, en una exposición que trajo de vuelta al rey del metal, un mote que se ganó en los años 70 por su increíble talento para trabajar el bronce, el hierro, el acero inoxidable y el aluminio, metales que combinados con barro, madera, pintura y otros materiales, dan vida a figuras de un estilo inconfundible, único. Su intención es hacer varias exposiciones antes de que finalice el año. La próxima será en la universidad APEC, donde estudió artes luego de ser “descubierto” por un compañero de estudios que al ver sus dibujos exclamó: “¡Pero eres un artista!”
¿Cuánto ha llovido desde entonces? Mucho. El pequeño que creció en el taller de un vecino confeccionando juguetes con lo que cayera en sus manos, el chico que aprendió junto a su hermano Leíno a trabajar los metales y que se fue a estudiar a París y luego a vivir a Estados Unidos, ha crecido tanto que su nombre se ha paseado con éxito por muchos países y sus obras engalanan museos, parques y colecciones privadas.
Además de escultor se hizo pintor, diseñador y arquitecto. En la Sala Ramón Oviedo, un amigo de infancia le recordó que hacían muñequitos de barro y los ponían en medio de la calle para que los carros los pisaran y, según afirmara la crítico de arte Myrna Guerrero, Freddie fue el primer artista dominicano en realizar una exposición de esculturas de metal, en 1977.

Su obra
Freddie dice que su obra está inspirada en la reproducción, en el infinito, en la continuación del todo.
“Todo viene de las entrañas, si no de las entrañas de la tierra es de la mujer, de las entrañas del universo, todo es intimista”, explica.
Lo que poca gente conoce es el extraño episodio personal vivido por Freddie que lo motivó a trabajar el tema. Fue en París, el 14 de marzo de 1981, día de su cumpleaños, mientras compraba en compañía de un amigo los materiales para festejar la fecha.
“Una niña se me acercó diciéndome ‘¡hola, papi!’”, en francés. Yo no tenía hijos. Era trigueñita, me extrañé y cuando estábamos conversando llegó al rato una señora blanca y se la llevó, arrastrándola. Eso me devastó. Yo estoy buscando la perfección en el arte y me di cuenta que la perfección es un hijo. Entonces comencé a reflexionar sobre cómo viene la gente al mundo y me fui a lo más profundo, a la parte más íntima, a la autogénesis, que es el acoplamiento del hombre y la mujer hasta el parto.
Cuando llega el individuo no me interesa, sólo la autogénesis”. Así comenzó su temática. En ese proceso de búsqueda, una amiga le enseñó a “mirar” a través de un microscopio y otro amigo por un telescopio y Freddie dio con las dos vertientes que le han dado forma a sus últimos trabajos: la reproducción y el universo, un concepto fácil de interpretar cuando se contempla un cuadro donde los espermatozoides buscan afanosamente el centro de un óvulo hecho con un colador de metal, en un fondo repleto de estrellas y planetas de tornillos, alfileres y otros materiales de desecho.
De cualquier apertura de la escultura o del relieve brota la luz. ¿Qué busca con agregar ese elemento a casi todas sus obras?
“Que la luz natural pueda retozar, reflejarse o posarse en la epidermis de mis esculturas y relieves, y que la artificial brote o palpite en su interior, generando vida y color transformando los ambientes”, expresa Freddie.
Aunque el resultado es, muchas veces, alucinante, al principio le costó muchas horas de sueño, porque Freddie las trabajaba durante el día, esperaba las noches para ver el resultado y luego quedaba extasiado contemplando las luces y sus efectos.

Museo
La Casa de Escultura es un proyecto tipo museo que Freddie espera se convierta en un referente cultural que sirva para incentivar las artes. Actualmente está ubicado en un local en Villa Consuelo y en su interior Freddy no sólo muestra sus obras, sino las de otros artistas que trabajan diferentes elementos.
Fotos: ©Yalo

19/6/09

El rol de los museos y el turismo cultural (1)

CÓMO VENDERLOS COMO UNA MERCANCÍA SIN QUE PIERDAN LA MÍSTICA CULTURAL
Entrevista con el arqueólogo español Manuel Ramos Lizana
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Yaniris López
Foto de Leo Santiago
Publicado en Ventana, Listín Diario, el 23/05/2009
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Santo Domingo.- Visitas, muchas visitas. Y también buenos ingresos y empleos. Los museos quieren quitarse la etiqueta de espacios aburridos y cansones que les persigue y buscan posicionarse como los verdaderos protagonistas del turismo cultural, procurando en el intento generar ingresos que les permitan autogestionarse y ser vistos como sectores productivos de la economía local.
Para el arqueólogo Manuel Ramos Lizana, conservador del Museo de Málaga (España), aunque los museos siempre han formado parte de las ofertas turísticas y su vinculación con el turismo ha existido desde tiempos remotos, nunca como ahora suelen ser tan visitados y nunca como ahora se había confiado tanto en sus posibilidades económicas.
Sin embargo, también tiene claro que el auge de los museos surgió como una alternativa al turismo de masa y que el interés que suscitan no es general. De hecho, si los directivos de un museo logran que una persona lo visite tres a cuatro veces al año por placer y que, además, participe regularmente de su programación, se darán más que satisfechos.
“Realmente el interés en los muesos no es general, es más bien el de una persona de mediana edad, clase media o alta que considera que la tendencia del museo es interesante”, explica Ramos Lozana. Muchos críticos se preguntan si el auge de esta tendencia es buena o mala, si está bien explotar o sobreexplotar los bienes culturales de un país sólo para complacer a un público extranjero que busca una alternativa al turismo popular (sol y playas). Pero también es cierto que las autoridades culturales de un país desearían ver los museos, no importa el tipo, repleto de visitantes.
¿Cómo lograr, entonces, que estos espacios se conviertan en agentes de desarrollo turístico sin perder la mística, sin llegar a arrabilizarse y a prostituirse por dinero?
Ramos Lozana, autor del libro “El turismo cultural: los museos y su planificación” (Trea, 2007), no pretende juzgar esta tendencia. En sus análisis y propuestas, basados en una experiencia de más de 20 años, describe situaciones reales sobre los museos y plantea estrategias que ayudarán a que sus programas sean exitosos.
Este objetivo lo trajo de visita a República Dominicana esta semana invitado por el Consejo Internacional de Museos en República Dominicana (ICOM-DO) y el Centro Cultural de España, como parte de las actividades realizadas en el país con motivo de celebrarse el pasado 18 de mayo el Día Internacional de los Museos.

Complacer a todos
“El turismo de masa proporciona experiencias bastante banales, entonces puede ocurrir que estemos ofreciendo una imagen de nosotros mismos que no se corresponde con la realidad, hasta tal punto que acabemos abandonando lo que realmente es nuestra identidad y abrazando una imagen imprecisa”, dijo Ramos Lozana durante una visita a LISTIN DIARIO.
¿Cómo complacer a uno y a otro, es decir, tanto al turista como a los locales, estos últimos celosos de lo que consideran su patrimonio cultural?
Sabemos que el turista quiere confort, seguridad, pero tampoco hay que considerar que el turista es necio, o que no distingue lo auténtico y lo que tiene calidad de lo que no lo tiene, cuando quizá incluso desde el punto de vista mercantil lo más interesante es profundizar en la identidad propia, en lo que diferencia a un mercado de otro cualquiera. Si le ofrecemos al turista algo que lo mismo puede estar en España que en Malasia no le estamos ofreciendo un producto de calidad”, considera Ramos Lozana.
En ese sentido, al arqueólogo oriundo de Granada le sorprende ver que en la zona de Gazcue se estén sustituyendo inmuebles antiguos (casas) de calidad por inmuebles nuevos de poca calidad, o que el eje peatonal de la Ciudad Colonial, la calle El Conde, esté repleta de franquicias de multinacionales extranjeras.
“Eso uno lo puede encontrar en cualquier parte y por supuesto fuera del casco histórico. Lo que satisface al turista es visualizar algo propiamente dominicano”, dice. Y hay más. “Tampoco es indicado que frente a la mismísima catedral, un monumento extraordinario del siglo XVI, haya un Hard Rock Café. Tampoco tengo nada en contra de Hard Rock Café, pero una de las dificultades para construir productos turísticos culturales de calidad es la planificación, claro, porque para intervenir toda una realidad como la que estoy describiendo hay que armonizar el planeamiento urbanístico, el eje turístico contra el eje territorial, y resulta bastante complejo”.
Esa complejidad implica coordinar programas interadministrativos entre todos los sectores que estratégicamente están vinculados al producto cultural en cuestión y venderlo siguiendo una orientación mercantil.
Se trata, admite, de buscar estrategias que ayuden a comercializar la cultura y, en ese caso, cualquier manual de marketing es de extraordinaria utilidad.
“Hay que hacer una segmentación de mercado y hacer marketing estratégico, analizar la competencia, qué tiene República Dominicana que no tiene Cuba o que no tenga Jamaica, sus competidores inmediatos porque tienen, digamos, una oferta similar”, explica.
Una vez diseñado un producto que puede incluir monumentos, museos, parques naturales o paquetes combinados, sugiere crear una estrategia que sirva para colocar esos productos en el mercado y publicitarlos.
“Hay que tener estrategias mercantiles claras. También hay que ser un poco oportunista en esta coyuntura, sabiendo que si el turismo cultural puede regenerar renta y empleo también puede ser una fuente de ingreso con que conservar su patrimonioÖ”, explica. ¿Cómo lograrlo?

Síndrome stendhal
La fatiga que produce visitar los museos se conoce como Síndrome de Stendhal. Según Ramos Lizana, se debe a que requiere cierta concentración mental y un mínimo de actitudes físicas para hacerlo. “Sí, en realidad son fatigosos, sobre todo cuando el museo intenta introducir información y comunicación con el público”, dice.
“Es general, es circunstancial a los museos. Desde luego, hay museos que son aburridísimos y museos que son entretenidísimos. Hacerlos interesantes se consigue con los estudios de comunicación: qué le interesa al público, cómo vamos a llegar al público y la forma como intentaremos llegar, de manera que en el museo puedan autoadministrarse la información disponible e implicar al visitante...”
El mayor reto que enfrentan los museos actualmente, entiende, es justamente avanzar en las tendencias de estos tiempos, en que se vive una cultural globalizada en la que el aspecto mercantil de los museos es cada vez más explotado”.

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PD: Manuel Ramos Lizana es arqueólogo licenciado en Geografía e Historia. Desde 1988 se dedica a la investigación, conservacidon y planificación de museos. Es miembro de la Comisión Académica del Máster de Museología de la universidad de Granada.

24/4/09

Por ti, mi amor (de Bebu Silvetti, por Alvaro Torres)

Por ti, mi amor,
conocí lo que es amar.
Por ti, mi amor,
he aprendido a perdonar.
Por ti, mi amor,
mi soledad huyó.
Mi vida se llenó de ti.
Por ti...
Por nuestro amor
otro mundo buscaré
que sea diferente
donde existas sólo tú

Te necesito sólo a ti.
Tu cuerpo es como un tibio nido
en cada anochecer.
Tu piel me tiene aprisionado
y has llegado a ser
mi otro ser.
Te necesito sólo a ti.
Tus brazos como enredadera
a mi alrededor
despiertan todos mis deseos
y este gran amor
que siento yo.

Por ti, mi amor,
conocí lo que es amar.
Por ti, mi amor,
he aprendido a perdonar.
Por ti, mi amor,
mi soledad huyó.
Mi vida se llenó de ti.
Por ti...
Por nuestro amor
otro mundo buscaré
que sea diferente
donde existas sólo tú.

Te necesito sólo a ti
Tu cuerpo es como un tibio nido
en cada anochecer.
Tu piel me tiene aprisionado
y has llegado a ser
mi otro ser.
Te necesito sólo a ti.
Tus brazos como enredadera
a mi alrededor
despiertan todos mis deseos
y este gran amor
que siento yo.

Te necesito sólo a ti.
Tu cuerpo es como tibio nido
en cada anochecer
que me tiene aprisionado
y has llegado a ser
mi otro ser.
Te necesito sólo a ti.
Tus brazos como enredadera
a mi alrededor
despiertan todos mis deseos
y este gran amor
que siento yo…


• Otra de las canciones más lindas del mundo
Escúchala aquí.

19/4/09

Despedida (Argénida Romero *)


No apresures la huida,
quédate,
sólo hasta el instante de las auroras.
Después vete.
Fingiré las luces del amanecer,
robaré flores al viento,
planearé el atardecer sin prisas.
Después moriré.

* La escritora dominicana nacida en Venezuela, Argénida Romero, puso en circulación esta mañana en la librería Thesaurus su primer poemario: Mudanzas.
Exitos, Argi, tu sensibilidad y buena pluma traspasarán fronteras, y tus palabras llenarán de olores el tacto inconfundible del papel. Foto: Reynaldo Brito

17/4/09

(...)

"El hombre que siempre sonríe es peligroso. O es un hipócrita o está loco".
(Lord Mondavarius, cibernauta)

3/3/09

Divagaciones... (Orlando Muñoz, dominicano)

—Mejor sería que nos fuéramos a dormir.
—Durmamos.
—¿Podría uno decidir con lo que quiere soñar?
—Hay gente que puede.
—Soñaré.
—Pero si no tienes fe, si te duermes con la boca abierta, podría ser una pesadilla.

Continuar...

22/1/09

Eso e' to' lo' día...

A Oscar, mi vecinito de siete años, lo llevaron a rastras hoy al colegio. Antes, entre lágrimas y berrinches decía:
-No quiero ir. Eso e' to' lo día, to' lo' día, to' lo' día...

PD: ¿Qué hará Oscar cuando tome conciencia de que le tocará vivir la misma pela durante los próximos 11 ó 12 años?